15 de Mayo, Día del Maestro

¡Si puedes leer esto, da gracias a un maestro!






Mis primeros años de servicio


Alfredo Zañudo Mariscal


¡Si puedes leer esto, da gracias a un maestro!

Es una frase que quedó en mi mente. La leí hace como 30 años cuando iba llegando a un local de Navolato para participar en una fiesta en honor al magisterio y que hoy traigo a colación porque se acerca el día del maestro.

Todos los niños, jóvenes, adolescentes y adultos pasan por las manos de un maestro al surcar los diferentes niveles educativos. Por eso, el artífice principal para llegar a cursar una carrera profesional de cualquier tipo fue una maestra o maestro quien nos enseñó a leer y escribir, quien nos apoyó para obtuviéramos conocimientos y nos cimentaron las bases en preescolar primaria para que continuáramos avanzando en otros niveles educativos.

En este sentido es que hoy surgen, desde los más recóndito de mi mente la experiencia obtenida en mis primeros años de docente en el medio rural. En tres contextos tan dispersos de la geografía sinaloense por los cuales como dice la canción “Eso y más” del cantautor mexicano Joan Sebastian “cruzaré los montes, los ríos y valles por irte a encontrar”. Y en este caso me refiero a volver a esas comunidades donde algunas personas me brindaron hospedaje y alimentación de manera noble y desinteresada.

Pero antes de vivir esas experiencias como docente, recuerdo el mensaje de una de las maestras que me dio clases en la Escuela Normal de Sinaloa: que no los absorba el medio, no se queden para siempre en alguna comunidad deben cambiar y seguir avanzando en el terreno profesional.

 Y hoy a 49 años de este comentario recuerdo que, efectivamente no me atrapó el medio porque logré salir adelante y superarme. Pero también debo reconocer que fue en las comunidades rurales donde más me forjé como maestro. Donde me enfrenté a verdaderos retos de mi práctica docente, como el empezar en mi primer año de servicio   con un grupo de primer grado en Santa Rita ubicada en plena sierra de Badiraguato Sinaloa.

Y ahí fue donde descubrí, que a veces el tener o dominar cierta teoría, al aplicarla no se obtienen los resultados esperados, como fue en este caso implementar el método global de análisis estructural para que mis alumnos aprendieran a leer y escribir. Porque llegaron las vacaciones de diciembre y no veía avances en lectura. Sentí una desesperación tremenda de fallar como maestro. Por lo que, regresando en enero me decidí a poner en práctica el método ecléctico en mis clases de lectura y escritura. Y para ello compré y me apoyé en el famoso libro mágico con el cual logré salir adelante con el alumnado antes de finalizar el ciclo escolar. Como dato curioso, el primer niño que aprendió primero a leer fue José Ángel quien apenas iba cumplir los 6 años en marzo de 1981. Era el más pequeño de la familia con que me hospedaba y actualmente es Ingeniero y es mi ahijado.         

Otras de mis gratas experiencias se relacionan con el contexto social, el cómo ser maestro era ampliamente reconocido en ese medio rural. Porque a la casa que fueras de tus alumnos te orecían agua, café y comida. También tuve una gran interacción con señores y jóvenes que les gustaba jugar volibol, deporte que un servidor también practicaba en ese tiempo.

Loa siguientes dos años de servicio los viví realizando la labor docente en la comunidad del Manchón, ubicada en la serranía del municipio de Mocorito en una escuela tridocente.    En ese tiempo me tocó trabajar con los grupos de quinto y sexto grado. Entonces quise probar el nivel de conocimientos adquiridos por el grupo de 6°, participando con un alumno de la escuela en la Olimpiada del Conocimiento Infantil en la cabecera municipal de Mocorito. El profesor Francisco, quien era mi director me decía que no tenía caso que lo hiciera porque me iba a enfrentar a los alumnos de maestros con gran experiencia en este tipo de eventos. Pues no le hice caso y teniendo el apoyo de los padres de Cruz, alumno que era el más inteligente en el grupo, llegada la fecha del evento, muy temprano abordamos el camión hacia Mocorito.

Y en efecto fue una experiencia traumante para un servidor, porque quedamos en el último lugar del concurso. Porque no existía la categoría en este evento de la OCI donde representantes de escuelas multigrado se enfrentaran entre ellos. Por eso los alumnos participantes, todos eran de escuelas de organización completa. Es decir, de maestros que atienden un solo grado y que se daban tiempo para repasar y reafirmar los contenidos del programa de estudios.   

Esa situación vivida sirvió para preocuparme y ocuparme de estudiar y tener más dominio de los contenidos de los programas de primaria de los grupos que tuve en esta comunidad. Además, alternaba la docencia con la convivencia realizada con padres de familia y de jóvenes que jugaban volibol por las tardes. También me tocó practicar dos veces la cacería del venado, aunque esas veces que salí con ellos no mataron ninguno.

Estaba cumpliendo ese segundo año de servicio cuando me casé por la primera ley, que es la del monte. Entonces me llevé a vivir al Manchón Mocorito a quien sigue siendo la dueña de mis quincenas. En ese tiempo era una joven de 17 años. Pero algunas señoras, cuando fuimos a la única tienda del rancho y le preguntaron su edad creían que tenía 15 años porque se miraba muy jovencita.

El comentario de casamiento lo hice porque doña Tomasa, la señora de la casa en que me hospedaba, una ocasión que la visitó el único hijo que tenía y que vive en Culiacán le comentó que algunas mujeres del rancho pensaban ir a Mocorito y decirle al supervisor escolar que me dejara otro año en esa comunidad, pues un servidor ya le había comentado que había solicitado mi cambio a Culiacán. Además, también me quedé gratamente impresionado de que un día ella le dijera a mi mujer: Ofelia, si tú y el Profe Alfredo se quedan a vivir aquí, yo les regalo la isleta para que siembren lo que quieran, ya ves que se da muy bien el cacahuate ahí. La isleta es una franja de terreno ubicada frente a la casa y junto al arroyo de temporal por el cual llegábamos a pie a la escuela y al centro del Manchón.

Después de haber vivido estas experiencias docentes y de carácter social en estas comunidades serranas, logré el cambio a una zona escolar de Culiacán. Para ello me enviaron a una comunidad ubicada en la sindicatura de Costa Rica allá por donde se encuentran los diques de los Cascabeles, en una escuela unitaria de las Milpas. Fue otra experiencia docente muy interesante, pero también muy compleja el poder trabajar con los 6 grados al mismo tiempo. Para ello atendía de manera directa a los alumnos de primero y segundo grado, mientras los alumnos de los grados restantes trabajaban con indicaciones que leían en el pizarrón. A veces, para dedicarles más tiempo a los de 1° y 2°, citaba a los alumnos 5° y 6° después del recreo para atenderlos directamente. Lo bueno que hubo, de realizar la labor docente en esa escuela multigrado, es que en ese ciclo escolar nos capacitaron técnicos de los SEPDES en la técnica de trabajar con guiones didácticos. Esta estrategia aminoró, en parte, lo complejo que es trabajar en escuelas unitarias, porque el alumnado de 3° a 6° grado trabajaban por equipos. Para ello daban lectura y seguían las actividades sugeridas en el guion, mientras atendía de manera directa a los alumnos de  1° y 2°. Además de la parte de la docencia, había otra situación con la que también era obligatorio cumplir. Era en el aspecto administrativo, porque se ejerce la función de maestro y director comisionado al mismo tiempo. Entonces era necesario entregar documentación a la zona escolar 064. Por ejemplo, cuadros de concentración de calificaciones semestrales, datos estadísticos e informes que te solicitaban.

Pues bien, amables lectores, esto fue un esbozo de mis primeros años de servicio y de las tres comunidades rurales en las que me tocó convivir con la mayoría de sus habitantes. De éstas, a la única que he vuelto a visitar es a Santa Rita. Es la que está más retirada de donde vivo, pues para llegar hasta allá es necesario viajar primero a Surutato y ahí recorrer aproximadamente otros 20 kilómetros más adelante para llegar   a nuestro destino.

Y es aquí donde noté lo agradecidos que quedan algunas personas de estas comunidades. Porque después de 11 años de haber trabajado en Santa Rita, vine confirmando a José Ángel en Guamúchil cuando estudiaba el bachillerato tecnológico en el CECyT y ya más grande de estatura que yo. Por eso cuando el cura dijo pongan su mano en la cabeza de los ahijados todos los padrinos la bajaron, en cambio un servidor la tuvo que subir.

        

Comentarios

Ian dijo…
A lo largo de este camino vocacional, me he dado cuenta de la gran experiencia que maestros como usted tienen. Admiro mucho su dedicación, que se denota todavía más en este texto, a su profesión Comparar el camino que llevo yo con sus años de experiencia es como comparar un cerrito con el monte Everest Y es esa misma distancia la que, por lo menos a mí, me motiva a perseguir este camino. Gracias, maestro, por compartir parte de su camino como docente. ¡Saludos!
Estimado Maestro Alfredo, un bello trozo de vida nos regala en el preludio de los festejos del Día del Maestro.
Hay miles de historias que todos deberíamos de contar para que los jóvenes profesores en formación leyeran y supieran de lo que antes fue y ahora es la Educación.
Saludos, José Manuel Frías Sarmiento
Muchas gracias por tu comentario y el elogio hacia mi persona mi estimado Ian. Sin duda, la institución educativa te forma para que ejerzas la docencia, a través de los diversos contenidos de un programa de estudios. Pero estando en la la práctica es cuando se forja la persona para convertirse en un verdadero docente. Y en tu caso estoy seguro que vas a lograr concretar esa menta que ya has planeado, porque sé que eres un estudiante muy comprometido. Saludos cordiales.
Muchas gracias por darse un tiempo para publicar, leer y comentar este texto estimado Maestro Frías. En efecto, cada docente tiene por lo menos, en el baúl de los recuerdos, alguna historia que contarnos relacionada con esta noble profesión que es la docencia. Y ojalá que llegáramos a conocer algunas de ellas. Saludos afectuosos.
Marité Ibarra dijo…
Profe Alfredo, qué bonitas experiencias laborales y de amor tuvo, me dio risa saber la ley del monte que se aplicó en su caso, hacía mucho no escuchaba esa expresión, debió haber estado muy enamorado de esa jovencita y sobretodo que no quedó varado en las comunidades rurales.
Muy bonitas experiencias, le mando un fuerte abrazo hasta la UPES!!!
Muchas gracias por tu comentario Marité, compañera de parranda literaria. Asì es, fueron muy bonitas las experiencias vividas como docente en el medio rural. También me tocó trabajar en la Upn Subsede Surutato del 2008 al 2011. Para allá asistía los sábados cada 15 días y de ello también hay evidencia en algunos textos que fueron publicados en el blog. Pero también algo muy satisfactorio, es que en ese periodo pude trasladarme algunas veces a Santa Rita para saludar a mi comadre y a mi ahijado. Saludos cordiales.

Entradas más populares de este blog