15 de Mayo, Día del Maestro
“Hay personas que pasan su vida intentando encender algo en los demás”
SIN
AMOR NO HAY CONOCIMIENTO Y SIN CONOCIMIENTO NO HAY AMOR
—Celso
Gilberto Guzmán Félix
Hay
personas que pasan su vida intentando encender algo en los demás.
No
siempre se nota. A veces parecen solamente figuras comunes atrapadas dentro de
una rutina interminable: llegar temprano, repetir palabras, escuchar silencios,
mirar rostros cansados y volver a empezar al día siguiente. Pero detrás de esa
aparente normalidad existe un desgaste que casi nunca se menciona.
Porque
hay un peso invisible en quienes dedican su vida a acercar el mundo a otros.
Un peso
que no nace únicamente del trabajo, sino de la responsabilidad constante de
intentar formar algo humano en medio del cansancio, la indiferencia y el ruido.
De tratar de sembrar curiosidad en tiempos donde todo parece distraer. De
seguir creyendo en las personas incluso cuando las personas dejan de creer en
sí mismas.
Muchos
de ellos llegan con problemas que jamás cuentan. Con preocupaciones económicas,
con dolores familiares, con sueños que alguna vez fueron distintos. Y aun así
continúan hablando como si nada ocurriera. Continúan sosteniendo espacios para
otros mientras por dentro intentan sostenerse a sí mismos.
Y quizá
eso es lo más difícil.
No el
cansancio físico. No las horas. No las exigencias.
Lo verdaderamente
difícil es seguir intentando tocar la mente y el corazón de alguien sin saber
nunca si aquello permanecerá. Es hablar durante años esperando que alguna
palabra sobreviva al olvido. Es mirar cómo generaciones enteras pasan frente a
ellos mientras poco a poco van dejando fragmentos de sí mismos en cada una.
Porque
nadie sale intacto de dedicar su vida a los demás.
Algunos
terminan endureciéndose. Otros aprenden a callar. Otros simplemente se cansan
de esperar interés donde solo encuentran costumbre. Y aun así regresan cada
mañana. No porque siempre tengan fuerzas, sino porque todavía conservan una
esperanza silenciosa: que alguien escuche de verdad.
Y tal
vez por eso duele tanto cuando el conocimiento se vuelve únicamente obligación,
número o apariencia. Porque aprender nunca fue solamente memorizar cosas.
Aprender también era descubrir el mundo junto a alguien que intentaba acercarlo
con paciencia.
Se nos
olvida demasiado rápido que nadie transmite realmente aquello que no siente
cercano. Nadie logra despertar curiosidad desde la indiferencia absoluta. Y
nadie aprende profundamente algo que jamás logró tocarlo emocionalmente.
Por eso
hay cansancio en esas miradas.
Porque
durante años han intentado recordarnos que comprender también puede ser una
forma de amar. Que enseñar no era imponer ideas, sino acompañar el difícil
proceso de convertirse en alguien. Que detrás de cada explicación siempre hubo
una persona intentando dar algo más que información.
Y quizá
el problema es que empezamos a olvidar eso.
Olvidamos
que hay personas gastando su voz para que otros encuentren la propia. Personas
que continúan explicando aun cuando sienten que nadie escucha. Personas que,
incluso agotadas, siguen creyendo que otro ser humano puede cambiar si
encuentra las palabras correctas, el momento correcto o simplemente a alguien
que no deje de intentarlo.
Porque
al final el conocimiento nunca ha nacido solamente de la inteligencia.
Nace
también de la paciencia. De la cercanía. Del interés genuino por el otro. Nace
de alguien que decide quedarse explicando aun cuando sería más fácil rendirse.
Y tal
vez por eso sigue siendo cierta aquella idea silenciosa que muchos olvidan con
el tiempo:
Que sin amor no hay conocimiento.
Y que sin conocimiento tampoco puede existir amor verdadero.

Comentarios
Ojalá y todos tus compañeros la leyeran, la compartieran y la analizaran en colectivo.
Ojalá y textos como éste que ahora nos regalas, sea un ejemplo para que todos escribamos de verdad.
Te felicito. Te agradezco la autenticidad del Pensamiento que se atreve a Pensar. Un abrazo. Mtro. José Manuel Frías Sarmiento