“Vuelve a tus sentidos, vuelve a ser la bella poeta Lidia de antes y entonces, sólo entonces, leeré tu poemario de nuevo…”
EL POEMARIO DE LIDIA
Marité Ibarra
¡Lidia,
oh hermosa Lidia! Deja de escaparte en otoño, deja de visitar la arboleda. Ya
no escuches más, ya no escribas más sobre tus delirios disfrazados.
No
me gusta leerte, aunque me agrada verte pensar y soñar, cuando te pintas tus
labios color escarlata, cuando maquillas tu cara con polvo de arroz.
No
logro entender lo que escribes, no quiero verte más entre árboles saltando
enredada entre serpientes, a ellas les gustas y por eso te hablan como a Eva,
la cual halló su desgracia por escucharlas. Te he visto en el camino hacia el
pequeño bosque, entre rayos de luz que escapan de las copas de los árboles.
Ya
no Lidia, ya no te vayas a escribir en las profundidades de tus pensamientos o
más bien en los pensamientos de las serpientes con las que siempre estás,
aquellas que te hablan al oído, esas que meten su delgada lengua negra a tu
oreja y te susurran, te hablan, se comunican contigo, y tú acostada en el
sendero de rocas con los ojos cerrados, cubierta de hojarasca chamuscada.
Parece tu funeral cuando estás tirada e inerte, sé que estás pensando, sé que
te levantarás a seguir escribiendo en tu poemario.
Después
de un largo rato, te levantas, te pones en marcha, te quitas de tu largo
cabello las hojas muertas y las serpientes deslizándose de tus piernas y de tu
delicado vestido de encaje café.
La
noche se acerca es hora de regresar, no, no quiero leerte hermosa Lidia, no sé
lo que te hayan hablado las serpientes en esta tarde, simplemente quiero que
seas tú y no ellas, quiero verte a ti y
no a los ojos de las malditas serpientes, quiero tocar tu tersa piel, no la de
ellas.
No
me enseñes tu poemario, no quiero escucharte más, no quiero enredarme en tus
fantasías difíciles de entender como si se tratara de otro idioma, como si
jugaras con las palabras, pero sé que es el lenguaje de ellas más no el tuyo, a
eso vas a la arboleda, a que te dicten sus designios, cada vez te pareces más a
ellas.
Esas
serpientes no son buenas, sólo te manipulan, deja ese libro tuyo y escribe
otro, otro que sea completamente diferente, como los de antes, de tus
pensamientos que son limpios y puros. Ya no te vayas más, el invierno se
aproxima, es hora de que estés en casa, y te alejes de las serpientes que te
regalan sus pensamientos torcidos, vuelve a tus sentidos, vuelve a ser la bella
poeta Lidia de antes, y entonces, sólo entonces leeré tu poemario de
nuevo…

Comentarios
Un gran saludos para todos los compañeros literarios.
El texto me hizo recordar a otra serpiente (u otras) que en letras, en lenguaje artístico u otras expresiones nos hacen ver venenosas, peligrosas, malas para el humano. Pienso que todo tiene su razón de ser en esta vida...
Te saludo con agrado.
Las serpientes siempre evocan recuerdos y conexiones de todo tipo, según sea el contexto en que se presenten.
Agradezco mucho tu atención.
Seguimos en contacto y recibo tus saludos con gusto.