“Que lean para
que, al menos, sean una compañía más agradable para quienes tengan el placer de
convivir con ellos”
LA IMPORTANCIA DE LEER
José Manuel Frías Sarmiento
Lizbeth Frías
El texto que ahora
leerán, es una entrevista que hace años, Miriam Lizbeth Frías Pérez, le hizo al
Maestro José Manuel Frías Sarmiento, cuando ella era una estudiante y se preocupaba por saber más acerca de la lectura y de la manera
de aproximar a los jóvenes estudiantes a la saludable, placentera y necesaria
costumbre de leer. Espero les agrade y les sea de utilidad.
1.- ¿Por qué es importante leer?
Leer es importante porque a través de la lectura de libros, revistas y periódicos nos asomamos y conocemos culturas diferentes manifestadas bajo distintas expresiones del pensamiento universal.
La lectura de textos de autores importantes nos permite saber de temas variados e interesantes. Al leer a esos autores aprendemos no sólo el conocimiento contenido en sus libros, sino también otras maneras de elaborar textos con elegancia, claridad, precisión y sencillez; pero, sobre todo, conocemos otros estilos literarios y otras maneras de escribir que se adapten a nuestras características como incipientes escritores.
Leer es una actividad de aprendizaje en muchos
sentidos; pero el más importante reside en la posibilidad de adquirir y
asimilar habilidades, técnicas y estrategias para dar a conocer lo que sentimos
y lo que pensamos acerca de los acontecimientos que nos perturban o nos
emocionan, en la casa, en la escuela o en la comunidad en la cual convivimos.
Por eso la lectura es una actividad que los jóvenes deben de realizar con
regularidad para que se les facilite comprender el mundo en el cual vivimos y
para que, además, puedan comunicarse mejor, al enriquecer su vocabulario y su
capacidad de expresión personal con su familia y sus propias amistades; les
servirá, incluso, para realizar mejor sus tareas y desempeñarse con éxito es
sus actividades como estudiantes y como futuros profesionistas.
2.- ¿Por qué cree que los jóvenes no leemos?
No es tanto que los jóvenes no lean, sino los tipos de textos que leen y las significaciones que a dichos textos les dan. De pronto surgió una fiebre entre los niños por leer a Harry Potter y, un poco antes, los jóvenes compraban y leían con entusiasmo los libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez; también leen novelitas rosas y revistas que les hablan de cantantes y actrices de telenovelas; y. algunas jovencitas leen revistas que abordan temas relacionados con las preocupaciones temporales con cierta etapa de la juventud. El problema es que son temas tratados con superficialidad y con cierto alejamiento de la realidad en la que esos chicos viven. Es decir, que lo leído no se corresponde con lo que ellos viven. Por otra parte, la lectura de Harry Potter fue una moda más que una lectura razonada y comentada, era un decir “yo también leí a Harry Potter”, más que buscar significaciones reales en los libros que hayan leído. Y los libros de Carlos Cuauhtémoc son, también, una moda superficial de abordar los problemas juveniles y las relaciones con sus padres, tienen una estructura que no es analítica en realidad, pero son libros que muchos profesores y adultos en general presumen de haber leído y los recomiendan. A los jóvenes les parecen atractivos porque no los obligan a pensar y nada más trascurre la lectura, sin conflictuar su manera de vivir y de enfrentar los problemas que les aquejan. Es una lectura ligth y como a los jóvenes les gusta todo lo ligth, es natural que les atraiga Carlos Cuauhtémoc Sánchez, así como les atraen las revistas de monitos en los que hay más figuras gráficas que texto escrito.
Sin embargo, creo que los jóvenes no leen libros de excelente calidad literaria que abordan temas humanos y sociales con profundidad, debido, además de la proliferación de tanto texto superficial colocados en lugares estratégicos, al desinterés fundamental que los adultos manifiestan por la lectura. Pareciera que a la mayoría no le importa leer y que, más bien, les parece una pérdida de tiempo hacerlo. Hay quienes dicen que les gusta leer y alaban, incluso, los beneficios de la lectura, pero no compran ni leen libros, ni los tienen en sus casas; lo más que encontramos en muchos hogares con recursos económicos son colecciones de enciclopedias, que nunca han sido abiertas ni leídas por quienes las compraron con el pretexto de proveer a sus hijos de materiales de lectura y de investigación adecuados para el desarrollo de sus tareas.
Entonces, si los padres no compran libros ni van a librerías ni a bibliotecas, ni solos y menos acompañados por sus hijos a buscar libros importantes para el desarrollo cultural de las personas, no podemos pensar en la influencia paterna o familiar que impulse a los jóvenes a leer dentro de su hogar. Y resulta que la educación se adquiere en la casa, en el seno familiar, y la escuela colabora con esa educación, apoyándolos con las habilidades y conocimientos que precisen y dirijan el comportamiento y las actitudes adecuadas para resolver, con éxito y prontitud, muchas de las situaciones problemáticas que la vida laboral y social nos presentará continuamente. Falta en las casas, la presencia del adulto lector que ejemplifique la importancia de la lectura y avive la curiosidad de los hijos por imitar a los padres y aprender, junto con ellos, de los libros que ambos lean.
Pero si eso sucede en los hogares, es más lamentable que lo mismo se presente en las escuelas, donde la mayoría de los profesores tampoco leen con regularidad y con atención los libros de la cultura general. Y tampoco, como los padres de sus alumnos, tienen en sus hogares libros de literatura universal. Menos leen libros diferentes a los textos escolares que utilizan para impartir sus clases, ¡vamos, muchos de los profesores ni siquiera han leído completos los libros que exigen a sus alumnos leer. Menos leen libros de autores como Octavio Paz, José Sarámago, Carlos Fuentes, Susana Tamaro. Horacio Quiroga, Pablo Neruda y Mario Vargas Llosa, por ejemplo. Ni siquiera leen a Sófocles, Esquilo, Moliere, La Fontaine, Esopo o Samaniego, que son autores clásicos y universales, cuyas lecturas aparecen en los libros de textos de las materias de Literatura y de Español.
Entonces, si los niños y jóvenes no tienen en la casa ni en la escuela quien los impulse a leer, ni quien les lea con pasión cuentos, novelas o poemas, parece natural que no sientan deseos de leer. Y si a eso aunamos que, en la casa, en la calle y en muchos establecimientos comerciales, encuentran muchos distractores como diversos programas de televisión, juegos electrónicos y maquinitas con programas violentos y enajenantes, disminuye considerablemente la posibilidad del tiempo que podrían, con una buena orientación, dedicarlo a la lectura.
3.- ¿Cuál es principal factor que impide el
desarrollo del hábito de la lectura?
En las investigaciones realizadas al respecto, destacan muchos factores que impiden que los jóvenes o personas en general, adquieran el hábito de la lectura; pero creo que el fundamental es la notable ausencia de adultos lectores que, con su ejemplo, propicien condiciones para que sus hijos se inclinen por la lectura constantes y comentada que es uno de los caminos básicos para despertar el gusto por leer.
Además, boicotea la incipiente vocación de leer en los jóvenes, la publicación de millones de revistas que no aportan nada al conocimiento y a la reflexión. Esas revistas y los programas de televisión superficiales que saturan los canales de televisión, son claros obstáculos para que los jóvenes dediquen tiempo y espacio para la lectura. Además de que vivimos en una sociedad que privilegia y pondera otras actividades y otras actitudes alejadas de los libros y del placer que nos proporciona leerlos.
Hay padres con preparación universitaria y otros que son exitosos empresarios que no leen un libro diferente a su profesión o a los negocios de su empresa. Padres que no leen ni cuando descansan o están de vacaciones; entonces, el mensaje es claro para sus hijos: leer no es importante para triunfar en la vida y ser reconocido en sociedad y en el difícil mundo laboral o empresarial. Porque son padres capaces de organizar instituciones complejas y acometer grandes y complicadas empresas con acierto y ganancias importantes; pero no saben, en cambio, cómo aconsejar a sus hijos en la elección de un libro adecuado para su desarrollo intelectual y espiritual. No son capaces de comentar los artículos de una revista interesante o de un programa de televisión, o en la selección de música que los haga crecer como personas y como seres en relación con los demás.
Por eso pienso que el principal factor que impide
que los jóvenes lean, es la indiferencia que advierten en sus padres con
respecto a la lectura de autores universales. Son padres que les proporcionan,
a muchos jóvenes, dinero y satisfactores materiales que les aturden el
entendimiento y los alejan de la lectura, con ello supongo se han de sentir
cómodos al pensar que les dan lo necesario. Cuando en realidad, los están
distanciando de la cultura necesaria para constituirse en personas que perciban
y razonen con claridad las complejidades del mundo en el que viven.
4.- ¿Qué se podría hacer para sortear los
obstáculos y fomentar el hábito de la lectura?
No se trata de satanizar o diatribar contra los
posibles obstáculos para fomentar el hábito de la lectura; se trata, más bien,
de reconocerlos y estar conscientes de ellos, para entenderlos y saber de qué
manera perjudican la capacidad para acercarnos más a los libros y a sentir el
gusto y el placer de aprender al leerlos. Se trata de que más adultos, padres o
profesores, empiecen a tomar a los libros como fuente de conocimiento y de
cultura general; que se acostumbren a tenerlos con ellos: en la mesa, en el
escritorio, en el baño o en la cabecera de su cama; que los carguen en su portafolio
para que se acostumbren de tal manera a ellos que los sientan parte de sí
mismos. Que la lectura los anime a ir a librerías y a bibliotecas, a crear su
propia biblioteca en casa y asistir a conferencias, exposiciones y eventos
culturales de todo tipo que los pongan en contacto con la lectura de textos
interesantes.
Los profesores pueden solicitar a sus alumnos que lean e investiguen en libros; pero que lo hagan de manera inteligente y no resumida y memorística como lo hacen para cumplir sólo con tareas que. luego, no son revisadas ni comentadas por sus profesores; que los inciten a leer para que aprendan y reconozcan a los libros como instrumentos del saber que nos prodigan sabiduría y conocimiento. Porque hay muchos jóvenes universitarios que concluyen sus carreras profesionales sin haber leído jamás un libro completo, y sin tener en su casa ni siquiera cinco libros relacionados con la carrera que acaban de terminar.
Ésos son los factores que, de manera más recurrente, impiden que los jóvenes se acerquen a los libros y desarrollen el hábito de la lectura: la ausencia de adultos lectores, tanto en la casa como en la escuela; además de que vivimos en una sociedad a la cual muchas cosas importantes le son indiferentes: vemos la guerra en otras naciones y no nos aterra, vemos los asesinatos de Sinaloa y no salimos a protestar, vemos la sequía en zonas serranas y seguimos desperdiciando el agua, vemos la corrupción de los gobernantes y seguimos votando por los partidos que los llevaron al poder, vemos la indiferencia entre padres e hijos, la indolencia ante las actividades comunes y la apatía por los estudios y no hacemos nada para remediarlas. En ese marco de indiferencia general, es casi natural que los jóvenes no se interesen por leer libros que los hagan entrar en conflicto cognitivo, al narrarles situaciones que les obliguen a pensar y a tomar decisiones en torno a lo que leen; más aún, cuando la lectura les parece difícil por no saber ni siquiera leer en el sentido literal de la palabra. O por no entender muchas palabras desconocidas para ellos, pero de uso común en los libros y revistas escritas por intelectuales y escritores que retoman los problemas y los temas de interés para la sociedad.
Y esos obstáculos se vencen con las puras ganas de
sentarse a leer para dar esparcimiento al espíritu, para fortalecer el
conocimiento o para, al menos ser más interesantes en las reuniones que
sostenemos con amigos y familiares; para tener temas de los cuales hablar, pues.
5,- ¿Qué fue lo que más le ayudó a usted para
vencer los obstáculos que le impedían leer?
En realidad, yo no recuerdo haber tenido serios obstáculos para leer. Los obstáculos más fuertes serían la carencia de libros y la ausencia de librerías y bibliotecas en mi comunidad, pues yo vivía en un rancho cuando empecé a leer. Sin embargo, allá mismo leí los primeros libros que me prestó un señor al que, por afecto, le decíamos Don Pablito; pero, antes y después de él, estuvo la influencia de mi padre José Frías Barraza, quien todas las semanas venía a Culiacán a surtir la tienda de abarrotes que teníamos en El Aguaje y, a la vez, compraba, el sábado y el lunes, los periódicos y, cada mes, tres revistas con temas de interés general, como Selecciones, Life en Español y Contenido. También compraba compendios mundiales y libros de cultura universal que a él le parecían interesantes. En esos libros y en esos periódicos y revistas empecé a encontrarle sentido a la lectura; pues en ellos me asomaba a los acontecimientos del mundo y a las maravillas de la naturaleza, a la complejidad de las relaciones humanas y a los conflictos que por el mundo hacían pelear a unas naciones contra otras. También, mi padre escuchaba las noticias todas las noches en un pequeño radio portátil Hitachi, además de programas musicales y los informes de gobierno de los presidentes de México. Esa influencia y la ausencia de televisores, maquinitas o juegos de Play Station o Super Nintendo me dieron la pauta para habituarme a leer desde pequeño; después, cuando vine a Culiacán, ya tenía la costumbre de leer y empecé a comprar y a pedir libros prestados para leer autores rusos, ingleses, españoles, latinoamericanos, etcétera.
Pero
todos podemos leer, aunque no tengamos dinero para comprar libros o estemos
alejados de las ciudades en las que se venden libros y revistas especializadas
o de interés general; en todas las casas hay libros de textos escolares, en los
que han incorporado cuentos, poemas, fragmentos de narraciones largas, leyendas
y canciones que nos hablan de la vida, de las personas y de la cultura de
diferentes países y comunidades diversas. Tendríamos que hacer un espacio en
nuestras actividades para empezar a leer, aunque fueran esos libros que en la
escuela no nos enseñan a conocerlos en verdad y a extraerles la sabiduría que
en ellos se condensa, bajo el pensamiento de autores reconocidos a nivel
mundial.
6.- ¿Qué
libros recomienda leer a los jóvenes de secundaria y de preparatoria?
No hay
libros específicos para que los jóvenes empiecen a leer. Hay lecturas más
complejas y extensas que otras y también hay jóvenes dispuestos a leerlas,
aunque sean narraciones largas. Aquí lo que importa es la disposición de cada
joven y en relación con esa disposición es como se puede sugerir una u otra
lectura. Pues a varios les pueden gustar novelas de aventuras como Robinson
Crusoe, Veinte mil leguas de viaje submarino o pueden gustarle poemas como Veinte
poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda, o los cuentos de
Horacio Quiroga. También pueden interesarle novelas históricas como El Rey
Viejo, La ruta de Hernán Cortés, que son libros que cuentan la historia
nacional como relatos novelados.
Sin
embargo, lo ideal sería que leyeran completas las narraciones que vienen en sus
libros de español, y que de ahí tomaran referencias bibliográficas para
pedirles a sus padres que les ayuden a armar una biblioteca personal con
literatura variada. Esos libros de primaria y secundaria serían los referentes
inmediatos para encontrar los títulos y los autores idóneos para el desarrollo
cultural de los jóvenes, pues la selección de las lecturas que esos textos
contienen fue hecha en atención a las características y a las inquietudes de
los niños y adolescentes mexicanos, en relación con el saber universal.
Pero, con
las reservas pertinentes, algunos títulos que puedo sugerir serían: Platero
y yo de Juan Ramón Jiménez, El principito de Antoine de Saint
Exupéry, los cuentos de Oscar Wilde, las novelas de Julio Verne; y otros más
actuales como Donde el corazón te lleve de Susana Tamaro, El
caballero de la armadura oxidada de Robert Fisher, Quien se ha llevado
mi queso de Spencer Johnson La paradoja de James Hunter, Ética
para Amador y Las preguntas de la vida de Fernando Savater, Compro,
luego existo de Guadalupe Loaeza, Ensayo sobre la ceguera y El
evangelio según Jesucristo de José Saramago, El vendedor más grande del
mundo y El milagro más grande del mundo de Og Mandino, El perfume
de Patrick Süskind, El, príncipe cangrejo de Italo Calvino, La
princesa que creía en los cuentos de hadas de Marcia Grad, Atrapados en
la escuela, Días de pinta, Atrapadas en
la escuela, tres pequeños de libros de cuentos de varios
autores actuales, Cuentos para pensar de Jorge Bucay, El hombre más
rico de Babilonia de George S. Clason, El búho que no sabía ulular de
Robert Fisher y Beth Kelly, y Leo, luego escribo de Mónica Lavín
y otros libros de cuentos de ella; los que si nunca recomendaría son los
libros de Carlos Cuauhtémoc, son libros que los jóvenes pueden leer y, con
seguridad, les serán más atractivos que los otros pero no los recomendaré
jamás.
7.- ¿Cuánto tiempo recomienda
usted como el necesario para leer y lograr una buena comprensión lectora?
La comprensión lectora no es algo que se adquiera con tantos o cuantos minutos u horas de lectura diaria o semanal. Cada lectura nos debería de llevar a una reflexión y, a través de esa reflexión, conocer más de la vida y de las relaciones humanas. Luego, esa lectura nos empujará a leer otros libros y a buscar respuestas en otros textos, lo que nos llevará a nuevas reflexiones personales. De tal manera que puede alguien leer muchos libros intrascendentes que no le provoquen ninguna reflexión y seguir con un nivel de compresión lectora por debajo de otra persona que lea menos libros, pero con mayor nivel cultural y mejor estructura literaria.
Entre más leemos más comprendemos y, a la vez, nos damos cuenta que nos falta más por aprender. Se convierte en un motor continuo: leer, comprender y leer, para comprender mejor, se libera la curiosidad y el gusto por seguir leyendo. Ésa es la cuestión central para adquirir el hábito de la lectura: comprender el libro que leemos y propiciar con nuestros comentarios que quienes nos escuchen accedan a la lectura de él. Pero eso requiere de constancia y perseverancia pues nos toparemos con libros que nos cansarán, otros que no nos gustarán y otros que, de plano, no los entenderemos; pero tenemos que seguir leyendo hasta que encontremos los autores y los títulos que nos despierten el deseo de leer uno y otro libro.
8.- ¿Qué beneficios podemos
obtener al desarrollar una comprensión lectora?
Los beneficios de leer y comprender lo que leen para los jóvenes, son diversos; pues serán personas más informadas y con mayores argumentos para persuadir a otros en sus afirmaciones; podrán argumentar con mayor claridad y abundancia de datos; serán personas más interesantes para quienes los escuchen y tendrán mayores oportunidades de ascender en sus trabajos o en los círculos en que se desenvuelvan, pues a todos nos agrada la gente que piensa y sabe de lo que habla.
Pero el beneficio inmediato, es que entenderán mejor las lecturas de sus libros de geografía, de español, de historia, de biología y de cualquier otro, en los que tengan que leer e investigar para realizar sus tareas o aprender para sus exámenes escolares. Si comprenden lo que leen, aprenderán más rápido y con menor grado de dificultad lo que sus profesores les explican en las aulas. Podrán, también, aprender a estructurar sus escritos con mayor facilidad, pues además de conocimientos variados, en los libros encontrarán un amplio vocabulario y diversas maneras de elaborar escritos amplios, inteligentes y explicativos.
Pero, sobre todo, estarán en mejores posibilidades
de ayudar a sus hermanos y a sus futuros hijos a desarrollar el hábito de leer
y de aconsejarlos en la selección y comprensión de libros necesarios para su
desarrollo personal.
9.- ¿De qué manera piensa usted que nos perjudique
el internet?
La internet no es perjudicial por sí misma. La red
es un instrumento como cualquier otro, cuyo beneficio o perjuicio depende del
uso adecuado o inadecuado que de él hagamos. Lo más grave parece ser la
adicción que acarrea en los jóvenes que se pegan al monitor por horas y horas,
y se olvidan de sus tareas escolares y de sus responsabilidades como
integrantes de una familia. Porque si estuvieran horas y horas investigando y
leyendo textos interesantes, la internet sería un recurso maravilloso en la
educación de los jóvenes; pero la mayor parte del tiempo la utilizan para
chatear, bajar música o entrar a sitios cargados de violencia, superficialidad
o pornografía, lo cual por supuesto que no les reporta grandes beneficios
culturales, académicos o sociales y familiares.
Es así que la internet tiene sitios atractivos e
interesantes para el desarrollo intelectual, pero también tiene sitios
igualmente atractivos y nefastos para el desarrollo cognitivo y emocional de
los niños y jóvenes que entran a tales sitios.
Ahí resalta, de nuevo, la ausencia de los adultos.
Pues si éstos en verdad se preocuparan por el crecimiento y desarrollo de sus
hijos, estarían pendientes de los que ellos miran en la computadora y en el
celular, y sopesarían el impacto que tiene en su conducta, comportamiento y
actitudes personales. Si estuvieran pendientes de ellos, podrían orientarlos
por el rumbo adecuado y sugerirían un mejor uso de la tecnología a la cual
tienen acceso sus hijos.
10.- ¿Qué opina sobre los sitios
culturales de internet en los que los jóvenes podemos leer temas de interés?
La internet tiene un potencial enorme y desperdiciado por la mayoría de los jóvenes que navegan en la red, sin buscar los sitios de interés para su desarrollo como personas o como estudiantes de secundaria o preparatoria. En la internet, los jóvenes encontrarán diversa y variada información sobre casi todos los temas que les interese. El problema reside en que, si el mundo les es indiferente, no se preocuparán por informarse de cuáles situaciones se dan en otras naciones o cuáles se dieron en otras épocas. Si los profesores y los padres los orientan y les piden trabajos de investigación interesantes y bien elaborados, la red puede ser de gran ayuda para el cumplimiento de las tareas encomendadas a los jóvenes.
11.- ¿Qué mensaje nos da a los jóvenes en torno a
la lectura?
El único mensaje posible es que lean. Que lean
donde puedan hacerlo y con los textos que tengan a su alcance. Que lean para
que entiendan los mensajes impresos en los libros que nos hablan de la vida y
del conocimiento de esa vida. Que lean porque la lectura es una herramienta
necesaria en los trabajos de investigación, en las actividades recreativas del
espíritu y en el esparcimiento de la mente por los diferentes estados de ánimo
y las diversas situaciones narradas en novelas, cuentos y poemas. Que lean para
disipar sus preocupaciones y para enriquecer su cultura. Que lean para que
realicen mejor sus trabajos escolares o para que, al menos, sean una compañía
más agradable para quienes tengan el placer de convivir con ellos en las
reuniones a las que asistan. Pero que lean siempre y en todas partes.


Comentarios
Saludos, ojalá y les distraiga un poco de la empinada cuesta que nos agobia
Su amigo, José Manuel Frías Sarmiento
Tanto las preguntas como las respuestas son interesantes y en poco tiempo se aclaran ciertas situaciones sobre qué tipos de textos leer, sobre el impacto de la Internet, el porqué no se lee, y otras preguntas importantes.
En el Blog no me había tocado leerte una entrevista y me ahora que me tocó me pareció excelente!!!
Un saludo grande para toda la comunidad lectora!!!
Anímense a dejar un comentario!!!
Saludos, José Manuel Frías Sarmiento