“Mi hogar son las personas que están conmigo sin importar en donde se encuentren; en Choix, Culiacán o cualquier parte del mundo… mi hogar está donde ellos estén”
EL DUELO DE IRSE
Judith Fernanda Berrelleza López
Desde pequeña lo he oído “debes irte de aquí, no
hay futuro” han sido tantas veces que me resulta imposibles contarlas. Me lo
han dicho mi madre, mis hermanas, familiares e, incluso, mis maestros, creí que
por haberlo escuchado tantas veces estaría preparada para hacerlo, para irme,
pero las cosas nunca son tan sencillas. No resulta fácil soltar lo que
conocemos tan bien, las calles que he recorrido miles de veces, los vecinos que
me han visto crecer y con los que he crecido, aquellos con quienes jugaba día y
noche, la comida de mamá y la comodidad de una casa propia.
Mientras avanzaba el tiempo comencé a notar que
no sólo en mi casa pensaban así pues las casas vacías se acumulaban, cada vez
había menos caras conocidas, porque las personas se van… “porque aquí no hay
futuro”.
En mi casa fui la última en irme, primero fue mi
hermana mayor Reyna, quien una vez que se fue… rara vez volvió; después mi
hermana del medio, Alejandra, quien sí nos visitaba constantemente, pero algo
era distinto en ella, como si supiera algo que yo no. Mi madre iba y venía por
cuestiones laborales, siempre me hablaba de lo maravilloso que es el mundo,
“las personas, el ambiente, todo es diferente”, me decía; no las comprendía del
todo, tal vez porque de alguna forma siempre fui renuente en irme de mi pueblo,
porque representaba un espacio de seguridad, lo que conocía y siempre
permanecía igual.
Mientras crecía hubo ocasiones en las que esas
mismas características que me brindaban tanta calma ahora me sofocaban, sentía
que no podía cambiar quien era, porque ya todos me conocían de esa manera, pues
todos te conocen y tú conoces a todos; no es que hiciera algo malo, pero a
veces es necesario algo de privacidad. Entre mi sofoco, deseaba poder ir a un
lugar y empezar de nuevo, forjar mis propios cimientos, sin cargar con títulos,
honores y expectativas que no me pertenecían; aclaro que estoy orgullosa de mi
familia, pero también quería construir algo por mí y mis esfuerzos.
Llegó el momento de empacar todo, poco a poco la
casa donde había pasado toda mi vida se miraba cada vez más vacía, como si
nunca hubiese estado ahí, las paredes sin fotografías, sin los títulos que con
tanto orgullo mi madre había colgado, mi cuarto que estaba decorado de esquina
a esquina ya no era más que una habitación sin vida; intenté no ser pesimista,
sabía que era por un bien mayor.
Con lágrimas me despidió una de mis tías, me
abrazó tan fuerte como nunca lo había hecho, lo mismo pasó con mi abuela, quien
no podía dejarme ir sin su bendición; una buena despedida siempre es
importante, nada nos garantiza que volveremos a vernos.
Pensé que lo más difícil sería precisamente el
adiós, sin embargo, la soledad azota fuerte los primeros meses, siendo
espectador de lo que sucede, perdiéndote cumpleaños, fiestas, reuniones. No puedas
evitar sentirte ajeno a lo que te rodea, las bromas coloquiales que no
entiendes, los lugares que todos parecen conocer bien excepto tú, no sientes
hambre, ni sed sólo una nostalgia profunda que parece nunca desaparecer,
comienzas a apreciar todo, hasta de lo que solías quejarte, incluso sientes
rabia ¡¿Por qué allá no hay futuro?! Aparecen miles de preguntas que ni siquiera
tú puedes responder… pero te adaptas, conoces nuevos lugares y nuevas personas
de quienes aprendes aquello que tal vez nunca hubieras aprendido si no salías
de tu pueblo; conoces nuevas historias, nuevas realidades y, por supuesto,
nuevos problemas; poco a poco la tristeza se atenúa, algunas noches siguen
siendo duras, la ciudad es fría y se extraña la calidez del hogar, pero ¿Ahora cuál
es mi hogar? De principio no tuve respuesta, me cerraba y analizaba la
situación como si del más grande problema se tratara; como si tuviera que
decidir entre uno u otro. Ahora puedo decir que mi hogar, no se trata de una
casa de color azul cielo, ni una blanca de dos pisos. Mi hogar son las personas
que me hacen sentir segura, que me apoyan en cada momento y que están conmigo
sin importar en donde se encuentren; en Choix, Culiacán o cualquier parte del
mundo… mi hogar está donde ellos estén.

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