“Hay personas que heredan ojos bonitos, la sonrisa de mamá o el carácter de la familia. Yo creo que de mi papá heredé algo menos notorio... la manera de sentir las palabras”
MI
POETA FAVORITO
Alejandra
Montoya Corrales
Hay personas que heredan ojos bonitos, la sonrisa de mamá o
el carácter de la familia.
Yo creo que de mi papá heredé algo menos notorio... la
manera de sentir las palabras.
Desde que tengo memoria, siempre lo vi escribiendo. Había algo
mágico en eso. Mientras otros papás llegaban cansados del trabajo y se quedaban
viendo la televisión, el mío abría una libreta gastada, tomaba un lápiz y
comenzaba a convertir sus sentimientos en poemas. Yo no entendía del todo qué
escribía, pero recuerdo quedarme mirándolo como quien observa a alguien hacer
magia. Porque eso hacía él: magia.
Les daba nombre a las emociones que yo todavía ni siquiera
sabía sentir.
Sus libretas siempre
estaban llenas de versos, algunas hojas dobladas, manchas de tinta y palabras
tan bonitas que parecían respirar. Y aunque yo decía que los poemas no eran lo
mío, crecí rodeada de ellos, como quien crece cerca del mar y termina llevando
el sonido de las olas por dentro sin darse cuenta.
En la primaria hubo
un concurso de poesía y mi papá, con esa emoción que solo tienen las personas
que aman algo de verdad, me pidió que participara. Yo creo que en el fondo él
estaba más nervioso que yo. Y como soy la consentida de papá, le hice caso.
Leí un poema suyo frente a todos.
Todavía recuerdo sus ojos mirándome mientras yo hablaba,
como si cada palabra que salía de mi boca también estuviera saliendo un poquito
de su corazón.
Y gané.
Pero ahora entiendo
que el premio nunca fue el lugar, ni los aplausos, ni el reconocimiento. El verdadero
premio fue descubrir que mi papá me había regalado una parte de él a través de
las palabras.
Hoy, años después, me sorprendo escribiendo. Me sorprendo
sintiendo demasiado y buscando refugio en hojas vacías, igual que él. A veces
escribo algo y pienso: “esto lo entendería mi papá”. Y entonces comprendo que
estoy empezando a mirar el mundo como él lo mira.
El profesor Frías nos hizo escuchar autores famosos, poetas
admirados por todos, personas que seguramente escriben hermoso… pero
honestamente, para mi ninguno se compara con mi papá. Porque para mí la poesía
no vive en libros reconocidos ni en nombres importantes. La poesía vive en un
hombre que llena libretas en silencio, que ama profundamente y que sin darse
cuenta me enseñó que escribir también es una forma de abrazar.
Y qué bonito se siente crecer entendiendo que el poeta
favorito de tu vida siempre estuvo sentado en casa.

Comentarios