“Al conversar, surgían preguntas sencillas pero reveladoras”
NO ENTENDÍA LA
NEM… HASTA QUE ENTRÉ AL AULA CON OTROS OJOS
Reflexión
desde la práctica docente
Dra.
Virginia Macíaz Ayón
Después de una
asesoría virtual, el día martes 10 de febrero de 2026, me quedé conversando con
mis alumnas, también docentes. Lo que comenzó como una plática casual terminó
convirtiéndose en una reflexión profunda sobre nuestra práctica y sobre aquello
que durante meses habíamos intentado comprender: la Nueva Escuela Mexicana
(NEM).
Durante mucho
tiempo hablábamos de la NEM en clase. Leíamos documentos, analizábamos
principios, revisábamos campos formativos, los famosos PDA y los ejes
articuladores, el programa analítico y de mejora continua. Sin embargo, siendo
honestas, no terminábamos de entenderla. La escuchábamos en reuniones, en
planeaciones, en discursos oficiales, y aun así sentíamos que algo no encajaba.
No entendíamos la
NEM. Y la pregunta era inevitable: ¿por qué?
Porque la
mirábamos como teoría, como un requisito administrativo, no como una forma
distinta de enseñar.
Planeábamos como
siempre, evaluábamos como siempre y trabajábamos mucho, sí, pero desde la misma
lógica tradicional. Aplicábamos exámenes, proponíamos actividades sueltas y
realizábamos proyectos aislados. Sentíamos que cumplíamos, pero no
necesariamente que transformábamos el aprendizaje.
Todo cambió cuando
aplicamos un diagnóstico real a nuestro grupo.
Ahí fue cuando nos
cayó el veinte.
Descubrimos que la
necesidad más apremiante no era cubrir contenidos, sino fortalecer la
comprensión lectora. Nuestros estudiantes podían leer, pero no comprendían, no
interpretaban, no construían significado. Entonces entendimos que no se trataba
de seguir el programa al pie de la letra, sino de responder a lo que el
contexto verdaderamente necesitaba. Justo ahí la NEM comenzó a tener sentido.
A partir de ese
diagnóstico diseñamos nuestro proyecto de intervención pedagógica para la
tesis, organizada con la metodología Aprendizaje Basado en Problemas (ABP) con
nueve fases. Cada etapa exigía preparación: materiales listos, estrategias
claras, instrumentos pensados con intención. Ya no podíamos improvisar ni
llegar al aula solo con el libro o un examen preparado.
También cambió
nuestra forma de evaluar. Comprendimos que evaluar no era aplicar una prueba al
final, como solíamos hacerlo. Ahora la evaluación estaba presente en todo el
proceso: observaciones diarias, rúbricas, registros anecdóticos, evidencias
gráficas, productos, participación activa. Cada momento hablaba del
aprendizaje.
Al conversar,
surgían preguntas sencillas pero reveladoras.
¿Cómo le hacías antes? Con un examen.
¿Y ahora? Ahora voy preparada para cada clase.
Poco a poco vimos
cambios en los alumnos. Participaban más, preguntaban, proponían, construían
juntos, y lo más significativo estaban motivados, todos asistían a clases
diariamente. Cada fase del proyecto
generaba nuevos aprendizajes. No solo aprendieron ellos; nosotras también
aprendimos a mirar nuestra práctica con otros ojos. Entendimos que el
aprendizaje significativo no se impone, se diseña y se acompaña.
Entonces apareció
otra pregunta inevitable: ¿será necesario un programa especial para entender la
NEM?
La respuesta fue
clara. No.
Más que otro
documento, lo que se necesita es transformar la práctica docente. Cuando
cambias la manera de planear, de evaluar y de escuchar a tus alumnos, la NEM
deja de ser discurso y se convierte en acción.
Hoy podemos
decirlo con seguridad: no entendíamos la Nueva Escuela Mexicana porque no la
habíamos vivido. Tuvimos que intervenir, equivocarnos, ajustar, observar y
reflexionar. Diseñamos libros cartoneros, trabajamos en el patio, usamos el
SisAT, probamos estrategias nuevas, motivamos de otras formas. Solo así cobró
sentido.
Ahora sabemos que
la NEM sí abre posibilidades. Que no es una carga, sino una oportunidad. Que no
es un formato más, sino una invitación a enseñar con mayor conciencia,
pertinencia y humanidad.
Mientras avanzamos
hacia el cierre de nuestras tesis, nos queda una certeza: cuando la práctica se
transforma, el aprendizaje florece. Y entonces, por fin, la NEM deja de ser
algo que se estudia y se convierte en algo que se vive.

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