"Es un cúmulo de historia y de arte la que hay en el Palacio Real de Madrid"
PALACIO REAL DE MADRID
José Manuel Frías Sarmiento
Aunque ya no es la residencia oficial de los Reyes, sigue siendo el edificio más icónico de la monarquía española, desde hace casi 300 años que Carlos III lo habitara como el primer Rey que viviera en él, allá por el año 1755, diecisiete años después de que se pusiera la primera piedra, en 1738.
El último Rey que nació y vivió en él hasta su retiro voluntario de España, tras la proclamación de la Segunda República, fue Alfonso XIII de España, llamado también El Africano, quien fuera Rey desde su nacimiento, por la muerte repentina de su padre Alfonso XII. Estando la viuda del Rey embarazada, la sucesión se aplazó hasta que dio luz a un varón al que reconocieron de inmediato como Rey, con el nombre de Alfonso XIII; aunque oficialmente asumiera la Corona el 17 de mayo de 1902, a los dieciséis años de edad.
Después de Alfonso XIII, hubo otro Jefe de Estado, Manuel Azaña, que lo habitara como Presidente de la Segunda República y en ese periodo se le conoció como Palacio Nacional. Como evidencia quedó, a un lado de la Capilla Real, un espacio conocido como el Despacho de Azaña.
Es una de las pocas residencias oficiales de Jefes de Estado abiertas al público. Recibe un promedio de 1,5 millones de visitantes por año que disfrutan de la historia y cultura que se respira en todos los aposentos que se permiten ver, porque algunos se reservan sólo para visitas especiales; ya que aunque no viva la Familia Real en este Palacio, aún lo utilizan para recepciones oficiales, como la cena brindada a los personalidades internacionales que asistieron a la Jura de la Constitución de la Princesa Leonor, al cumplir los 18 años de edad.
En 12 años más cumplirá 300 de haberse puesto la primera piedra para su construcción, por lo que al entrar en él accedemos a un recinto lleno de historia, de glamour, de opulencia, de arte, poder y gloria terrenal amparada en una suerte de poder religioso espiritual ofrecido desde la Catedral de la Virgen de la Almudena, que está nomás cruzando la explanada principal, y refrendado a diario en la Capilla Real aposentada en la segunda planta de tan impresionante edificio inaugurado por Carlos III, como el primer monarca español que viviera y despachara en él, a partir de 1745, diecisiete años después de que Felipe V encargará su construcción al arquitecto Filipo Juvara en el solar que dejará libre el incendio del antiguo Alcázar. Esa tragedia permitió que el Rey ordenara un Palacio más grande, moderno y elegante que cualquier otro de Europa, incluido el de Versalles en Francia y el de Buckingham en Inglaterra, que fácilmente cabrían ambos en él.
Pero Filipo nada más lo diseñó porque al morir, fue su discípulo Juan Bautista Sacheti quien continuara con las obras al poner la primera piedra en 1738, cuatro años más del voraz incendio que arrasara el Palacio anterior construido con mucha madera, por lo que se decidió utilizar un material de no tan fácil combustión. Y de ahí surgió este bello e impresionante monumento arquitectónico, histórico y cultural que ahora visito por dentro por primera vez y que alberga y representa una enciclopedia artística, histórica y cultural que apenas si alcanzo a atisbar en esta primera visita que por 18 euros pude realizar.
Este Palacio es enorme, pues tiene una superficie de 135'000 m2 y 3'418 habitaciones, y se sitúa en la parte más occidental de la ciudad, sobre el solar que el antiguo Alcázar dejó tras sufrir un devastador incendio en 1734. Para el nuevo edificio, se planteó una estructura de planta cuadrada articulada en torno a un gran patio central, también cuadrado que, visto por donde sea, es una construcción impresionante y de grandes proporciones que nos hablan de expertos arquitectos, ingenieros y albañiles que alzaron, no sólo el edificio más grande para un Palacio, sino el Museo más impresionante de la fastuosa vida cotidiana de una realeza de muy alto abolengo en las Casas Imperiales de las monarquías europeas.
Ahora, muchos años después, recuerdo que en la Escuela Técnica Industrial y Comercial # 23, de Culiacan, Sinaloa, tuve los primeros atisbos de estas historias, cuando apenas era un plebillo recién egresado de dos escuelas rurales federales, en los que a tropiezos y empujones estudiara los seis grados de una educación primaria que me llevara a pensar un poco más de la esquinita que me permitió mirar, aunque fuera en libros, lo que ahora miro y respiro tan de cerca que casi huelo y escucho el trajinar de aquella época contenida y expresada en tantas obras de arte que alberga este Palacio y que cobra vida en el vibrante y emotivo cambio de la Guardia Real, que se realiza el primer miércoles de cada mes, y que ayer me tocara presenciar junto a mi esposa Rosina, mí hija Lizbeth y su esposo Daniel.
Su magnificencia se incrementa con los amplios y hermosos jardines que rodean el edificio, como el Campo del Moro, cercanos al río Manzanares, y los Jardines de Sabatini, situados en los terrenos de las antiguas caballerizas reales. Estos jardines son de libre acceso y muchas personas de distintos países acuden a verlos y a tomarse infinidad de fotografías y vídeos para conservar un trozo de la monarquía que diera paso a la España que ahora estamos aprendiendo a conocer.
Es un cúmulo de historia y de arte la que hay en el Palacio Real de Madrid; cada espacio como El Salón del Trono, La Capilla Real, La Escalera Principal construida en mármol y granito, con una bóveda que representa el triunfo de la religión y la fe. Es una amplia escalera con dos leones de mármol que rematan el primer rellano, a los pies de la estatua de Carlos III vestido a la usanza de los emperadores romanos. Es tan bella esta Escalera que cuenta la leyenda, que al verla, el mismísimo Napoleón comentara que era mejor que la del Palacio de Versalles.
Y como esta bella obra de arquitectura, que da paso a la planta noble del Palacio y se utiliza en ceremonias de visitas de Estado, el Palacio Real de Madrid, contiene muchas otras maravillas, como un conjunto de cuerdas (chelo, violonchelo y violines) creadas por el genio de Stradivarius; varias vitrinas de vajillas de plata y de cristal; tapices y pinturas de gran volumen y calidad artística; jarrones con decoraciones y paisajes pictóricos de aves, leones, personajes y naturaleza; así como esculturas griegas y romanas de la antigüedad.
Es, a grandes rasgos, una mirada superficial a un monumento arquitectónico que mezcla por fuera un estilo clásico, matizado por dentro, con detalles moriscos, barrocos y neogóticos que son, sin duda, un deleite y una gran oportunidad artística y educativa para verlo, conocerlo y aprender un poco de historia, al contar y recordar haber estado afuera y dentro de la atmósfera cultural que se respira en su interior.
Comentarios
Saludos, su amigo, José Manuel Frías Sarmiento
Saludos y gracias por leer y comentar en vacaciones.
José Manuel Frías Sarmiento