Maratón por la Lectura: Paz, Cultura y Futbol
“Fuimos creados por un choque de esferas, y quizá por eso, la humanidad ahora, está unida o condenada a recordar por siempre ese acto de patear un objeto…”
EL
FUTBOL EN MI PLANETA
Solangel
Méndez Ruíz
PARTE I:
La Tierra está viva
Se
cuenta que el universo nació por una reta cósmica, cuentan que el Big Bang no
fue una explosión silenciosa, sino el estruendo de unos bebés gigantes que
jugaban con los planetas; fue un cañonazo divino que estrelló dos cuerpos
esféricos y esparció las estrellas por el espacio. Fuera de la ficción y de
todo lo imaginativo que suene, lo cierto es que nuestro mundo quedó marcado por
ese primer impacto que originó todo. Fuimos creados por un choque de esferas, y
quizá por eso, la humanidad ahora, está unida o condenada a recordar por
siempre ese acto de patear un objeto…
El
fucho, como ahora le dicen los niñitos del barrio, eso que se juega con una
botella con piedras, eso que se remite en un acto de patear algo, dirían las
personas a simple vista.
Pero es
más, es más que sólo patear algo, el niño puede que patee piedras, botellas, una
hoja de papel de alguna tarea vieja o una lata de leguminosas vacía, lavada o
no.
El
futbol es más que sólo sentarte a comer papitas enfrente de la tele, es más que
ir corriendo por la chela en el medio tiempo, es más que sólo ver a tu papá
gritarle "como de deben hacer las cosas" al árbitro.
El
fucho es más que sólo ir a la cancha y echarle porras a tu morrito, es más que
un simple "es domingo y te vas todo el día" o un "tu lava tu
ropa porque viene bien sucia".
Yo
mujer, veo que el fútbol podría ser simplemente eso, podría reproducir
discursos heteronormativos, que ellos juegan futbol y que nosotras lavaríamos
su ropa llena de pasto o lodo.
Pero ya
no es así.
Ya nada
es así.
Date la
oportunidad, pues los hinchas jamás te van a decir que no a un "¿Puedo ir
al partido con ustedes?" y créanme que al contrario, solo bastará una vez
que te unas para que te contemplen por el resto de la temporada, de esas cosas que
ocurren sin el fonazo de: “ya voy para allá” sólo pasan por ti y te dicen “vámonos”.
La comunidad
futbolera ya no solo contiene hombres, desde hace mucho hay mujeres que hemos
practicado el deporte, que sabemos un poco, que también tomamos una chelita y
que también le gritamos al árbitro.
¡GOOOOOOYA,
GOOOOOOYA!
¡YO
SOOOOY CELEEEESTEEE!
¡JUGADORES
PONGANLE HUEEEEVOOS!
¿Has
ido a un estadio Universitario o al de tu equipo favorito?
¿Has
sentido como retumba el estadio?
Realmente
¿Qué tan resistentes son? Digo, ¿Te imaginas cuántos kilos cargan las gradas?
Y
ahora, imagínate todas esas personas brincando, cantando la misma porra,
compartiendo el mismo sentimiento segundo a segundo.... Conectados.
- Activado modo rescate de la nena- grito el
Javo
-Ay
Dios! En qué momento pensé que venir con estos era buena idea -
-hazte
para atrás – Me dijo el Popillo, mientras yo decía:
-¿Qué
es eso? – y sacaba mi lengua como “si las gotas de lluvia fueran de cerveza”
- No,
no no no, niña no hagas eso – me tapo la boca con tremenda mano callosa,
mientras me daba uno de esos jalones abrazos que te quitan del lugar de donde
estas y te protegen de lo que viene cayendo del cielo.
-jajajajaja
cerveza no es, loquita
- Pero
está en su vaso de chela…
-por
eso estamos hasta arriba! Ya casi acaba mejor, vámonos saliendo – Les contestó
la brujilla
- ¡queeee!
No sé van a quedar al final, qué loco! – Iba diciendo, pero todos parecían
decididos, no había más por hacer, el oponente había ganado y esos extras no
iban a ser suficientes como para “aguantar” lo que venía después…
La
gente batalla para conseguir boletos en reventa, porque como mexicano a veces
solo decimos "csm vamos" y nos lanzamos a esa hazaña!! Pero… Y los
jugadores? Digo, muchos también son mexicanos.
Que
pasa con ese sentido que tenía las chivas que todos eran mexicanos, ahora,
tenemos equipos plurinacionales, con personas que son de fuera... ¿Por qué
será? Pero más allá que la respuesta sea
un " es que no lo entiendes" quiero saber ¿Qué no entiendo?
Es que
allá en la grada, se me ponía la piel chinita cuando había que correr a la
salida antes de que la cerrarán, porque era un Pumas vs América de allá del
2013, dónde la seguridad pública incluso te cuida, te protege encapsulándote,
sí, encerrándote en el lado de tu barra, haciendo que esperes casi hasta una
hora, en lo que el equipo contrario se vaya y vacíen la zona entera, y más
aburrido, dejan de vender cerveza desde 15 minutos antes de que designarán los
minutos extras.
Y no
entiendo ¿Por qué esas contingencias?
Porque
cuando estás fuera a lo mejor no entiendes, Pero también estuve dentro...
Cuando
era morrita mi papá nos metió al fútbol, jugué con las "lobas" del
choli. Bueno, de hecho ni éramos un equipo como tal, porque osea estaban los
panditas (niños chiquitos) los pandas (que eran más grande que los panditas, ya
sé cuánta imaginación diras) y los lobos (los más grandes del club), todos separados
por edades pero nosotras entrenábamos todas no importaba la edad, recuerdo que
iba "la bimbo" y "Martanairi
", ella era la portera, súper estrella. Una vez, cuando perdimos su mamá
nos llevó a la pizzería del malecón viejo, que tenía un montón de juegos, osea
recuerdo el triángulote afuera y era lo mejor, osea ir comer pizza y jugar
juegos mecánicos con tus amigas después de haber perdido, Pero... Mar, a veces…
Bueno siempre lloraba; ella decía "si no me hubieran metido ese gol"
"si me hubiera aventado". Mostraba una preocupación, que quizás
ustedes me traducirán en la “pasión futbolera”.
Éramos
tan pequeñas, teníamos como 10 años, de esta anécdota puedo terminar de
contarles que después fuimos a la misma secundaria, pero no volvimos a jugar
futbol juntas, de hecho no volvimos ni a hablarnos de nuevo a pesar de estar en
el mismo salón.
El
fútbol, es algo que une, por un momento, es algo mágico que nos transforma
durante unos 90 hasta 100 minutos, que dejamos incluso el celular de lado, o si
lo tenemos ponemos ese estado de "gooooool" y, ya no es formar parte,
porque siendo el mundial todos queremos estar en eso que está moviendo al mundo
ahora: El mundial futbolero, que, hasta revivió la melancolía con la que muchos
90teros o inclusive 80teros se identifican: los álbumes.
Pero al
final, da igual que sea un Mundial, unos cuartos de final, un partido de
fut-beis en la escuela o un clásico nacional. Osea, el futbol también es algo que une de por
vida, uno crea memorias a partir de un balón, pateándolo o recibiendo un
balonazo en la primaria, incluso cada vez que un pie golpea un balón pareciera
que algo antiguo despierta en la humanidad: la fascinación por el choque que
nos expulsó del silencio y nos arrojó al tiempo.
Porque
no importan las canchas multimillonarias, ni si se juega en planteles donde la
cancha es de polvo, la verdadera magia ocurre cuando se apagan las pantallas y
nos reunimos, o cómo no, en aquel instante eterno en que la infancia patea algo
en la calle o aquel primer gol inolvidable que se mete en una portería
delimitada por dos piedras, o cuando las distancias se miden a pasos y donde, por
esas decenas de minutos volvemos a ser esas almas de los gigantes que, sin
saberlo hacen girar al mundo con una sola patada, una que pareciera calculada,
una que hace que el impacto retumbe un gran:
¡GOOL!
Parte
II: La primera reta.
Antes
de que existieran los relojes o las dimensiones, la existencia sólo era una
casa silenciosa. En ella vivía la Vía láctea junto a sus dos hijos gemelos: dos
bebés regordetes, gigantes, incapaces de permanecer quietos. Su único
entretenimiento consistía en hacer rodar dos esferas pesadas y frías que,
escondían bajo sus cunas de bruma.
Una
tarde, la madre abandonó el hogar para continuar con el tejido del universo exterior.
Antes de irse, se detuvo en el umbral y les advirtió:
—No
jueguen con esas esferas dentro de la casa. Si chocan entre sí, destruirán tooodo
lo que existe aquí y serán arrojados a un vacío del que no podrán regresar.
Los
gemelos obedecieron, no jugaron con la pelota dentro de la casa… durante unos
segundos.
El
silencio les resultó insoportable, las esferas parecían llamarlos desde abajo
de las cunas, brillándoles con una extraña atracción. Bastó con que uno de los
hermanos empujara la suya apenas con la puntita del pie para que el otro aceptara
el reto sin pronunciar ni un balbuceo pero viéndolo fijamente a los ojos.
Al
principio el juego fue lento, los bebés avanzaban de rodillas sobre el suelo
liso, desviando las esferas en pases torpes. Cada golpe hacía vibrar las
paredes de la casa de la Vía láctea, poco a poco la emoción creció y con ello
el aire comenzó a calentarse y el espacio, antes inmóvil, empezó a agitarse
alrededor de ellos.
Entonces
ocurrió.
En un
instante de entusiasmo y torpeza —porque al final seguían siendo unos bebés—
ambos lanzaron un puntapié al mismo tiempo. Las dos esferas salieron disparadas
y chocaron en el centro exacto de la habitación.
El
impacto no fue silencioso. Fue un estruendo imposible, un cañonazo que fracturó
la calma absoluta. La casa se desgarró desde dentro, los fragmentos ardientes
de las esferas salieron expulsados en todas direcciones. Al enfriarse, aquellos
restos encendidos quedaron suspendidos como puntos de luz.
Cuando
la matriarca regresó, encontró a sus hijos sentados entre los restos del hogar
destruido, cubiertos de hollín y observando fascinados, la inmensidad que
acababan de crear: Donde antes existían paredes, ahora se abría un universo que
no dejaba de crecer y crecer.
Entre
los escombros flotaba un fragmento distinto: una esfera pequeña formada por los
restos fundidos de ambos juguetes. Ese residuo tibio lo nombraron Tierra.

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