“¿Qué hago yo aquí, observando por la ventana el mundo que debería darme miedo y hoy me emociona ir por él?”
Mayte Guadalupe Cárdenas Torres
El debate entre salir de nuestra burbuja donde gozamos de ignorancia y tranquilidad, donde nuestra tarea es aprender sin preguntar, sin cuestionar y sin participar. Sólo escuchando, escribiendo y cumpliendo específicamente con lo minino, porque a veces no podemos ni siquiera con eso, a veces eso es mucho, ¿y para qué? Si con asistir paso, y con leer puedo tener una calificación parecida a mi compañero que sí lo explicó. La burbuja en la que estamos mis compañeros de clase y yo, en la que el mundo está bien, así como estamos.
Salir. ¿Cómo salir
de ahí? ¿Cómo un maestro puede sacar no a un grupo, sino a un sólo alumno de
ahí? Y ¿Por qué hacerlo? ¿Por qué no presentarse y dar una clase con lo mínimo?,
como lo han hecho maestros antes de él. Y seguramente lo harán, maestros
después de él.
La clase del Maestro
Frías me hizo reflexionar y eso, si bien no es aprender, me hizo motivarme a
querer aprender. Yo ahí sentada escuchándolo hablar mientras mis compañeros de
atrás no guardaban silencio, alcancé a asustarme, a cuestionarme ¿Cómo puedo
saber tan poco? ¿Por qué deje las clases de inglés? Siempre me han dicho que se
puede sacar mucho provecho de un segundo idioma, que abre puertas y te
“asegura” un mejor futuro y yo, toda mi vida habiendo escuchado esto, ahora
viene y me lo repite “un maestro más”, y le creo, y siento que entonces sí,
debo aprender el idioma, y no importa cuántas personas me lo dijeron antes, yo
ocupaba que lo dijera el Maestro Frías para querer retomar mis clases de inglés.
Aprendí algo que ya sabía: que el inglés te da ventaja. Ahí mismo en mi lugar
de asiento este profesor me pregunto mi nombre, completo y en voz alta. Lo
dije, y me repitió las mismas instrucciones, y yo a partir de ahí no voy a
volver a presentarme sin esa firmeza al hablar de mi persona. Eso aprendí. ¿O ya
lo sabía y solo ocupaba que el Maestro Frías lo dijera para empezar a hacerlo?
Llegar tarde es irrespetuoso. No sentarse bien es de mala educación. Pasar e interrumpir
una presentación no es correcto. Exponer algo donde sólo estás leyendo está
mal. Eso lo sé de siempre, pero a partir de esa clase en particular le puse
atención a esas acciones.
Primera clase: El
rayón en una esquina del pizarrón. Un mundo más allá del que conocemos, lo que
está fuera de la esquinita en la que nos encontramos. Donde al parecer dar
pasos allá afuera significa avanzar sin acercarte a la meta, porque esa meta
avanzó al mismo tiempo, donde no cuestionarte está mal, donde las personas una
vez afuera nunca podrían conformarse con volver. Si decides salir tampoco ganas
un premio, y si lo haces esperar más, porque estás más lejos de la mediocridad,
porque decides dejar la comodidad de la ignorancia. Y eso cuesta, porque saber
más también significa temer más, ahí él porque es tan difícil salir de ese
lugar, tomar la decisión de ver por la ventana de esa esquina y saber que si
sales nunca más habrás de regresar a donde estabas. Es difícil. Si no, qué
hacemos tantas personas encimadas en esta esquinita. ¿Qué hago yo aquí,
observando por la ventana el mundo que debería darme miedo y hoy me emociona ir
por él? ¿Por qué me hace sentir más
grande ir a un lugar que crece cada segundo, en lugar de mi cómoda equina donde
quizás yo era lo más grande que había? Qué mancha en el pizarrón tan incómoda.
Segunda clase:
“Díganme tres preguntas interesantes y los paso con 10”. En una llamada
promedio con mi novio duro tres horas, y por dios que no me callo, pero estoy
callada ahora, no tengo nada de interés que preguntarle al profesor. Escucho
algunos intentos de preguntas que hacen mis compañeros, pero yo no digo nada,
siento demasiada vergüenza, me acaban de dar un golpe en mi ego. No soy tan
interesante en este ámbito, a una persona culta no le importa qué serie de
adolescentes de los 2000 le pueda recomendar, o quizá sí, pero yo estoy tan
lejos de ser culta que no tengo idea. No le puedo preguntar de guerras, siempre
ignoro a mi papá cuando me cuenta algo al respecto así que no tengo idea, de
cocina sólo se hacerla no conozco ni su origen sólo sigo una receta, si hablo
de arte sólo sé que la Mona Lisa está es un museo en alguna parte del mundo.
Con qué puedo contribuir yo a alguien que sabe cosas que yo, en mi ignorancia
ni siquiera contemplaba como interesante.
Tercera clase:
“trabajo final”. ¿Cómo cree que voy a llenar dos hojas con información que sólo
pueda sacar de mi cabeza si no pude ni formular tres preguntas la clase
anterior?
Mejor escribo
directamente sobre la educación y cultura en Sinaloa. Hay familias, aun en la
actualidad, que prefieren que sus hijas se casen a que estudien, y no
precisamente por temas económicos, sino factores de cultura. ellos viven en la
esquinita seguramente. Su mundo es más chico y sencillo. Y si una mujer de ese
grupo tan cerrado de cabeza decidiera que ella sí quiere más, que en lugar de
casarse quiere recorrer el mundo sola, sería romper el círculo y seguramente
abrir camino a que otra mujer pudiera pensar lo mismo, y ojo, digo “pensar” no
hacer, porque a veces simplemente pensar en hacer algo que antes ni te
imaginabas que podía ser una posibilidad ya es un paso. Ahora hablemos de la
educación. ¿una persona entre más se educa más crece, en Sinaloa no todos
tienes acceso a la educación, yo me he topado con personas en situación de
calle que en lugar de estar en la escuela están pidiendo monedas, y no creo que
sea por gusto. ¿Cómo un niño que ése es todo el mundo que él conoce puede salir
de ahí, a él quien le abre los ojos y le muestra o le habla del mundo fuera de
su esquina? ¿Habrá más Maestros Frías por el mundo enseñándoles a esos niños
que tienen otra opción? Y luego están las personas que conscientemente eligen
no hacer nada, las que vienen de donde lo tienen todo, de ésas también conozco.
Yo pienso, alguien que siendo privilegiado y elige no hacer nada con su vida,
está peor que el que vende chicles en el centro. Ese tipo de personas puede que
hasta sepan que existe la equina y que están en ella, pero no tienen que mover
ni un dedo donde se encuentran y eso sí que no lo querrían cambiar.
Creo que, a mí, en
lo personal, me daría más miedo saber que llegué al límite de lo conocido y por
conocer a saber que nunca habrá dicho límite, es reconfortante creer que
siempre hay más.
Miércoles: día de
entrega. ¿Cómo empezar? ¿Qué puedo decir de tres clases? ¿Qué espera el maestro
de este trabajo?
Yo no quiero
hablar sólo para ocupar espacio en una conversación. Ahora siento una necesidad
por leer, por poder hablar casi toda una clase de 6 horas y cerrar el día aun
manteniendo a una persona interesada en lo que estoy diciendo.
Yo aprendí sobre
la sociedad y educación en México, principalmente de la que quiero ser parte
yo.
Comentarios