“El patio del abuelo / antes lleno de risas / ahora, silencio”
MI PRIMER INTENTO DE ESCRITURA
Yazmín Lares
Mi
primer intento de escritura fue a los 9, un haiku mediocre nacido por una
disculpa. Había tirado el café del abuelo en su periódico y ya no lo pudo leer.
Aún
recuerdo todavía las palabras tan simples, escritas con una mano temblorosa y
en una hoja de papel mal recortada se leía;
El
patio del abuelo
antes
lleno de risas
ahora,
silencio.
Mi
abuelo lo leyó y soltó una carcajada genuina, me acarició los cabellos de
manera que parecía más a esas caricias que se le dan a un perro, y guardó el
papelito en su billetera. No me dijo nada, pero entendí que le había gustado
pues me dejó estar de metiche mientras arreglaba un abanico.
Nunca
pensé que ese pequeño accidente me diera la entrada a lo que luego se convirtió
en mi refugio. Escribir para mi no era una distracción, sino una manera de
expresarme ya que pasaba mi tiempo más sola que con los otros niños del barrio.
Desde pequeña siempre fui muy enfermiza, afección que hizo que mi familia no me
dejara salir de la casa, a veces jugaba con los otros niños o con mis hermanos,
pero me molestaba pasar mucho tiempo con otros y volvía a mi cuarto. Me gustaba
la calma, el silencio, jugar con mis reglas y mis tiempos.
Así fue
como empecé a llenar cuaderno tras cuaderno con relatos tontos, poemas sin
sentido o simples divagaciones. A veces me servían de diario, otras veces como
formas de anotar cosas que me parecían interesantes o me gustaban.
Cuando
uno es pequeño todo le parece interesante, supongo, pero en cierta manera un
niño no puede dejar de asombrarse a su alrededor. Todo lo nuevo es una
posibilidad y se escribe desde una mente mas inocente y abierta, sin malicia
diría mi abuela, más flexible a los errores.
Ahora
la escritura no me viene tan rápido como antes, parte porque he dejado el
hábito de hacerlo todos los días, y porque siento que mis textos son
inferiores. De poco a poco se enraizó en mi mente la idea de que todo lo que
escribía no tenía validez.
¿Para
qué sirve escribir si no escribo tan bien como otros?
¿Por
qué me quemo la cabeza tratando de llenar paginas si hay alguien mas que
escribe mejor que yo?
¿Vale la pena hacer el intento o debería de
dejarlo así?
Después
de todo si no lo intento nunca voy a fracasar y no me sentiré mal.
Y si no
escribo mi basura intelectual nadie estará forzado a contaminarse de ella.
Leía
los textos de otros y sentía que lo que yo creaba no importaba, yo no tenía
algo importante que decir, ¿no? Nada revolucionario que fuese a cambiar el
mundo literario.
Pero he
aquí la contradicción de la idea, mis palabras si tenían importancia. Decir que
mis letras no eran validas solo por no ser innovadores, no era real. Yo no
escribía por proyectar cierta imagen o por tratar de alcanzar la fama, no, mi
necesidad de escribir venía de algo más simple; la simple necesidad del
desahogo, de plasmar mis sentimientos porque me daba vergüenza decirlos, porque
sentía que no debían de saberlos y eventualmente se convertían en agua que se
desbordaba hasta llegar a mis hojas. Y mis palabras si tenían importancia, me
lo había demostrado mi abuelo cuando guardó mi intento de haiku por varios
años, mi familia cuando leían lo que escribía.
Yo
escribo para comunicarme con los otros, para que me entiendan, para conectar
con otros y supongo que eso es válido.
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