Taller de Redacción Libre y Creativa
“A veces veo personas que terminan libros enormes como si nada y me pregunto cómo lo hacen. Yo intento leer dos páginas y mi mente decide irse de vacaciones”
TODOS AMAN LA LECTURA… EN TEORÍA
Anahí Díaz Pérez
Todos dicen que leer es importante. Los maestros lo
repiten, los papás lo aconsejan y siempre aparece alguien diciendo que “los
libros cambian vidas”. Y seguramente tienen razón. El problema es que saberlo
no hace que automáticamente den ganas de leer.
Yo, por ejemplo, admiro muchísimo la lectura… pero desde
una distancia bastante segura.
A veces veo personas que terminan libros enormes como si
nada y me pregunto cómo lo hacen. Yo intento leer dos páginas y mi mente decide
irse de vacaciones. Empiezo una oración y, para la tercera línea, ya estoy
pensando en qué voy a cenar, en una canción que escuché hace tres días o en
algo vergonzoso que hice en primaria. Mi concentración dura menos que la
batería de un celular viejo.
Lo peor es que sí quiero leer. Quisiera ser de esas
personas interesantes que leen por gusto, subrayan frases profundas y hablan de
autores como si fueran amigos cercanos. Pero no. Yo solo leo cuando no me queda
de otra. Cuando hay tarea. Cuando el profesor lo pide. Cuando la obligación me
toma del cuello y me dice: “siéntate y lee”.
Y eso me da rabia, porque sé perfectamente que leer me
ayudaría muchísimo. Sé que mejora la imaginación, la manera de escribir y hasta
la forma de pensar. Pero mi cerebro actúa como si abrir un libro fuera una
actividad extrema de alto riesgo.
Aunque, siendo honestos, creo que todos hacemos eso con
algo. Las personas saben que dormir poco hace daño y aun así se desvelan viendo
videos absurdos. Saben que comer mal afecta la salud y aun así las frituras
siguen existiendo. Saben que fumar o tomar en exceso destruye el cuerpo… y aun
así mucha gente lo hace. Entonces quizá el problema nunca ha sido la falta de
información. Tal vez simplemente los seres humanos somos expertos en ignorar lo
que nos conviene.
La lectura entra perfectamente en esa lista. Todos aman la
idea de leer. Nos encanta decir que los libros son importantes, que la lectura
es cultura y que quien lee sabe más. Pero al momento de sentarse en silencio
con un libro… ahí desaparece el entusiasmo.
Tal vez porque leer requiere algo que hoy parece muy
difícil: paciencia. Y vivimos en un mundo donde todo dura segundos. Videos
cortos, respuestas rápidas, entretenimiento inmediato. Un libro, en cambio,
exige tiempo, atención y concentración. Básicamente pide todo lo que ya nadie
quiere dar.
Aun así, los libros siguen ahí, esperando. Como amigos
pacientes que saben que tarde o temprano volveremos. Y quizá algún día yo
también logre entender por qué tantas personas aman leer de verdad y no solo
“en teoría”. Pero por ahora, la realidad es esta: quiero leer más, sé que
debería hacerlo… y aun así termino haciendo cualquier otra cosa.
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