"Ronaldo al narrar y entre tejer tantas charras e historias, va develando y traduciendo esas diferentes capas de significación de su pueblo natal"
¡Y si me jalan… me rajo![1]
Dr
Luis Enrique Alcántar Valenzuela[2]
14.05.2026
Antes de comenzar el abordaje del libro aludido, del maestro, poeta y amigo Ronaldo Leal Leal, quiero hacer una pequeña advertencia de comprensión, en este contexto comunicativo.
Esta advertencia es sobre, cómo
nuestras historias personales se colisionan, se integran y se comparten; en
alusión a sus significados, en el maravilloso transcurrir de nuestras vidas
particulares. De este proceso de cómo se van constituyendo las historias de los
seres particulares, tal vez el ser particular nunca tome conciencia de ello.
Solamente lo puedes hacer con un ejercicio de distanciamiento/abstracción de mi
presente y del tiempo pasado. Pocos lo logran. Ronaldo lo ha hecho muy bien.
Según el Rony, en su libro,
interpreto que, en nuestro terruño, en nuestra matria de origen, se viven
choques o colisiones de significados, intercambios de pedazos/elementos
culturales e identitarios; que si uno los analiza con calma le posibilitan
clarificar el por qué somos tan parecidos. O bien expresar “por qué en el Amole
son como son”.
Aunque nos creamos, según nosotros
muy diferentes a los miembros de la tribu de la otra banda del río. No importa
que como seres humanos sigamos tercos en querer diferenciarnos y distanciarnos,
con sendas cirugías estéticas, blanqueamientos de piel, de dientes y lo que se
pueda, perdernos con el consumo exagerado de modas; del supuesto buen vestir,
del porte, de la clase y no se hable, o no se diga del uso de las palabras
domingueras.
Esas palabras domingueras, con las
cuales, más que clarificar oscurecemos nuestro discurso cuando nos dirigimos a
los del pueblo, a esa raza de a pie, que, según muchos y muchas seguidoras del
clasicismo lingüístico, hablan muy mal, no se expresan bien o se expresan en un
lenguaje muy vulgar.
Por eso es muy importante esta pieza
narrativa que hoy les presenta a ustedes el amigo Rony.
Es valioso el texto, porque se
muestra con orgullo los elementos centrales de la identidad colectiva y
personal de los habitantes de El Amole y Cubiri del Amole, pobladores criados
bajo el clima de la costa caliente de Guasave Sinaloa.
Antes los pedazos de narrativa que
presenta el autor, si uno indaga con sistematicidad, con cierta profundidad en
las narraciones y luego pasa hacer las comparaciones con otras narrativas de
Sinaloa. Por ejemplo, las referidas a las colonias y pueblos de Ahome de los
años 70 y 80 del siglo pasado, de Angostura y sus campos pesqueros, de
Mocorito, con sus serranía y ranchos famosos, de Escuinapa y los Güilos
mentiras, así como de sus fieles seguidores, de Badiraguato y sus historias de
convivencia con el peor apotegma endilgado para la fama global de Sinaloa. De
Mazatlán con sus historias rodeadas de mariscos, bandas musicales y de playas.
De Navolato también con sus ranchos agrícolas y ranchos costeros. Cuando uno
hace este ejercicio, uno se sorprende del nivel de proximidad antropológica
entre estos habitantes sinaloenses. Somos pues muy parecidos, estamos
constituidos por hablas cotidianas muy cercanas. Fuimos formados por un dejo de
carencias materiales, que, más que inmovilizarnos, fueron gasolina motivadora
para superar esas realidades socioculturales de las cuales platica Ronaldo en
su libro.
“¡Y si me jalan…me rajo!”, de apenas 77 páginas corriditas, sin capítulos y divisiones artificiales, está escrito en atención a varias capas de significación, las cuales el Rony las va mostrando muy a su estilo. El texto que hoy nos reúne presenta en trazos generales, como lo dice el mismo autor: un homenaje y reconocimiento a la grandeza de todos sus pobladores tanto de El Amole como de Cubiri del Amole.
En el entretejido de sus piezas
orales, advierte cómo es esa cultura, de qué forma se va amalgamando y
definiéndose en el habla peculiar, en su tono típico de decirlo, en sus típicos
formatos peculiares de compartirlo a los demás, en el uso de los mismos
artefactos para preparar sus alimentos, en su flora y fauna con la cual
convivían y de la cual vivían.
La cultura de El Amole, solo se
entiende yendo al corazón del habla cotidiana, reconstruyendo las
conversaciones famosas que edificaron orgullosamente dichos compartidos, a la
captación de las miradas de sus pobladores autóctonos, cuando un suceso rompía
con la aparente y salubre vida cotidiana.
Los demás, los forasteros como
nosotros, necesitamos la traducción de sus principales expresiones. O bien como
un forastero, que quiere estudiar ese grupo cultural necesita que alguien le
vaya traduciendo los signos semióticos que esa cultura se juega cotidianamente.
Sintéticamente puedo expresar, que,
desde el análisis hecho, derivé 6 signos semióticos. Desde luego, hay más
signos semióticos en el libro de referencia; pero desde mi óptica son los más
llamativos. Signos semióticos que a manera de red de significados se entretejen
con otros hilos semióticos, que finalmente van conformando la urdimbre del
texto que es el Amole. Aquí los enuncio:
1.
La flor de verga.
2.
La caseta.
3.
Foto novelas/comics.
4.
Los apodos.
5.
La chanateada.
6. Las onas y los ones (por
las Chabelonas y Josesones)
Ronaldo al narrar y entre tejer
tantas charras e historias, va develando y traduciendo esas diferentes capas de
significación de su pueblo natal.
Finalmente, hay que reconocer varias
cosas en el texto:
● Número uno, atreverse a escribir.
Él se arroja a desnudarse ante los ojos inquisidores de los demás, porque como
ya se ha señalado en otros textos, el que escribe se desnuda ante los ojos, la
mirada, la observación y la crítica de los demás. Ronaldo es un atrevido
gustoso en su escritura.
● Número dos, hay que reconocerle su
poder poetizador. Este proceso estético es uno de los que más me impactó y
gustó del libro. Esta gran astucia lingüística de cómo poetiza muchas de sus
historias, otorgan otro matiz a lo narrado. Ese es uno de sus principales aportes.
Recupero un trozo de su texto con esas características: “…Mi pueblo a pesar
de sus dormilones atardeceres, cuajados de pájaros negros que buscan macapules
para acurrucarse en las cálidas noches de abril, despiden las tardes
acompasados de cánticos inundando el pueblo de su melancolía. Ahí las noches
son una mezcla de cobre, feromonas de milpas frescas, caricias de sauces que
lloran al paso del río, fantasmas de niebla de un mar que grita, estrellas en
éxtasis que forman quimeras. La noche Celestina acusada de amores infieles que
doblan el trigo en ganas desnudas, las ranas en su sinfonía arrullan al niño
que plácidamente acurruca sus miedos entre los abrazos de una voz melosa de
nombre mamá. Llega la mañana, los gallos en coro abren el desfile de damas de la
escoba, los patios ansiosos las besan entre azares de mango y pétalo de flor,
ahí entre los cercos va la Güera Armida, danza con los peces, concluye el
ritual en blancas espumas y baila con la escoba como cuando el día de los
santos bailaba La Mula Bronca con el Güero Rubén... (17-18)
●
Número tres, les recuerdo que el amigo Ronaldo, antes que narrador, antes que
maestro/educador, es un grandioso poeta. En este texto y en otros más de su
autoría queda plenamente demostrado.
[1] El título del libro de
Ronaldo Leal Leal, en el lenguaje de una de las canciones de Joaquín Sabina,
sería equivalente a: “Lo niego todo” (2017), que en uno de sus versos
dice “Lo niego todo, aquellos polvos y estos lodos, lo niego todo, incluso la
verdad…si me cuentas mi vida lo niego todo”. Esto lo decía Sabina, el poeta
cantante de Úbeda, Jaén, España.
[2] Este texto fue
preparado especialmente para leerse en la presentación pública del libro:
¡Y si me jalan…me rajo! (2025), en el Centro de Sinaloa de las Artes
Centenario.

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