“A veces me pregunto si dejé algo atrás, o si logré traer conmigo algo de allá. No lo sé. Solo sé que ese día fue el último día que de niña fui a terapia”
EL PRIMER NUEVO DÍA
Solangel Méndez Ruiz
Es
martes, y debo ir a mi sesión terapéutica. Mamá dice que voy a jugar y dormir
un ratito, debo hacer todo lo que me indiquen, vamos con una Maestra que mi
mamá le dice doctora, pero yo la veo dando clases quién sabe por qué le dirá
así.
Me subo
a la camioneta de mi mami, nos vamos juntas por el camino que ya se sabe, me
viene contando todo lo que debe hacer después y lo que deja de hacer por tener
que llevarme “al fregado doctor”, no me incomoda pues a veces me quedo pensando
en que será ese pequeño tronido detrás de mis orejas cuando muevo mi cabeza,
como cuando la rodilla rechina con un movimiento que la acomoda en su lugar.
En el
salón hay un pizarrón grandote, unas sillas, grandes, unas chiquitas, unas de
mi tamaño, una mesita en el centro de una pared, a los costados unos libreros,
la mesita tiene muchos juguetes, siempre esta tirado, no como “al otro lado”
ahí siempre esta ordenado, ese es el lugar para los adultos, dice mi mamá.
Mamá
siempre que me trae habla con la maestra mientras me dejan jugar, me gusta ir
por el juego en donde no debes tocar el alambre fijo con la cuenta móvil, dice
la maestra que ese es el que más me va a funcionar, no sé qué tengo, ni porqué
me traen, sólo sé que me gusta este lugar, puedo reírme sin parar, puedo
sentarme y contar hasta cien sin perderme, aquí puedo hacer muchas cosas que en
mi casa debo cuidarme para que “no me cachen” que las estoy haciendo.
De
repente, la maestra abrió la puerta, una puerta que siempre roba mi atención,
pero por segundos, jamás la he traspasado, no sé qué habrá más allá, se ve azul
clarito como que tiene este material que va en el piso, o en la pared del baño,
tiene una lampara enorme gris y tiene un mueble como de esos que usan los
doctores, pero ese está en medio, bajo aquella lampara.
Sale,
me sonríe, le devuelvo la sonrisa. No me interesa, sólo quisiera poder pasar
bien este juego, que después de varios intentos mejor cedo y juego algún libro.
En este lugar tienen libros de diferentes formas, tamaños y no sé… como que son
de diferente material porque hay unos que por dentro se sienten así como
suavecitos, otros hacen ruido, pero a mí me gusta uno, que tiene algo, una
especie de globo relleno porque dentro se le siente algo, cuando la toco siento
como mis pies se relajan, mis dedos se des contraen, mis piernitas se resbalan
por el suelo y mis hombros caen, escuchando siempre un pequeño tronido detrás
de mis orejas, como si las miles de bolitas que están dentro me quitaran un
sentir, no sé qué es, pero me gusta.
Es ahí cuando siempre recuerdo: “aquí puedo quitarme mis zapatos y usar unas botellas en las plantas de mis pies!”. ¡Aquí sí puedo estar descalza!; Ah, lo olvidaba, debo esperar a que se vaya mi mamá, me dijo la maestra que esto es un secreto, y que debemos guardar ese secreto.
-“Ya
vez, no lo hace, porque le dije que era un secreto, entonces ahí hay que
atender las confianzas de…”
¡Mira!
Hoy sí hay agua, muero de sed, me gusta el dispensario, tiene flores, tiene
color azul para frío y rojo para caliente, y el caliente funciona, qué genial
en ningún lugar lo he visto funcionar, ¿a qué sabe esta agua caliente? ¿Sabrá
diferente?
-
Ah, bueno, entonces así le hacemos
-
Sí. Vamos María, hoy nos toca sesión aquí.
Me
decía la maestra mientras me hacía gesto de que fuera a su lado y abría la
puerta del otro cuarto.
-
Vas a subirte aquí en el banquito, con tus
manitas te impulsas y te subes a la camilla, ¿sale? Voy a ir preparando la
grabadora.
Es
exactamente como en el doctor, bueno, me subiré. Sí está difícil.
-
¿Quieres que te ayude?
Me
preguntó la maestra, pero yo, yo soy una niña grande, yo puedo.
Me
recosté, me siento nerviosa, nunca había estado aquí, me puedo reflejar en la
lámpara, que chistoso, cuantos cuadros en las paredes “cons- tan- cia”, una y
otra vez, qué será eso?.
Oi! Esa
música, qué agradable. Siempre me pone música menos movida, esta vez es
diferente, pero de repente me pidió acostarme, cerrar los ojos, y cuando menos
pensé estaba en el mar.
-HEEEEEEY!
¿Quién eres tú? – gritaban a lo lejos, tan lejos que se desvanecía con la
distancia aquel grito.
- Yo? –
Respondí, con duda, aunque, éramos las únicas dos existencias “humanas” ahí.
- Sí! Tuuu
Al dar
unos pasos para atrás y ver mis pies… ¡¿dónde están?! ¡Mis piecitos con
calcetas ahora son, unos pies de, ¿qué es esto?!, mis manos son… ¡Tampoco sé
cómo decirle a esto, solo sé que son otras!
Dónde
estoy, qué está pasando, iré a allá donde se ve la ciudad.
-
OYE TU! A dónde vas?! NOOOO. Jala la red!
-
Qué!.
- JALA LA RED! JALA LA RED! JA - LA - LA – REEED --- JALALAAAAA
- ¿Qué haces de nuevo aquí? Pensé que ya no te vería, desde que dijiste que esto ya no era para ti, que vivirías en la Tierra y que mejor, ya no regresarías, que este mundo es lo que te desequilibra.
-
No, yo, no sé, te juro que sólo estaba,
estaba yo en, la maestra, yo…
Ese
hombre sacó una jeringa y me la inyectó. Entonces entendí, pareciera que miles
de datos de conocimiento, de aprendizaje y de vida hubieran sido regresados a
mí.
Quién
diría que en mi columna, detrás de mi cabeza, justo un par de dedos por encima
de mi nuca, específicamente en ese punto ciego donde la columna y el cerebro
dejan de convivir creando una pequeña entrada, por donde el bisel de la aguja
se deslizaba hacia mi interior existiría la clave de la conciencia humana, la
que en mi había sido re inyectada.
Ya
había estado aquí, en mis sueños. ¿Por qué volví? Le pregunté con mucha intriga
al hombre, que se encontraba descargando una gran red de pescados, la cual
obviamente le ayudé a jalar, y arrimaba a la orilla su thung chai.
-
Vamos, te traje uno
Me decía
mientras sacaba una bolsa de organza tornasol, de esa cara, tejida por gusanos
de seda, esas bolsas son muy raras, ya que dichos gusanos suelen ponerse en
huelga muy seguido, pero eso ha sido histórico en LandLand.
Entre
cerraba los ojos intentando saber que sacaba, y ahí estaba, el globo con un
puro. Una forma muy rara de viajar en estas tierras, lo olvidaba – Expresé.
Procedimos
a llenar el globo con el resultado de la combustión del puro, amarró su thung y
nos dispusimos a ir, según, rumbo a la aldea.
-
Nada ha cambiado ¿verdad Naomi?
-
No, muchos menos desde que decidiste no
regresar. Los habitantes aquí necesitan alguien que les guíe que les ilumine el
cerebro, de qué sirve el progreso visual si las personas son las mismas por
dentro, con sus mismos conservadurismos. Muchos creen y se dice que no
escogiste bien, se rumora en las calles que el consejo quiere reasignarte.
-
No pueden hacerlo! Mi tiempo, los libros,
las bolitas, mi familia, mi mamá… mi hermana, mi mascotita...
-
Por eso te traje aquí, estarás bien por
unos días, pero debes regresar antes de que te encuentren.
Así
pasaban las horas, pues en este lugar el tiempo es asincrónico con la Tierra,
mientras más pasaba siempre recordaba que dejé a aquella niña, que debía regresar,
que había una misión que cumplir allá, que no sabía cuál era, pero nadie más
sabía tampoco, sólo sabía que si yo sabía regresar, podía siempre volver con
nuevas esperanzas, noticias o ayuda para la toma de decisiones en la
designación de padres.
- Mejor volveré, si están buscando reasignarme y no es mi deseo, mejor debo alejarme de lo que me aleja de mis objetivos, lo siento mucho Naomi, deberás seguir sólo, y cuando te toque tu turno, escoge bien, si todo sale como lo planeamos, si aprendes a leer los signos, códigos y todo lo que te enseñan en la escuela lo sabes aplicar, entonces entenderás mis señales, y podremos en la tierra juntos de nuevo estar, mientras, dales un beso enorme a pa y ma, aprende bien de ellos porque se puede olvidar en el trayecto del nacimiento, sólo recuerda mantener intacto tu cerebro, porque cuando quieras regresar, un poco de él debes dejar atrás.
-
Espera, la inyección
- Es
muy tarde ya.
Ese fue
el último día que mire a mi hermano menor, el recuerdo de su carita desvaneciéndose
detrás del incomodo sentir de una mioclonía hípnica.
-
Heeeey, Holaaa- Decía la maestra con tono
suave, con una voz melodiosa continuo:
“hoy dormiste muy poco, ¿quieres ya hablar? ¿Quieres contarme más de ese
lugar? ¿Cómo te sientes ahora que lograste regresar?.. o ¿Prefieres volver a
jugar?”
-
No maestra.
-
Bueeeeno, si es todo, ya puedes salir con
tu mamá – Lo dijo mientras hacía ese gesto que te hacen como de complicidad,
mientras te guiñan ambos ojos y te hacen una cara de despreocupación.
A veces
siento que eso no fue tan irreal, ese lugar lo visito constantemente, en mis
sueños suele estar, tomo atajos, sé dónde termina el mar y dónde empieza a
ciudad, incluso sé que puertas no debo abrir.
Lo
extraño es que ahora, cuando sueño, ahora me veo con otro avatar, qué curioso,
¿no? Pero sigo sabiendo cómo moverme ahí. A veces, intento quedarme más tiempo,
pero siempre pasa lo mismo, algo me despierta justo antes de tocar una puerta.
He
pensado mucho en aquella inyección, en el punto exacto donde la aguja entró.
Aquí.
A veces
despierto con la sensación de que olvidé algo importante por hacer, como si
hubiera dejado algo atrás, o a alguien. Siempre que despierto así lo hago
tocándome ahí, justo detrás de la nuca, como si algo hubiera estado conectado,
o desconectado.
A veces
me pregunto si dejé algo atrás, o si logré traer conmigo algo de allá.
No lo
sé.
Solo sé
que ese día fue el último día que de niña fui a terapia.
Y
cuando voy al mar, me imagino que hay alguien del otro lado, esperándome,
esperando que yo recuerde cómo regresar, esperando que no olvide cuál de los
dos mundos es realmente el mío.
A veces
me pregunto si la doctora también estaba tratando de recordar.

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