“Que leer también es una forma de escribir / Que cada vez que interpretas algo, lo modificas / Que cada vez que entiendes… lo haces tuyo”
Tu eres
el autor de este texto (y no puedes renunciar ahora)
—Celso
Gilberto Guzmán Félix.
Voy a empezar
aclarando algo importante: yo no quería escribir esto.
No es falsa
modestia, es honestidad incómoda.
De hecho, tenía
mejores ideas. Más claras. Más útiles. Incluso más respetables. Pero no,
terminé aquí, escribiendo exactamente esto que estás leyendo, lo cual me
convierte, para bien o para mal, en el autor de este texto.
Y a ti…
inevitablemente… en su cómplice.
Sí, cómplice. No
pongas esa cara.
Porque tú también
tienes algo de responsabilidad. Pudiste dejar de leer en el título, cerrar esto
y seguir con tu vida como una persona funcional. Pero no lo hiciste. Algo en
esa frase —“Tú eres el autor de este texto”— te picó la curiosidad.
Tal vez pensaste:
—¿Cómo que yo? A
este tipo algo le falla.
Y aquí estás.
Siguiendo.
Avanzando línea
tras línea como si en algún punto fuera a revelarse un secreto importante… que,
siendo honestos, probablemente no te va a cambiar la vida.
Pero bueno, ya
invertiste tiempo.
Ahora quieres
justificarlo.
Ahora bien,
escribir sabiendo que el lector está presente desde la primera palabra es
incómodo. Es como intentar pensar en voz alta mientras alguien te observa
fijamente… y no parpadea.
Yo escribo una
frase…
Y en ese mismo
instante imagino tu reacción.
(Sí, esa misma
cara que acabas de poner).
Eso cambia todo.
Ya no es sólo un texto. Es una especie de conversación rara donde yo hablo… y
tú respondes… pero sólo en tu cabeza.
Lo cual es
bastante sospechoso, si lo piensas.
Porque tú estás
participando… pero sin asumir responsabilidad.
Muy conveniente.
Y aquí es donde
empieza el problema de verdad.
Porque si tú
interpretas, completas y le das sentido a lo que estoy diciendo… entonces,
¿quién está escribiendo realmente?
Yo pongo las
palabras, sí.
Pero tú decides si
tienen sentido.
Yo digo “ironía”…
Pero tú decides si
reírte o quedarte serio como si estuvieras evaluando un examen.
Yo intento ser
profundo…
Y tú puedes
pensar:
—este tipo sólo
está dando vueltas y le da miedo llegar al punto.
(Y no
necesariamente estarías equivocado).
Así que
técnicamente, este texto se está escribiendo en dos lugares al mismo tiempo:
Aquí…
Y en tu mente.
Y eso es injusto.
Porque si el texto
sale mal, seguro me culpas a mí.
Pero si sale bien…
“wow, qué buena reflexión”.
Trabajo en equipo,
claro.
Pero uno de los
dos está haciendo más esfuerzo.
(No voy a señalar
quién, pero definitivamente no eres tú).
Aunque, siendo
justos, tampoco es tan simple.
Leer no es pasivo.
Mientras avanzas,
tomas decisiones pequeñas todo el tiempo. Decides qué frase te importa, cuál
ignoras, cuál te hace ruido, cuál te aburre.
De hecho, hay
partes de este texto que ya estás ignorando mentalmente.
Sí, ésa también.
Y ésta.
Y probablemente ésta…
aunque ya te diste cuenta.
Y luego están esos
momentos incómodos.
Cuando lees algo y
piensas:
—esto me suena
demasiado.
Pero no dices
nada.
Sólo sigues
leyendo.
Como cuando
alguien te dice “al rato lo hago” y tú sabes perfectamente que ese “al rato” es
un cementerio de intenciones… pero igual lo dices.
Y lo sigues
diciendo.
Y lo lees aquí…
Y haces como que
no es contigo.
Tranquilo, aquí
nadie está señalando.
Bueno… casi nadie.
Así que empiezo a
sospechar algo incómodo:
Tal vez el título
no estaba tan equivocado.
Pero no te
emociones demasiado.
No significa que
ahora puedas firmar esto con tu nombre y entregarlo como tarea.
Bueno… podrías
intentarlo.
Me imagino la
escena:
—Profe, yo no lo
escribí… pero sí lo pensé.
Silencio.
—Entonces, ¿es
suyo o no?
—Es… colaborativo.
Suerte con eso.
Ahora, si soy
honesto, hay algo ligeramente ridículo en todo esto.
Estoy escribiendo
un texto que trata de demostrar que no soy el único que lo escribe.
Es como si un
pintor hiciera un cuadro diciendo:
“yo no hice esto
sólo, el que lo mira también lo pinta”.
Suena profundo…
Pero también suena
a que alguien no quiere cargar con toda la responsabilidad.
Tal vez lo sea.
O tal vez es sólo
una forma elegante de decir algo bastante simple:
Que escribir nunca
es completamente individual.
Siempre hay
alguien del otro lado.
Aunque no lo veas.
Aunque no lo
conozcas.
Aunque esté
leyendo esto mientras come, se distrae, o revisa otra cosa al mismo tiempo.
(Sí, te pille).
Y aquí viene la
parte más incómoda.
Este texto no
tiene una gran conclusión.
Lo sé. Es
decepcionante.
Después de tanto
rodeo, uno espera una idea clara, contundente, casi iluminadora. Algo que
puedas subrayar, compartir o fingir que entendiste completamente.
Pero no.
Lo único que puedo
ofrecerte es esta sospecha persistente:
Que leer también
es una forma de escribir.
Que cada vez que
interpretas algo, lo modificas.
Que cada vez que
entiendes… lo haces tuyo.
Y que, en este
preciso momento…
Tú estás
terminando este texto conmigo.
Lo cual significa
que, te guste o no…
Aunque no firmes,
aunque no lo admitas…
Ya eres el autor.
Y lo peor de todo
es que seguiste leyendo hasta aquí,
Así que ahora sí
ya no te puedes hacer el desentendido.

Comentarios