"Yo no era el docente estudiante de maestría, yo era el alumno aprendiendo, explorando, experimentando, hacía preguntas, recibía información valiosa"

 



LA TUTORÍA COMO NUNCA LA HABÍA EXPERIMENTADO

 

Julio César Soto Moreno

 

Si alguien me hubiera preguntado qué conocía de las comunidades de aprendizaje, tal vez hubiera respondido que un aula con su docente y alumnos conforman una comunidad de aprendizaje, pero después de haber realizado trabajos durante dos días con tutores comunitarios del Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE), durante las clases de la Maestría en Educación de UPES en la materia Proyectos de Gestión Educativa y Pedagógica, a  cargo de la Doctora Sara Lucía Gutiérrez Sarabia; la visión o creencia que yo tenía de ese concepto cambió totalmente.

Parafraseando lo que la Nueva Escuela Mexicana (NEM) describe como una comunidad de aprendizaje, es un espacio donde se da la interacción entre individuos para mejorar el proceso de la enseñanza-aprendizaje. Aquí es donde empieza la magia de la tutoría uno a uno, 28 tutores de CONAFE, nos esperaban sentados en su mesita con temas y materiales diversos para trabajar las tutorías de uno a uno, cada quién debía escoger el tema de su preferencia, había desde la historia de Culiacán, trabajos con CANVA, trabajo con las emociones, matemáticas… pero lo que llamó mi atención fue una cartulina en color negro con unas letras grandes que anunciaban La Teoría del Big Bang ¿Cómo surgió?, así que me senté en esa mesita.

Ahí se encontraba la maestra Yareli Sánchez, me senté, nos presentamos y comenzamos a dialogar para conocer un poco acerca de cada uno, nuestros intereses, trabajos, cabe aclarar que ella labora en una comunidad migrante en Villa Juárez, donde me dijo que las carencias están a  la orden del día, y en la escuela no es la excepción, pero que su labor la hacía con amor y dedicación ya que los niños merecen tener las oportunidades aún a costa de todas las carencias. Yo le hablé de mis intereses, mi trabajo como docente de UPES, de inmediato me comentó que ella al principio se sentía insegura y con muchos nervios, al saber que daría tutoría a alumnos de maestría, a lo mejor con mucha preparación, ¿Qué les puedo enseñar? Se decía a sí misma.

También yo le expresé que aparte de la docencia, me gusta pintar, dibujar y hasta escribir, eso le sirvió para tomar en cuenta mis intereses y me pidió que realizara un cuento (el cual luego les compartiré), como parte del proceso de aprendizaje de estos dos días de trabajo, lo cual me agradó bastante; ya que ellos trabajan de ese modo en CONAFE, toman en cuenta lo que los niños quieren aprender y de ahí preparan sus clases para tener un aprendizaje significativo en ellos. Entrando en materia ella me preguntó por qué me había interesado por su tema, qué tanto conocía, yo le contesté que sabía lo que miraba en los videos o documentales, ya que no recuerdo en mi educación haber escuchado algo acerca de este tema, a lo mejor si lo explicaron, pero no lo tengo registrado en mi memoria.

Con esta información empezó con su tutoría, me dio la información acerca de la Teoría del Big Bang que fue propuesta por el sacerdote católico y físico belga Georges Lemaitre en el año de 1927, ella, con sus palabras me explicaba acerca de ese primer átomo o punto primigenio del que se supone surgió el acontecimiento, para capturar más mi atención, de entre sus materiales sacó un globo y me dijo que lo inflara muy poco y que le hiciera un nudo fácil de liberar, una vez que hice esto, ella me dio un plumón y me pidió que dibujara el sol en la parte opuesta al nudo, y a partir de ahí, dibujara las orbitas y los planetas de nuestro sistema solar.

Al hacer esto, me dijo que soltara el nudo y que inflara más el globo a medida que lo hacía el dibujo parecía agrandarse o estirarse, eso que mira, me comentó, es la representación de lo que le sucede al universo en el espacio, se expande y esa expansión no se detiene, lo que me fascinó de este relato y experimento fue que ella loa había trabajado con los niños del multigrado que ella atiende y con cada uno de ellos tuvo que adaptar la información para que la comprendieran, y con cada participación tomaba ideas para mejorar el tema, yo estaba como niño de primaria imaginando el suceso, razonando lo científico con lo religioso, de la creación por una explosión a la creación por lo divino.

Yo no era el docente estudiante de maestría, yo era el alumno aprendiendo, explorando, experimentando, hacía preguntas, recibía información valiosa, algo que yo desconocía totalmente y que aquí lo aprendí, fueron unos datos curiosos que me proporcionó la maestra Yareli, un de ellos es que el universo no tiene un centro como tal, la cabeza me explotó, por orden yo pensé que, como la galaxia tiene como centro al Sol, creía que el universo debía tener un centro establecido, pero no, ese es un dato nuevo que integro a mi conocimiento, también desconocía que el sol tarda 250 millones de años en dar la vuelta a la galaxia, o que el universo es “plano”, vaya que se aprende algo nuevo cada día.

Durante el proceso de tutoría, la maestra Yareli me estuvo guiando, aportando las ideas que había preparado, me bridó el material necesario, y, sobre todo, lo que me gustó, fue su entusiasmo por explicar el tema, a pesar de su nerviosismo, me gustó la oportunidad de compartir puntos de vista, la forma que guio la tutoría para concretar el aprendizaje de manera significativa. Nunca había trabajado con esta modalidad de la tutoría uno a uno, fue muy enriquecedora, el saber cómo cambia la perspectiva cuando tienes a alguien que se preparó para trabajar y brindar toda la información, y la parte de trabajar como una verdadera comunidad de aprendizaje como la que se formó en estos días. Además del vínculo y la empatía que se generó entre ambos por compartir temas e intereses en común.

Las comunidades de aprendizaje en la NEM son importantes, vivirlas de manera presencial, me abrió un panorama diferente, la experiencia de ser parte de una tutoría personal reafirma mi compromiso con la educación, es una oportunidad de reconocer el trabajo y el tiempo de alguien que dedicó dos días de su tiempo personal, aún a costa de no recibir algún estímulo económico, sino por el compromiso con el desarrollo de sus actividades de figurativas educativas en las regiones con más necesidades.

Agradezco a la doctora Sara Sarabia y a la UPES Y CONAFE, por promover este tipo de actividades que permiten un aprendizaje significativo, ya que pasamos de los que se menciona en las teorías escritas en los libros, a la acción directa en el campo, dentro de las aulas, que es donde se da el aprendizaje, a través de las interacciones los materiales y el diálogo y toda la información que con tanto esfuerzo prepararon para cumplir con su labor y brindarme… “La tutoría como nunca la había experimentado”.


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