“14 de Febrero, Día del Amor y la Amistad"

"Estaba la música y las parejas bailando al son de las notas de la banda La orquesta Ibarra de Guasave, cuando de pronto alguien empezó a gritar ¡Ya vienen los novios!”     



  


 

LA BODA FAMOSA DEL PLAYÓN

 

Alfredo Zañudo Mariscal

 

Hace pocos años, mis escasas neuronas ya no recuerdan qué tantos, me encontraba un fin de semana practicando un momento de esparcimiento, con un detector de metales en la comunidad de la Providencia, municipio de Angostura. Ahí me tocó conocer la hacienda de la Providencia cuyo dueño fue el general Felipe Riveros y quien también fue gobernador de Sinaloa en un periodo muy corto de 1913 a 1914. En este lugar se sembraba caña y tomate y se creó una fábrica donde se procesaba la caña para extraer alcohol y hacer piloncillo.

Posteriormente me trasladé a el Playón, comunidad que se encuentra muy cerca. Es un rancho muy antiguo, con varias casas abandonadas y que, en su tiempo de bonanza fue un pueblo muy próspero. Precisamente, me llamó la atención una de esas casas solas, que tiene una banqueta muy alta, como de 50 centímetros. También escalones para subir y una puerta de metal muy amplia, colocada en el centro y con dos ventanas muy amplias en ambos lados. También, en la parte de arriba la herrería de la puerta tiene forma de arco, de acuerdo al tamaño del zaguán.  Otra cosa que me causó extrañeza es que, en el centro de ésta, en la parte más alta tiene grabada la fecha de 1929, año en que se construyó.

Le di vuelta a la casa para entrar por la parte de atrás, ya que no está cercada para iniciar con la prospección. Es un solar muy grande como los de la mayoría de las comunidades rurales. Observé que había cimientos de lo que fue una casa más antigua. Y entre estos encontré una monedita de 5 centavos que los buscadores de tesoros llaman Josefita, porque tienen grabada la imagen de doña Josefa Ortiz de Domínguez.

Esta casa me llamó la atención. De manera que decidí investigar un poco más sobre el origen de la familia que la habitó. Puesto manos a la obra encontré, en el Periódico La Voz del Norte, un texto titulado la boda más famosa del siglo XX en Angostura del Dr. Eligio López Portillo, del cual tomaré unos referentes para continuar con este escrito.

En lo que fue la casa antigua de este solar, vivieron don Indalecio Castro y su esposa llamada María, quienes, al primer hijo lo bautizaron con el nombre de Sidronio. Don Indalecio fue considerado uno de los hombres más ricos del pueblo, de manera que pesos de plata del 0720 y monedas de oro que llegara a su poder las guardaba y atesoraba como sus más preciados tesoros.

Sin embargo, murió sin poder disfrutar de riqueza. En ese tiempo su hijo Sidonio, de 17 años cortejaba a una joven llamada Amalia, cuya edad fluctuaba los 15 años, del rancho vecino de la Providencia. Doña María veía con buenos ojos esa relación por ser Sidronio el hijo primogénito. Además, que Amalia era considerada la joven más bella de la región. De manera que, cuando su hijo le comentó de esta relación, y que le ayudara para ir a pedir la mano de la novia, ella aceptó gustosa porque significaba seguir consolidando el apellido de la familia. De manera que, ya que hubo acuerdos con los padres de la novia para poner fecha para la boda ella empezó con los preparativos de la misma.

Lo primero que hizo, con la herencia que le dejó su difunto marido, fue mandar construir la casa de estilo colonial que les narré anteriormente y que fue la mejor diseñada de esa época. Consta de varias habitaciones a los costados del zaguán, la cual sirvió para albergar a las visitas que vendrían a la boda. Además, para adornar las paredes del zaguán, Doña María mandó pintar un mural. La gente del Playón, en ese tiempo que se pintó, seguido iba y venía a esta casa para admirar lo que el pintor traído de Guadalajara estaba haciendo.

Otro de los preparativos de la boda y en la cual Dona María también invirtió gran cantidad de dinero fue el contratar una gran orquesta de la región, cuyo nombre era La orquesta Ibarra de Guasave, dirigida por Lamberto Ibarra, que en esa época era considerada la mejor música del estado. Cuenta el Dr. Eligio que por primera vez no tocarían en esa boda las bandas consideradas tradicionales como Los Músicos de la Huerta, ni la Banda de San Benito quienes amenizaban de manera constante las fiestas que se hacían en el Playón. 

 

Para entonces la gente del Playón ya comentaba de manera constante de la boda que se avecinaba, pues se dice por ahí que en pueblo chico el mitote es grande. Conversaban de la famosa banda orqueta y de la nueva casa con el mural recién pintado. También, 3 días antes de la boda Doña María les volvió a dar otra sorpresa. Resulta que ese tiempo se acostumbraba que los habitantes del pueblo salieran de sus casas para topar a los novios quienes venían de la iglesia. Ella visitó casa por casa para solicitarles que no iban a salir a topar, situación que rompía con la vieja tradición de los pobladores y con un acto solemne que era muestra de reconocimiento por haber cumplido con todas las de la ley ante Dios.

      

Por fin llegó el día y la hora de tan esperado acontecimiento. Los músicos empezaron a instalarse en el zaguán de la casa. La gente del rancho, como no salió a recibir a los novios ya estaban presentes observando sus movimientos de cómo armaban sus instrumentos y se instalaban en el espacio preciso por donde pasarían los novios. 

 

Estaba la música y las parejas bailando al son de las notas de la banda La orquesta Ibarra de Guasave, cuando de pronto alguien empezó a gritar ¡ya vienen los novios!    

Entonces todos voltearon hacia el camino real y no podían dar crédito a lo que estaban mirando. Entre lo poco que dejaba entrever la polvareda que hacía algo que venía rodando por aquel viejo camino. Los novios venían en un automóvil color crema que el propio novio conducía.

 

Esta fue otra de las sorpresas que Doña María dio a la gente del Playón, quienes no la esperaban, porque en ese tiempo eran pocos los automóviles que existían en toda la región del Évora. Cuenta el Dr. Eligio que había dos en Mocorito, uno en Guamúchil y otro en Angostura, Por lo cual el que, ahora llegaba a El Playón, como regalo de bodas, era algo sumamente asombroso para con­tarlo.

Fue de esa manera como la comunidad del Playón fue recordada por mucho tiempo por sus habitantes, por haberse celebrado la boda más famosa del siglo XX en 1930, debido a que Doña María supo dar varias sorpresas en la organización de ésta. Y también supo como gastar el dinero que su difunto marido atesoró y que no tuvo oportunidad de disfrutar­lo, porque de hacerlo, afirmaba, dejaría de sen­tirse rico.

 

Comentarios

Estimado Maestro Alfredo, esta bonita estampa que nos regala me llevó a un relato que escribí y publiqué hace muchos año, titulado: Bailes, bodas y velorios.
En el abordaba esas fiestas que por las bodas se realizaban en mi rancho El Aguaje, Pericos, Mocorito. Eran un gran acontecimiento en una comunidad donde nada sucedía y el rancho entero entraba en efervescencia semanas antes de la boda, Llegaba gente de otras comunidades, había comida, chocolate, coricos, barbacoa y un baile con tambora
Y todo empezaba cuando a mediodía llegaban el carro con los novios que se habían ido a casar a la pequeña iglesia de Pericos, el grito era, como en su texto: ¡¡Ahí vienen los Novios!!!!
Saludos, su amigo, José Manuel Frías Sarmiento

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