"Empiezas a darte cuenta de cosas que antes no, empiezas a notar cuando algo no está completo. Cuando algo no alcanza, y eso es peor, porque antes no lo veías y ahora sí y ya no puedes hacer como si no"
LA AGUJA MÁS FILOSA
Alejandra Montoya
Hay algo raro en ese profesor
No se ve, nadie lo dice, pero está. Se siente desde antes de entrar, como cuando sabes que algo no te va a dejar igual, aunque no sepas por qué, a las 7:58 ya estamos todas en ese salón
Demasiado temprano para que sea casualidad
Nadie lo comenta, pero nadie llega tarde como si perder unos minutos fuera perder algo que no vuelve, como si el salón estuviera esperando a que entremos y cuando entras… cambia
No la puerta
Tú
El profesor Frías no tiene que hacer mucho, no levanta la voz, no pide silencio, pero sobre todo no explica como los demás, hace algo peor...deja cosas incompletas.
Habla y deja espacios donde deberían ir respuestas, dice cosas que parecen completas, pero no lo son, te da algo… y luego te deja con eso, sin cerrarlo.
Y tú te quedas intentando llenarlo.
Y al principio crees que puedes.
Juntas ideas, tratas de seguirle, te convences de que sí estás entendiendo. Pero hay un momento (ni sabes cuándo) en el que ya no.
Y de pronto no estás entendiendo, estás persiguiendo, como si lo que dijo se quedara dando vueltas y tú fueras detrás, sin alcanzarlo.
Eso es lo incómodo.
No es no saber...es sentir que casi sabes.
Sales de la clase con algo ahí.
No es una idea clara, no es algo que puedas explicar es más como una sensación que no se acomoda, que se queda contigo, aunque no quieras pensar en eso.
Y entonces puedes empezar a escribir
No tanto porque te lo pidan, sino porque si no lo haces, se queda ahí, dando vueltas, estorbando.
Escribes para ver si así se ordena.
Y en el papel parece que sí, que por un momento todo se siente más claro, más tuyo, como si ahora sí tuviera sentido.
Pero luego lo lees en voz alta… y no.
La voz cambia, te trabas, dudas, lo que parecía claro... ya no lo es tanto
Y se siente raro, porque sabes que eso que escribiste sí era tuyo… pero ya no suena igual.
Y él no dice nada mientras lees.
Solo espera, te escucha, como si supiera exactamente en qué momento algo se va a caer y pasa, cuando terminas, dice poco, pero lo suficiente para que se quede, no porque sea mucho, sino porque sabes que hay algo ahí que no lograste sostener.
Y eso ya no se te quita, ahí es cuando empieza a cambiar algo, no de golpe, no de forma clara.
Pero empiezas a darte cuenta de cosas que antes no, empiezas a notar cuando algo no está completo.
Cuando algo no alcanza, y eso es peor, porque antes no lo veías y ahora sí y ya no puedes hacer como si no.
Aun así, vuelves, aunque incomode, aunque a veces no quieras, aunque salgas con más dudas que respuestas, vuelves porque algo pasa ahí, algo que no entiendes bien, pero que se queda contigo y poco a poco te das cuenta de que no es la clase, es ese maestro que no terminas descifrar.
Y podría quedarse así.
Como la historia de cualquiera, como algo que le pasa a todos los que entran a ese salón, como otro alumno más intentando alcanzar algo que no termina de entender.
Podría ser eso.
Alguien cualquiera, sentado a las 7:58, escribiendo sin saber exactamente qué está persiguiendo, fallando al decirlo en voz alta, regresando, aunque no quiera.
Podría ser cualquiera.
Pero no.
Soy yo.
Yo, quedándome con ese ruido después.
Yo, dándole vueltas a lo mismo sin soltarlo.
Yo, siendo alumna del profesor Frías.
Yo, frente a la aguja más filosa... sin saber todavía cómo sostenerla.
Comentarios
Saludos, Mtro. José Manuel Frías Sarmiento