“No sé qué tan grande es el mundo fuera de mi esquina. Pero sé que ya no quiero medirlo desde ahí”
ENCERRADA EN MI PROPIA ESQUINA
Alejandra Montoya
Regresé a la universidad emocionada. Emocionada por ver a mis amistades,
por conocer las nuevas materias, por sentir que estaba avanzando. El inicio de
semestre siempre tiene algo esperanzador, como si todo pudiera empezar mejor
que antes. El salón estaba lleno de conversaciones, risas, expectativas y
emoción
Entonces entró el profesor José
Manuel Frías Sarmiento.
No hizo una entrada dramática, tampoco levantó la voz. No necesitó
imponerse. Caminó con calma, dejó sus cosas sobre el escritorio y nos observó,
nos observó unos segundos. No fue una mirada intimidante, pero sí analítica.
Como si estuviera viendo más allá de lo evidente y en menos de una hora dijo
una frase que cambió completamente mi experiencia de ese día:
“Viven en una pequeña burbuja.”
Sentí algo inmediato. Una tensión en el pecho. Una especie de orgullo
activándose. Pensé: ¿Perdón?
¿Cómo alguien que no sabe mi nombre puede decir que vivo en pequeño?
No conoces mi historia. No sabes lo que he vivido. No sabes lo que pienso y
sí me molesté. Porque mi mundo, hasta ese momento, me parecía suficiente. Yo no
me sentía limitada. Yo pensaba, analizaba, cuestionaba. Tenía ideas formadas.
Sentía profundo. ¿Cómo podía reducir todo eso a una burbuja? Pero lo que más me
movió no fue la frase, fue lo que hizo en mí, sentir como si me hubieran puesto
un espejo demasiado cerca.
No quise cuestionarme, quise protegerme, proteger mi comodidad sin aceptar
que era comodidad, porque es más fácil defender lo que conocemos que admitir que
tal vez no conocemos lo suficiente.
Y las clases continuaron, y en todas me recordaba “la esquina” pero no hubo
ataques personales, solo eran argumentos, preguntas incómodas, esas perspectivas
que no cabían en mi experiencia y Realidades que no veía porque no me afectaban
directamente y poco a poco mi molestia empezó a transformarse en algo más
difícil de aceptarlo, llegó la duda, llegaron las mil preguntas
¿Y si mi molestia era la prueba de
qué toco algo real?
¿Y si no me dolió la frase sino la posibilidad de que fuera cierto?
Esa pregunta me incomodó más que
cualquier otra cosa.
Porque entendí que la burbuja no era una ofensa. Era un límite. Y todos tenemos límites invisibles hasta que alguien los nombra.
La esquina no era ignorancia, era confort.
Confort en lo que ya conozco, en lo que siempre he pensado, en lo que nunca
había tenido que cuestionar profundamente y ahí entendí algo importante: salir
de la esquina no significa negar quién soy. Significa expandirme. Significa
aceptar que mi experiencia no es el mapa completo. Significa escuchar incluso
cuando incomoda y, sí, asusta, asusta reconocer que hay más mundo del que he visto,
asusta aceptar que mis certezas pueden crecer, asusta dejar de sentir que ya
entiendo suficiente.
Pero entendí que crecer no empieza
cuando alguien te aplaude. Empieza cuando algo te incomoda lo suficiente como
para cuestionarte.
Hoy entiendo que esa frase no fue un
ataque. Fue una invitación. Una invitación a ampliar mi mirada, a reconocer que
siempre hay más realidad de la que alcanzo a ver.
No sé qué tan grande es el mundo fuera de mi esquina.
Pero sé que ya no quiero medirlo desde ahí.

Comentarios
Es un pequeño gran texto
Es un pequeño gran paso.
Es una gran mirada al exterior, desde tu interior.
Te felicito y te agradezco lo hayas escrito,
Saludos, Mtro. José Manuel Frías Sarmiento