15 de Mayo, Día del Maestro
“Ser
maestra es una profesión que nunca pasó por mi mente, es más, sí pasó, al chile
sí, pero cómo “¡ay no, qué feo ser maestra!”
ESTO NI HA COMENZADO
¿CÓMO QUE YA TE ESTÁS CANSANDO?
Solangel Méndez Ruiz
Ser
maestra es una profesión que nunca pasó por mi mente, es más, sí pasó, al chile
sí, pero cómo “¡ay no, qué feo ser maestra!”.
Porque,
o sea, los papás lo ven bien tranqui el hecho de que sólo estÁs, das la clase,
revisas las tareas y ya. Pero ahora, me da más miedo que flojera ser maestra.
Y
de dar clases, yo pensaba que uno nomás abría el libro y sopas, a como viene y
si no los entretengo pos, dictado. Pero nel, también implica tener la capacidad
de repetir una y otra vez las cosas y que además no te hagan caso: “siéntate,
guarden silencio, por favor no” y repetirlas más veces de las que pensé que un
humano no podía estarlas repitiendo.
También
hay que ser investigadora, para saber quién dejo pegado el chicle bajo la mesa,
mientras también desarrollas habilidades que quién sabe si son propias de la
raza humana, como encontrar lápices perdidos o más cañón: detectar cuando
alguien te dice “sí entendí” sólo para que no le sermoneen o pregunten más… ¡Y
tienes que vivir con ese nuevo don a donde sea que vayas, no sólo en el aula! ¡Por
Dios! Ha habido veces que prefiero pensar que esta bien hacerme igual de
pendeja que ese “ya entendí” y seguir la vida, señores detenerte a explicar a
alguien que no tiene el más mínimo interés es sólo perder el tiempo, decía yo.
Además….
¡Avisenmennn! Que también hay que ser mediadora de conflictos y pa’cabarla de
molar no sólo entre la chamacada, también a veces entre los papás que, si bien
te va serán menores que tú. Unas personas dicen que hasta de psicóloga
improvisada juvenil y ni hablar de ser enfermera que resuelve emergencias tan
importantes como “profe me robaron mi cel.”
También
tienes que saber improvisar, porque entre que quieres un chingo a tus alumnas,
pos llegas con tu planeación al cien, motivadísima y de repente ¡CHINTRALES!
Basta con que una no esté de acuerdo, no quiera participar en ese equipo o
incluso el más mínimo distractor de interés como el niño que siempre comenta
cosas fuera del tema para que la clase termine hablando de por qué los
dinosaurios, los aliens y los perros no usan zapatos.
Tampoco
hablemos del desgaste mental, porque bien se cree que salir de la escuela uno
ya descansa, pero nambre, sales pensando en si explicaste bien o no el tema, si
alguna alumna se quedó triste, si realmente aprendieron algo o si estaban en Miami,
pero el cuerpo en el aula… Y cuando llegan las vacaciones que agusticidá veá,
usted pensará, nooooiga, nada de eso, puro estar pensando qué sigue, estar
revisando lo atrasado y leyendo exámenes que tienen respuestas más echadas a
perder quel jocoqui.
Además,
deberían mencionar en el perfil del egreso que se desarrolla una paciencia
sobrehumana, así bien extra terrestre, porque hay estudiantes que te preguntan
algo, se lo explicas una vez más igual pero como 20 de diferentes maneras
posterior a eso y a las dos clases vuelven exactamente con la misma pregunta
pero ahora más confundidos porque quién sabe qué vieron en el tik toks,
entonces hay que respirar y volver a explicarlo como la primera vez, sabiendo
que volverás a tener que explicárselo 22 veces más como la primera duda.
Pero
creo, siento yo que, lo más extraño y sublime de esta profesión es que, aunque
te quejes, te canses, te desesperes o creas “ya no puedo más”, habrán momentos
en los que toda esa negatividad se esfumará con algo más simple y más
“express”. Esos momentos precisos donde dicen su primera trabada, donde
pronuncian un trabalenguas por primera vez, el primer poema que se aprenden, el
primer dibujo chueco, feo, lleno de moquitos hecho con cariño o cuando se
acuerdan de algo que tu dijiste aunque pensaste que nadie te estaba poniendo
atención…
A
veces… Sólo a veces y cuando hace calorcito en la ciudad, ya no pienso “que feo
ser maestra”, jaja bueno, a quién le miento, a veces si lo pienso bastante,
especialmente después de que escucho preguntar “¿qué dijo profe?” seguido de un
“shh no me dejan escuchar” pero no se mueven de lugar, pero más vale que el
profe lo repita y más alto a yo moverme de mi zona de confort, y eso como 40
mil veces en el día.
Aunque
lo más complejo siento que, además de tener que desarrollar ojos camaleónicos,
es enseñar, ya que no es sólo pasar información y ya, también hay que acompañar
a las personas, pero imagínate que ni tu mismo te sabes acompañar, ¿ta canijo
no?
A
eso súmale la improvisada esa, luego cuidar a chamacos que, dependiendo la edad
van a poner a prueba en los diferentes niveles, pero todo vale la pena, dejar
huella vale la pena, forjar mejores personas vale la pena, ser la única persona
quizás que cree en ese humano vale la pena.
No
importa si come pegamento, si pega los chicles bajo la mesa, si no se aprenden
las efemérides, si sacan el acordeón a medio examen, si se quiere hacer pasar
por mas listo que uno… Saber que algún día algo de lo que transmitiste,
compartiste pero sobre todo enseñaste, será algo que recordarán en su vida, no
importa cuán útil o no sea.
Por
eso y más, felicidades Maestras, felicidades Maestros, más a ustedes, las y los
maestrxs que preparan a las y los maestrxs del futuro.

Comentarios
Y te felicito por la elegancia y el humor con el que abordas las dudas, incertidumbres y realidades que afrontamos los profesores para desarrollar la interesante y hermosa tarea de enseñar.
Saludos, Mtro. José Manuel Frías Sarmiento