14 de Febrero, Día del Amor y la Amistad
“En la carta ochocientos uno se encuentran las últimas letras que he decidido
regalarte, no puedo desear nada que no sean sólo cosas buenas”
CARTA 801
Para: Brenda
Edna Paola León Soto
Mi hermosa Brenda, ¿Qué puedo
decirte que antes no haya dicho? ¿Qué palabra de amor no te escrito antes que
ahora pueda repetir? ¿Qué palabra puedo utilizar ahora para que me des una
oportunidad? ¿Qué puede decir esta carta que las otras ochocientas no tengan?
Brenda, mi sueño más anhelado, mi amor
más puro, la luz de mi oscuridad, la luna de mis noches, Brenda, en tu nombre
hay tantos sinónimos de felicidad, de amor, de belleza. En tus ojos encuentro
la paz con la que el mundo no tendría más guerra, en tu piel está la luz que
iluminaría el cosmos, con tus cabellos, ¡Oh ese cabello!, ese brillo de tu
cabellera, podría amarrarme por siempre a tu existencia con cada uno de tus
cabellos. Tus dientes, son tan blancos, es como si tuvieras una luna por cada
uno de ellos, alegrarías a todos y cada uno de los judíos olvidados en el
holocausto, ellos sonreirían antes morir, eso solamente con sonreír, así de
grande es el poder de tu sonrisa. ¡Oh Brenda! Todo en ti es tan imperfectamente
perfecto.
Sin embargo, hoy Brenda, después de
esta acusación a mi persona, después de mis intentos (fallidos de más está
decirlo) por conseguir de ti al menos una sonrisa hacia mí, hacia este pobre soñador,
hoy decido dejar está batalla inconclusa. Hoy rindo mi tregua ante ti, dejo en
el suelo esta sed de ti, suelto ese sueño inalcanzable, haciendo de mi
adoración por ti algo platónico, dejo de ser tu fanático, dejo hoy de ser tu
“acosador”.
Son, con ésta, ochocientas una cartas,
ochocientas una noches, como dice Joaquín Sabina, “algunas veces busco un
adjetivo, inspirado y posesivo que te arañe el corazón”, al día de hoy, fallé,
busqué palabras, frases, poemas, canciones, flores, aromas, colores, algo que
tocara tu corazón, algo que pudiera ayudarme para que lograras verme como te
veo a ti; hoy, mi hermosa Brenda, renuncio al deseo de alcanzar por lo menos
una de esas dulces miradas que a tu abuela le regalas cada mañana al irte a la
universidad, o al gato de Consuelito tu vecina. No
merezco seguir así.
Brenda, es ésta la carta ochocientos
uno, es ésta la última carta, independiente a la decisión del juez, hoy Brenda,
en esta carta se encuentra mi limite, hoy en la carta ochocientos uno se
encuentran las últimas letras que he decidido regalarte, no puedo desear nada
que no sean sólo cosas buenas; seguiré trabajando conmigo mismo que, sin duda
alguna, es mi persona quien merece toda la atención ya que, de cierto modo, te
he regalado tantos años en vano.
Lamento haberte “acosado”, lamento más
aún que no pudieras corresponder a mi amor; pero, sin lugar a dudas, lo que más
lamento es que no habrá carta ochocientos dos.
Que tengas buena vida, mi dulce Brenda.
Con mucho amor y dignidad: Patrick.
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