15 de Mayo, Día del Maestro

"La consigna es no ser como estos malos mentores que mucho daño le han hecho a la educación"



 



“LOS MALOS MAESTROS”

 

Por: Adán Lorenzo Apodaca Félix

 

Siempre se habla y escribe sobre los buenos maestros, cada año por el mes de mayo aparecen referencias positivas en exceso sobre los mentores, se pone de moda hablar y escribir sobre los maestros en días previos a la celebración. En esas referencias habladas y escritas afloran los comentarios positivos sobre los mentores, se citan casos extraordinarios de abnegación, su dedicación y entrega no está exenta de comentarios positivos, recurrentes son los casos de citas sobre la pasión y el entusiasmo con los cuales desarrollan su labor, se escribe sobre las influencias que los buenos mentores tuvieron en muchas vidas. Todos esos comentarios son vivo ejemplo de lo que significa la buena obra de un profesor.

En este escrito, deseo hablar sobre los malos maestros que me he encontrado en mi transitar académico que ya es de muchos años. Empiezo por mi estancia en la escuela primaria, yo no fui al preescolar, no había en mi pueblo, pero esa es otra historia, pues bien, en la escuela primaria tuve un profesor zurdo él, nos percatamos de esa característica porque era frecuente que lanzara con gran tino el borrador hacia algún alumno distraído. Los gises los aventaba con  los dedos, usaba los dedos pulgar e índice, el pulgar servía de soporte de salida y el que que disparaba el calizo  proyectil era el dedo índice, de la  mano izquierda por supuesto, era  un ejercicio  que  parecía lo tenía bien ensayado, como los matones profesionales, pocas veces fallaba con los gises arrojados, cuando estaba próximo a ti, el grueso y pesado  anillo de graduación de gran tamaño,  era el que te golpeaba la cabeza, creo que el anillo era de su egreso de la Escuela Normal de Sinaloa, más tarde supe que ese era el escudo de la Escuela Normal de Sinaloa. Eran de Zinc el material con el cual estaba hecho el anillo, eso también después lo supe. Hasta esta parte del relato ustedes pensarán que era muy abusiva esa actitud de su parte, pues si la era, pero lo amparaba el encargo que habían hecho los papás de aquellos tiempos: “usted puede hacer lo que quiera con él, ahí se lo dejo con todo y …”

En la secundaria tuve a un profesor también abusivo, era el de matemáticas, este no nos agredía físicamente, pero con sus mortíferas expresiones también dañaban y mucho, recuerdo que ponía unas ecuaciones de esas inentendibles en el pizarrón, nos pedía que las copiáramos y las resolviéramos, ya que terminaba de escribirlas nos decía: “ahí están, traten de resolverlas para que estrenen el cerebro”. Ese era nuestro profesor de matemáticas, para él éramos unos idiotas que no pensábamos, para él nuestro cerebro no tenía actividad neuronal.

Ya en la escuela normal como alumno recuerdo a otra “joyita pedagógica”, él era el profesor de ciencias sociales, era un profesor grosero, abusivo con los alumnos y acosador sexual con las alumnas, si hubiera existido en aquel tiempo el tema de acoso sexual tan castigado como ahora, seguramente hubiera completado tres cadenas perpetuas por la comisión de ese delito. Osado era ese profesor con las normalistas, cuando surgía algún barrunto de acusación expresaba: “Háganle como quieran, a mí me la van a pellizcar “ (En realidad decía otra palabra). Esto resulta inexplicable en la institución en la que forman profesionales de la educación. Malo y nefasto era este profesor, nada que aprenderle, solo hay que evitar ser como él.

En la Universidad Autónoma de Sinaloa, tuve en la escuela de derecho a un profesor que siempre llevaba las camisas arrugadas, mal peinado y mal calzado, recuerdo que sentaba en primera fila a su esposa y cada vez que terminaba un dictado o una explicación, iba y le preguntaba a su esposa “cómo me viste mija”. Ese maestro tenía el apellido de un gobernador, era sobrino de un mandatario que ocupó la silla gubernamental, era un pésimo profesor, con poca, pero muy poca idea de lo que significa ser un profesional de la educación y trabajar en educación superior.

En la misma centenaria institución que justamente este año cumple 153 de existencia, específicamente en la escuela de idiomas de Los Mochis, institución educativa que la representación social solamente la identifica como centro de idiomas, ahí tuve un profesor que nos trataba muy mal, era muy bueno para la enseñanza del idioma inglés, pero en su trato era muy ofensivo. “A ver sidosos pongan atención” nos decía, en aquel tiempo nadie protestábamos a pesar de que en su clase estábamos alumnos diversos en edad, situación laboral e intereses.  Ante tal referencia, no fueron pocas las ocasiones que calmé a un compañero llamado Heriberto, porque cuando el profesor profería ese adjetivo, me decía Heriberto “ahora si le voy a partir su madre a este cabrón”, fueron varias las veces que lo detuve, y por esa razón, la cosa no pasó a mayores. Pero si recuerdo muy bien eso de sidosos. Era en suma un mal profesor este del centro de idiomas de Los Mochis.

Este es mi caso, solo son cinco, pero los suyos pueden ser otros tantos. La consigna es no ser como estos malos mentores que mucho daño le han hecho a la educación. Decía mi abuela cuando a juicio de ella pecábamos de presumidos de nuestros logros, “puras ganadas, también las perdidas se cuentan”. En este escrito quise hacer alusión a las perdidas, también de ellas hay que sacar aprendizajes, esa es la intención. Al menos, no ser como ellos. Cierro mi contribución con una expresión de la investigadora norteamericana Linda Darling: “Los docentes no nacen, se hacen”. Ya ven que se puso de moda en el país esto de pedir pruebas, les ofrezco una disculpa por omitir los nombres de los mentores, por cierto, fueron todos hombres. ¿Habrá malas maestras?

 

Comentarios

Ian dijo…
Me quedé perplejo, doctor, con este escrito. Qué preocupante ese ambiente escolar del que habla, y es un gran reflejo de la situación de un sistema educativo donde el nepotismo y las palancas mandan. Sobre la pregunta al final, sí hay malas maestras. Maestras terribles que hacen llorar a los chiquillos de kínder, pero somos más los buenos, y por cada mal maestro que influye negativamente en la vida de un alumno, hay otros tres que buscan sacarlo adelante. ¡Saludos!
Estimado Dr. Adán, la docencia, como todas las actividades sociales, alberga individuos y voluntades que suman y que restan a la convivencia y a la Cultura. Y sería interesante que hiciéramos un conjunto de relatos que narren la otra cara de la educación: la de los malos profesores y las de las maldades que sufren los profesores; que de todo hay en la bila del Señor.
Saludos y felicitaciones por este revelador relato personal.
Su amigo, José Manuel Frías Sarmiento
Ana Arredondo dijo…
Dr Adán, hay muchos renglones de su texto que ameritan un diálogo profundo , ya tenemos tema para su programa de radio, pero también sería interesante investigar si en los días actuales hay "perdidas" tal vez ya no se delatan con un borrador volando por el aula, porque para empezar ya no se usan. Como siempre usted deja líneas para muchas reflexiones . Saludos cordiales Ana Isabel Arredondo López
Anónimo dijo…
Estimado Ian, respetado maestro Frías, admirada Ana Isabel, valoro mucho los comentarios al texto, más los valoro porque vienen de ustedes, personas con juicios profundos sobre esas cosas de la educación, de los maestros y de las escuelas. Les mando un saludo afectuoso desde Los Mochis Sinaloa. Feliz día del maestro en versión 2026.
Marité Ibarra dijo…
Buen día profesor Adán. Qué ciertas son las palabras de su texto, hay de todo en la villa del Señor, y así es todas las profesiones, pero en la docencia debería haber menos por la naturaleza de la profesión.
Muy honesto como debe ser, ver las realidades, lo bueno y lo malo de cada cosa.
Profesor le mando un fuerte abrazo hasta los Mochis.!!!

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