"Emigrar no sólo es cambiar de país. Es aprender a vivir con el corazón dividido. Es aprender a amar en la distancia. Es aceptar que habrá despedidas que nunca dejarán de doler. Pero también… es aprender a agradecer"
YA LOS EXTRAÑO
Lizbeth Frías
Aún no se han ido, ya los extraño.
Su visita lo ha sido todo para nosotros.
Ha sido casa, ha sido calma, ha sido volver a ser esa niña sin tener que pensar en nada más que en disfrutar de ustedes. Escuchar sus voces por la casa, verlos sentados en el salón, preguntarles si ya comieron… ponernos a ver la tele juntos…
Pero también hay algo extraño dentro de todo eso, porque esta vez no sólo era su hija, también era un adulto más.
Un adulto que quería que todo saliera perfecto, que pensaba si estaban cómodos, si descansaban bien, si estaban disfrutando, si les faltaba algo.
La que quería, con todas sus fuerzas, darles aunque fuera un pedacito de todo lo que ustedes me dieron a mí durante tantos años o, sobre todo, de las vacaciones que ustedes me daban.
Y digo que es extraño porque es muy bonito pero también es muy fuerte…
Porque mientras me sentía pequeña a su lado, también sentía como una realidad que no había sentido antes y que no paraba de pasar por mi mente:
Ya crecí.
Ya tengo mi vida.
Ya tengo mi hogar.
Ya tengo camino junto a mi esposo… incluso, si ese camino me llevó lejos de ustedes.
Una mezcla muy difícil de explicar.
Sentirme protegida cuando estoy con ustedes…
Pero al mismo tiempo sentir que soy yo quien quiere protegerlos.
Reírnos, pasear, disfrutar como siempre..
Pero por dentro, saber que esto es temporal y tiene fecha de caducidad.
Ahí también llega la ansiedad, esa que aparece como de costumbre y sin avisar.
Esa que se cuela en momentos felices y susurra: “¿Y cuando se vayan?”
Y entonces te empiezas a imaginar la despedida en el aeropuerto antes de tiempo, y ese abrazo largo que nunca es suficiente..
Nostalgia por lo que está pasando ahora.
Por lo que sé que voy a extrañar.
Por lo que ya no será cotidiano cuando vuelvan a su vida… y yo a la mía. Volver a sentir el silencio…
Y aunque lo entienda y sé que es parte de las cosas que nadie te explica cuando migras, es así…
Puedes tener una vida hermosa, plena, llena de amor… Y aun así sentir este vacío cuando tus padres se van.
Puedes estar exactamente donde quieres estar… y aun así querer, por un instante, que todo fuera como antes.
Porque emigrar no sólo es cambiar de país.
Es aprender a vivir con el corazón dividido.
Es aprender a amar en la distancia.
Es aceptar que habrá despedidas que nunca dejarán de doler.
Pero también… es aprender a agradecer.
Agradezco que pudieron venir.
Que compartimos risas, comidas, paseos.
Que llenaron este hogar con amor y calidez que sólo ustedes saben dar.
Y aunque me cueste, aunque me duela, que ya no los voy a poder ver sino hasta casi año y medio, también sé que todo esto es parte de la vida que elegí.
Y que amar así…
Con tanta intensidad, con tanta distancia, con tanta verdad… también es un privilegio.
Gracias por venir.
Gracias por seguir siendo casa, incluso a kilómetros de distancia.
Y perdón si el día de la despedida no sé cómo soltarles la mano.
Gracias por todo
Su hija Lizbeth
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