“Para mí es una charla profunda en la que, además de enseñar conocimientos, hace cuestionamientos que permiten reflexionar dónde estamos hoy, dónde estaremos el día de mañana”





¿CÓMO ES UNA CLASE CON EL MAESTRO FRÍAS?

 

Itzel Guadalupe Sicairos López

 

Muchos se han de preguntar cómo es una clase con el maestro José Manuel Frías Sarmiento, Recuerdo como hace un año me sentaba a un lado del mural que destaca en la universidad, sí, ese pintado por el maestro Lamberto Vizcarra Cárdenas. Llegaba temprano y me sentaba a un lado del mural a esperar que fuera hora para entrar al salón, él salía de la biblioteca dirigiéndose a impartir una clase más al grupo de Brianna, cuando pasaba y me miraba allí sentada se detenía, me extendía la mano y mientras me saludaba me preguntaba ¿cuándo te daré clase?... Maestro, tome un vaso de whisky y siéntese bien porque considero que en este momento ya logré tener su atención.

Un año después de esa pregunta, fue nuestro Maestro de “Estrategias de Comunicación en los Procesos Socioeducativos”. Me aterroricé por completo cuando llegó al aula con su café bien cargado en mano y se presentó como nuestro maestro, inmediatamente recordé esa pregunta que me había hecho, pero lo que más me retumbó en la cabeza fue que yo misma sabía lo complicado que sería aprobar con él, por los comentarios y murmullos que otros hacen por los pasillos de la universidad, sobre lo complicado que es pasar su materia, cual sea que imparta. En ese momento supe que mi promedio estaba en juego, pues dependía de mí y de mi desempeño en el aula para obtener una buena calificación. Hoy domingo, me encuentro sentada redactando este documento que probablemente defina mi calificación.

Una clase con el Maestro Frías muchos la pueden imaginar cómo aburrida, larga, difícil o donde los estudiantes se la pasan redactando una y otra vez para su Blog, pero en realidad me gustaría comentar que mi experiencia no fue así, aunque les cueste trabajo creerlo; claro que el Maestro nunca perdió la oportunidad para invitarnos a escribir porque él desea encontrar a alguien con ese talento y amor por la escritura. Nunca había tenido la oportunidad de verlo frente a un reto, no confirmo que para él lo haya sido, pero mi grupo nunca cedió a esta tarea, por más que nos animaba y nos habla de lo bello que es escribir, aunque debo reconocer que nunca se rindió y lo intentaba día tras día que cruzaba esa puerta del aula 5; al final lo logró, pero sólo fue una compañera quien aceptó escribir, ella es Hannia. Y aquí es donde confirmo el dicho que el que persevera alcanza.

Cada una de sus clases es interesante y poco a poco fui perdiendo ese miedo porque me preguntara algo y no tuviera la respuesta. Mis días favoritos de la semana eran los jueves, no porque fuera el último día de clases para nosotros en la semana, sino porque era jueves de retroalimentación de la clase de Estrategias de comunicación, sí usábamos el libro, leíamos lecturas, pasábamos a presentar uno tras otro tema los días martes. En clase él era quien más hablaba y en ocasiones llegaba a desesperarse porque nosotros como receptores de sus mensajes no le enviáramos una respuesta para poder seguir esa comunicación, porque parecía que todo el tiempo había un ruido que alteraba el mensaje ocasionando que nunca pudiéramos decodificarlo.

Pero bueno, por qué los jueves eran más de mi agrado, la respuesta es porque era el día en que sin darnos cuenta y por medio de una charla común nos hacía comprender los temas vistos en una clase anterior, en este momento el Maestro se estará preguntando cuál, uno exacto, cuando nos hablaba de los diferentes tipos de lenguaje (verbal y no verbal), la mirada, los gestos y los movimientos también transmiten un mensaje aunque no sea de forma oral, entonces cómo comprendí este tema, cada vez que llegábamos a clases él, uno a uno, nos daba la mano y nos saludaba mirándonos fijamente a los ojos; con el paso de las semanas comprendí que no era sólo por hacerlo, sino que el saludo es una señal de respeto al otro, y no es por estrechar las manos sino porque la postura, la mirada y la expresión facial que se hace durante el saludo representan tu actitud hacía la persona e influye en cómo la otra persona recibe el saludo, porque aunque en ocasiones queramos parecer gentiles al momento de saludar,  nuestra gestualidad dice todo lo contrario y la otra persona lo llega a percibir.

Con esto trato de decir que las clases van más allá de transmitir conocimientos porque dejan una gran reflexión sobre lo que sabemos o no, es evidente que las tecnologías poco a poco se apoderan más de la humanidad y nos hacen inútiles en la vida diaria, y no sólo eso, sino también en el aspecto académico y en nuestro lenguaje cotidiano. Muchos de los que han tenido la oportunidad de compartir una clase con el Maestro Frías pueden recordar como marcaba esa esquina del pizarrón con el marcador, reflejando que esa esquinita somos nosotros y el resto del pizarrón es todo lo desconocido que no hemos descubierto porque seguimos permaneciendo en esa esquinita y no salimos de allí. Esa plática cada vez me dejaba reflexionando durante un largo tiempo.

Como jóvenes nos cuesta salir de lo rutinario, de lo que observamos no nos preocupa saber el por qué o cómo sucedió y dejamos ir una gran riqueza de historia, cultura e incluso mensajes. La falta de lectura es la causa de que nuestro lenguaje sea tan limitado y muchas palabras nos resulten rimbombantes, aunque para otros sean tan simples. Estos temas que fueron abordados en clase me hacen pensar en la gran cantidad de conocimiento que he dejado ir cuando visito algunos lugares, porque mi interés es mayor por tomar una foto y postearla, así como lo ha sido mi falta de interés por la lectura.

Esta idea me lleva a lo desacostumbrados que estamos los jóvenes a pensar por nosotros mismos y estamos acostumbrados a pedirle todo a Google para obtener una respuesta inmediata sin algún esfuerzo, pero en la clase del Maestro Frías ésa no es una opción, hoy comprendo el por qué era tanta su insistencia cuando nos hacía una pregunta y no se conformaba con nuestra primera respuesta, era porque quería que nuestro cerebro se esforzara aunque fuera un poco y pensáramos más allá de la primera respuesta que nos daba, pero nos costaba tanto trabajo hacerlo que terminábamos rindiéndonos y él se reía.

Todo lo anterior puede que haya o no respondido a la pregunta inicial de este texto “Cómo es una clase con el Maestro Frías”. Para algunos puede ser una tortura, un desafío o un miedo. Para mí es una charla profunda en la que, además de enseñar conocimientos, hace cuestionamientos que permiten reflexionar dónde estamos hoy, dónde estaremos el día de mañana e, incluso, si te gustaría ser la clase de maestro o maestra que tu hijo (a) tendrá. Pueden ser cuestionamientos duros que invitan a pensar, aunque sean 15 min. Es así como yo describo la clase de él, puede que sus comentarios al finalizar una exposición o leer un texto te sacudan y te hagan desenfocarte del tiempo y espacio en que te encuentras, pero si lo vez desde otra perspectiva, son cometarios que permiten ver que puedes mejorar, tomando la crítica como una oportunidad para ser mejor.

Muchas veces me llegué a perder en las charlas cuando me distraía por un momento o por estar platicando, su llamado de atención: “Pongan atención a su compañera (o) porque está explicando algo”. Esas palabras me hacían aterrizar rápidamente, porque yo estaba cometiendo una falta de respeto a alguien, aprendiendo que si me gustaría que me escuchen cuando es mi momento de hablar, debo de respetar la participación de todos cuando es su turno; aunque es algo sencillo es una acción que ocurre día a día cuando algo no nos importa o simplemente no nos llama la atención, pero ante eso está el respeto. Eso ocurre en sus clases, aunque tu opinión o respuesta no sea tan enriquecedora como él espera, te escucha con respeto.

Admito que escribir esto ha sido un gran reto y aunque me tomó 3 horas hacerlo a Usted le tomará 5 min leerlo, pero descubrí lo complicado que es para mí porque nunca antes lo había hecho. Por lo tanto, seguí su consejo, me senté, prendí la computadora, abrí un Word y me preparé mentalmente de que no me pararía de aquí hasta terminar el escrito. En la actualidad, algunos estudiantes no estamos acostumbrados a preparar nuestro cuerpo y mente para pasar determinado tiempo sentados frente a una computadora, para leer 50 hojas o más y escribir un archivo sin pausas.

Ahora más que nunca admiro la gran habilidad que Usted y otros compañeros tienen por hacerlo en menos tiempo y hacerlo verlo como algo sencillo. Espero y mi escrito argumente bien la calificación final que me gustaría tener en esta materia, pero sé que la decisión final no está en mis manos; sin importar cuál sea la calificación, me agradaría que fuera nuestro Maestro de nuevo en nuestro último semestre. Ah, y debo reconocer su victoria, logró que el grupo, incluyéndome, escribiéramos algunos textos, aunque no sean algo merecedor de ser publicados, podrá analizar y conocer nuestras habilidades de redacción; en lo personal, espero superar las expectativas que Usted tenía porque yo superé las mías.


Comentarios

María Porcella dijo…
Itzel, pues que bien escrito el tuyo. Más que hablar de Frías habla de tu propio crecimiento al interactuar con un maestro persistente, capaz y con objetivos claros. Finalmente tú demuestras que eso te llevo a reflexionar, escribir y compartir esos nuevos saberes. Un maestro se siente reconfortado con una retroalimentación como la que tú haces, puntual en crítica y en la riqueza que se puede ganar al atrevernos a aprender. Cuando ustedes hablan o escriben de la clase o del maestro, en realidad están compartiendo sus propias capacidades, potencial y necesidades con que perciben y enfrentan el mundo. Saludos cordiales y ojalá te tengamos de nuevo en este Blog.

Entradas más populares de este blog