15 de Mayo, Día del Maestro
"Mi vocación y mi profesión no están construidas en mi imagen, están construidas en mi calidad como maestro, en mi pasión por enseñar, no en la ropa que uso ni en el color de mis uñas"
TEACHERS COME IN ALL SHAPES AND SIZES
Por: Ian Báez Palazuelos
Asumí las consecuencias de vestirme
diferente.
Toda mi vida porté, de manera limpia y pulcra el uniforme de mi escuela, bien
planchado, lavado y secado, como Dios manda. Cabello bien peinado, con una mano
de gel “moco de gorila”, y el cabello corto, a veces con copete si andaba de
buenas.
Admiraba a los muchachos con piercings en las orejas, con las uñas pintadas y
el cabello larguísimo, ropa holgada, pantalones desgarrados, cualquier cosa que
no se pareciera en lo más mínimo a la ropa que yo acostumbraba a usar. Claro,
solo podía admirarlos desde la distancia, y nada más, porque seguramente me iba
a arrepentir de grande de usar aretes, o maquillaje, o ropa de “cholo”. De usar
esas gorras con estampados increíbles, gorritos de lana estilo skater, cadenas
con cráneos y quien sabe que cosas más.
No pensé que fuera distinto a los demás por querer usar ropa diferente. No
pensé, nunca, en la búsqueda de mi vocación, que la ropa hacía al maestro, o al
intelectual en todo caso. Porque claro, el respeto se pide a gritos cuando usas
una playera que te llega a la rodilla, de repente usar el cabello largo
invalida completamente tu profesión, y portar tatuajes es igual, o peor, que
consumir drogas.
Resignado, aun así, estoy aquí, adentrado en este mundo de los maestros, sin
saber bien lo que hago, o donde estoy parado, pero aquí estoy, y creo que eso
merece respeto.
Porque estoy en contra de que el maestro debe imponer, los buenos maestros
hacen que sus clases sean atractivas naturalmente, se ganan el respeto de sus
alumnos a través de su desempeño, y el mío no es nada de que quejarse. Todos
los maestros presumimos con orgullo la taza de café que dice “El mejor
maestro”, pero realmente ¿quién ha hecho méritos para beber de ese cáliz su
café de la mañana?
Supongo que la calidad de un maestro se mide por cómo se ve.
Descubrí que esto era mi vocación por ahí de los 15 años, al recibir una carta
por el día del maestro de una de mis alumnas. Claro que el camino no iba a ser
fácil, ser maestro, especialmente uno “joven”, implica horas de estudio y
toneladas de amor por tu trabajo. Sin importar cuanto me colmen la paciencia
mis grupos, sé qué esto es a lo que me quiero dedicar toda mi vida, problemas o
no. Y aunque sé que yo solo no voy a cambiar a un sistema educativo que está
mal de raíz, hago mi parte, procuro educar bien a mis alumnos (aunque mi
estatus de teacher me limite) y generar en ellos pensamiento crítico.
¿Todo para qué? Si no me he ganado que me hablen de a “usted” (Que en realidad
no me gusta, pero tengo entendido que a las figuras de autoridad se les habla
así) ¿Para qué los papás ignoren mis avisos? ¿Para no poder dar las clases como
yo quiero por ser tan joven?
“Teacher, tiene 18 años, ¿Por qué es maestro tan joven?” Preguntaba una
pequeña, Romina.
“Porque es lo que me gusta” Le contesté “Aunque no me veo de 18 ¿Verdad?”
“No teacher, se ve de 25”
Ouch, golpe bajo.
La maestreada te quita años, ¿verdad?, o que otro motivo podría haber detrás de
mi supuesto envejecimiento. Hago ejercicio, como saludable, consumo poco
alcohol y no me drogo, en la noche me sumerjo en cremas y serums vitaminados
para quitarme años que no son míos de mi rostro en el espejo. El estrés es
pesado, y educar a las futuras generaciones lo es aún más, porque no se los he
dicho, pero a veces también me toca reforzar esas cosas que según “se ven en
casa”:
Corrijo malas palabras, pongo limites, resuelvo conflictos y, aparentemente,
atiendo niños con necesidades especiales.
Es raro, supongo, que un joven quiera enseñarte lo que es el mundo, ¿Qué sé yo
que aquellos muchachos no sepan ya? Y más raro debe ser que como papá tengas
que responder a un joven que parece todo menos teacher. A veces me pregunto si
algún día lograré que me vean más allá de la playera oversized, el cabello
rebelde y mis aretes. Porque parece que, para muchos, la imagen del maestro
ideal todavía lleva saco, voz grave y cuarenta años encima. Todo lo demás
genera desconfianza.
Pero yo ya asumí las consecuencias. Elegí vestirme como soy, hablar como soy y
enseñar como soy. No quiero fingir una autoridad que no siento. Prefiero
ganarme el respeto día con día, con cada clase bien preparada, con cada alumno
que logro que levante la mano, aunque antes se quedara callado, con cada “ya
entendí, teacher” que vale más que cualquier diploma.
Sé que no soy perfecto. Todavía me
equivoco, todavía me frustro, todavía hay días en los que salgo del salón
preguntándome si realmente estoy haciendo la diferencia o solo estoy
sobreviviendo al sistema. Pero también hay días en los que un alumno me busca
para contarme algo que le duele, o cuando veo que una niña que apenas hablaba
ahora defiende su opinión con argumentos. Esos días pesan más que todos los
prejuicios juntos.
Quizá nunca seré el maestro “tradicional”
que todos esperan. Y está bien. Because
teachers come in all shapes and sizes, como dice el título. Algunos
usamos arete, otros tinta en la piel, venimos con cabello largo, con miedo
escénico, con insomnio y con una terca esperanza de que la educación todavía
pueda cambiar algo.
Yo elegí esta vocación, elegí estar aquí, parado frente a un grupo de jóvenes
desorientados, que quizá no sepan tanto inglés como aparentan, aunque mi imagen
no encaje de todo en el salón. Y mientras uno solo de esos 28 salga de mi clase
sintiéndose un poco más escuchado, mientras puedan acercarse a su teacher
quejándose de sus papás o de que les van a poner Brackets, mientras puedan
hacer bromas conmigo y puedan pensar por sí mismos, entonces valdrá la pena
cada mirada rara, cada comentario a media voz y cada “se ve muy joven para ser
maestro”.
Porque al final mi vocación y mi profesión no están construidas en mi imagen,
están construidas en mi calidad como maestro, en mi pasión por enseñar, no en
la ropa que uso ni en el color de mis uñas.
Soy un buen teacher, ¿no?.

Comentarios
Entonces, queda la prestancia personal y la personalidad de cada profesor para validar si manera d vestir: lo cual requiere mayor esfuerzo si se es un joven y primerizo profesor.
Yo intuyo que eres y serás un gran teacher de acuerdo con el excelente alumno que has sido y eres en la Universidad. Y más aún por la gran persona que eres.
Por eso te felicito en esta fecha de festejo para los Maestros en servicio y para el profesor en formación que se capacita para ser mejor cada dia que pasas en las aulas de la Upes.
Saludos, Mtro. José Manuel Frías Sarmiento