Maratón por la Lectura: Paz, Cultura y Futbol
“Y por primera vez en mucho tiempo, aquella calle llena de personas... empezó a sentirse como una comunidad”
EL
BALÓN QUE NUNCA DEJÓ DE RODAR
Alejandra
Montoya Corrales
Algunos hemos escuchado cuentos que hablan de lámparas
mágicas, estrellas fugaces, incluso de portales mágicos, pero ¿has escuchado
alguna vez uno que hable de un balón mágico?
Si un balón mágico, el cual sabe cómo llego a las calles, no
tenía marca, mucho menos un dueño, un simple balón blanco que, a primera vista,
no tiene nada fuera de lo común
Era un poco viejo, bueno muy viejo.
Estaba muy raspado y ya se miraba desgastado, pero lo más
raro es que nunca se ponchaba, aun que cayera en charcos, al día siguiente ya
estaba limpio y aun que rodeaba kilómetros enteros bajo el sol caliente de
Culiacán, parecía cansarse menos que la gente
Se escuchaban demasiados rumores de como llego ese balón a
las calles, algunos decían que apareció después de una tormenta, otros juraban
que cayo de una camioneta en movimiento, e incluso una señora del puesto de
frutas del centro aseguraba que lo vio bajar lentamente del cielo una
madrugada, como si la luna lo hubiera dejado olvidado
Pero la verdad...es que nadie sabía el origen
Solo estaba ahí rodando...siempre rodando por las calles de
Culiacán
Pero no, eso no es lo que lo hace mágico
Pasaba entre banquetas rotas, perros dormidos, puestos de
tacos, niños corriendo detrás del carrito de las nieves y señores gritándole a
la televisión de un abarrote
Lo más extraño de este balón, es que cada vez que alguien
intentaba quedárselo...desaparecía o simplemente volvía a rodar
Como si todavía estuviera buscando algo...
¿O a alguien?
La primera vez que el balón eligió a alguien fue en una de
estas tardes de calor insoportable de Culiacán, esas tardes donde solo quieres
estar pegado al abanico
El balón rodo lentamente hasta una pequeña calle, quien
diría que algo tan mágico escogería una de las calles más peligrosas de
Culiacán, llenas de conflictos, uno de esos lugares donde la tensión se siente
desde lejos
Rodo lentamente hasta una pequeña calle donde un niño
llamado Emiliano estaba sentando afuera de su casa, pateando piedras con la
cabeza agachada
No, no lloraba
Pero tenía esa tristeza silenciosa que tienen algunos niños
cuando aprenden demasiado pronto que el mundo, no es perfecto y puede doler
Sus papás peleaban, demasiado
Tanto que la casa parecía una guerra escondida entre paredes
Los platos sonaban fuertes, las puertas temblaban y Emiliano
había aprendido a solo quedarse callado para no empeorar las cosas
Porque hay niños que dejan de hacer ruido no por que sean
tranquilos...sino por que llegan a sentir que estorban
El balón se detuvo frente a él, justito frente a sus tenis
desgastados
Emiliano levanto una ceja
-Y tú qué? - pregunto
El balón por supuesto que no respondió, pero rodó poquito
hacia él, como insistiendo
El solo suspiro y le dio una patadita suave, entonces
ocurrió algo que llaman magia... el balón regreso solo, no reboto contra nada,
solo volvió
Emiliano abrió los ojos
-Ah caray...
Lo volvió a patear, y volvió a regresar, con más rapidez
Por primera vez, después de mucho tiempo Emiliano soltó una
carcajada y una verdadera, de esas que salen del pecho sin pedir permiso
Siguió jugando solo en la calle hasta que otros niños comenzaron
a acercarse
-Ey ¿Podemos jugar? - pregunto un niño
-Prometemos no robarlo- Dijo otro
-va ps, unas retas-Contesto Emiliano
Y así entre risas y goles improvisados en una portería de
piedras, la calle comenzó a cambiar
Los vecinos empezaron a salir
Las mamás empezaron a platicar afuera
Los niños dejaron los celulares
Incluso el señor más amargado de la calle termino jugando
como árbitro, aunque se tomaba demasiado en serio los fuera de lugar
Esa noche, cuando Emiliano entró a casa sudado y feliz,
encontró algo distinto en su hogar
Sus papás estaban sentados en la sala...juntos
No peleaban, solo...miraban la tele
Porque a veces los adultos olvidaban lo importante de ver a
un niño sonreír
Esa noche, mientras cenaban juntos, la mente de Emiliano no
dejaba de pensar en algo:
“No siempre se necesita magia para arreglar una casa, a
veces basta con recordar como volver a jugar dentro de ella”
Pasaron semanas
Emiliano se volvía el mejor portero de la calle, aunque
honestamente se aventaba más por dramatismo que por talento
En una de esas prácticas, después de esquivar a personas
imaginarias, lanzo una patada tan fuerte
Pero tan fuerte que el balón salió disparado a algún lugar
de Culiacán
-NOOOO, MI BALÓNNNNN!
Corrió detrás de él
todos corrieron detrás de él
hasta choco el perro
Pero como todo balón, solo siguió rodando, doblando
esquinas, cruzando avenidas, pasando mercados, giraba tan rápido que parecía
como si supera exactamente a donde iba
Termino deteniéndose junto a un muchacho sentado solo detrás
de una cancha abandonada
Se llamaba Gael, un muchacho de apenas quince años
Y como toda calle, se escuchaban muchas cosas sobre él
Que era problemático, que siempre andaba con mala compañía,
que ya no tenía remedio
Pero nadie se preguntaba por qué, tal vez es más fácil
señalar heridas que entender quien las provoco
Gael...llevaba semanas perdido entre adicciones, malas
decisiones y noches largas donde la tristeza se disfrazó de “no pasa nada”
Tomo el balón sin ganas, solo lo observo
Y poco a poco algo en él se quebró un poco
Porque le recordó a cuando era niño, a cuando todavía soñaba
con ser futbolista, antes de que la vida comenzara a llenarle los bolsillos de
problemas
Empezó a patearlo solo...con miedo
Una, dos, tres veces
Entonces escucho una voz
-Oye juegas bien
Era un señor barrendero
Un señor viejo, flaco, con un bigote muy extraño
El tipo de señor que parece saber demasiadas cosas sobre la
vida y sobre como arreglar bicicletas
-Nah.…yo no juego
-Eso dicen los que quieren hacerlo
Gael no pudo evitar soltar una risita y solo siguió pateando
el balón
Los días pasaron y el después de mucho tiempo volvió a la
cancha
Y al día siguiente volvió, y al otro, y otro hasta que un
grupo de muchachos comenzaron a jugar con el
El balón iba de pie en pie como si estuviera cosiendo
personas rotas, si el futbol tiene algo extraño
Durante noventa minutos, nadie preguntaba cuánto dinero
tienes, que problemas cargas o cuantas veces te equivocaste
Paso lo que tenía que pasar, Gael empezó a cambiar, poco a
poco como cambian las ciudades después de la lluvia, sin hacer ruido
Hasta que una tarde dijo algo que nadie olvida, tal vez
porque nadie esperaba que alguien como él lo dijera
“Hay personas que se destruyen porque nadie les enseño otra
manera de sobrevivir”
El balón parecía más brillante desde entonces, más vivo,
como si también estuviera orgulloso
Un día a medio partido, Gael pateo el balón tan fuerte que
termino volando sobe una barda
- ¡YA VALIO! - Dijo Gael
-Ve tú- Dijo un amigo
-No, porque ahí vive un perro demonio
-El perro ni siquiera existe
Eso dijo mi primo antes de perder una chancla
Pero cuando brinco la barda...ese balón ya no estaba
Otra vez había comenzado a rodar
Volvió a cruzar calles enteras hasta llegar frente a una
niña sentada sola en un parque
Se llamaba Yunivia
Yunivia veía el mundo de una manera distinta
Loa ruidos le molestaba, las multitudes la agotaban y hablar
con otros niños le parecía como intentar nadar usando zapatos de cemento y si
es algo que muchos niños no la entendían y si cuando el mundo no entiende
algo... a veces lo aparta
Yunivia prefería observar, contar hojitas, mirar las
sombras, escuchar el viento
El balón rodó lentamente hasta tocarles los pies y ella como
la niña curiosa que era, lo miro mucho tiempo, como intentando analizarlo
Luego susurró:
-Hola
El balón permaneció quiero, como si también estuviera
escuchando
Yunivia comenzó a jugar sola
Descubrió que el sonido del balón rebotando tenía ritmo, que
las vueltas la calmaban, que correr detrás de él hacía que el ruido dentro de
su cabeza se acomodara poquito
Días después, unos niños se acercaron
- ¿Jugamos?
Lucia se puso nerviosa, sin saber que hacer, pero el balón
rodó hacia adelante como diciendo: "yo te acompaño” y todos jugaron
Al principio fue difícil, Yunivia no hablaba mucho, pero
empezó a pasar el balón, luego empezó a reír más, luego empezó a quedarse más
tiempo
Hasta que un día, sin darse cuenta, ya tenía amigos esperándola
en el parque, tal vez porque existen amistades que no nacen hablando
Nacen jugando
Nacen compartiendo silencios cómodos
Nacen cuando alguien decide quedarse
Y en la cabeza tan grande de la pequeña Yunivia entendió
algo hermoso
“no hay maneras correctas de existir
Cada corazón aprende del mundo a su propio ritmo”
Las tardes en aquella colonia cambiaron, la gente comenzó a
salir más, los vecinos organizaban partidos, las mamás llevaban aguas frescas,
los niños pintaban porterías en las paredes
Y por primera vez en mucho tiempo, aquella calle llena de
personas... empezó a sentirse como una comunidad
Pero una noche, durante un partido lleno de risas y gritos
emocionados, alguien pateó el balón demasiado fuerte
El balón salió disparado
Rodo banquetas, atravesó callejones, paso debajo de un carro
y solo siguió avanzando
Porque todavía quedaban lugares rotos
Todavía había personas esperando algo que les devolviera un
poquito de esperanza
Y mientras el balón avanzaba bajo las luces amarillas de la
ciudad, parecía que el balón susurraba algo con cada vuelta
“las calles cambian cuando la gente vuelve a encontrarse”
Y así, silenciosamente
El balón mágico siguió rodando por las calles de Culiacán.

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