“La altitud disminuye lentamente. No es una caída violenta todavía. Es más bien una renuncia gradual de las alas. Un cansancio en el metal”
TRANSMISIONES DESDE NINGUNA PARTE
—Celso Gilberto Guzmán Félix
Mayday
—Mayday…
Mayday… ¿alguien en la frecuencia?
Aquí…
aquí vuelo 0 de ninguna parte hacia ningún destino claro.
Repito…
Mayday.
…
No sé
exactamente cuándo comenzó la caída.
Al principio
todo parecía estable. El horizonte estaba limpio, los instrumentos respondían
con números tranquilos y el cielo tenía esa falsa calma que hace creer que el
vuelo durará para siempre. Era fácil pensar que el trayecto estaba bajo
control.
Eso es
lo que siempre creemos al despegar.
Que el
cielo es infinito pero dócil.
Que la
ruta está trazada.
Que
alguien en tierra sabe exactamente hacia dónde vamos.
Pero
ahora… ahora los indicadores parpadean como pensamientos inseguros.
…
Mayday…
¿me reciben?
…
La
altitud disminuye lentamente, como si el tiempo estuviera inclinando el mundo
sin avisar. No es una caída violenta todavía. Es más bien una renuncia gradual
de las alas. Un cansancio en el metal.
El
avión parece dudar de sí mismo.
Y yo
también.
Nunca
nos enseñaron qué hacer cuando lo que falla no es el motor, sino el sentido del
viaje.
…
Repito…
Mayday.
…
Si
alguien escucha esto, necesito confirmar algo:
¿la
ruta alguna vez fue real?
Porque
reviso los mapas y todos terminan en el mismo lugar: una extensión blanca donde
nadie escribió nada. Ninguna pista de aterrizaje, ninguna torre de control.
Sólo
cielo.
Y
debajo, un océano oscuro que se parece demasiado al silencio.
…
Mayday.
…
El
panel marca turbulencia interna. No sé cómo explicarlo mejor. Es como si el
avión estuviera atravesando una tormenta hecha de preguntas. Cada sacudida es
una duda que golpea el fuselaje.
¿Por
qué volamos?
¿Por
qué seguimos manteniendo la altitud incluso cuando el destino parece una
invención?
Los
manuales no hablan de esto.
En la
academia enseñan cómo despegar, cómo aterrizar, cómo evitar montañas. Pero
nunca explican qué hacer cuando el cielo mismo se vuelve extraño, cuando uno
empieza a sospechar que el vuelo entero podría haber sido un malentendido.
…
Mayday…
Mayday…
…
La
cabina está llena de luces intermitentes. Algunas indican fallas técnicas.
Otras… no sé. Tal vez sólo intentan recordarme que el avión es una máquina
cansada.
Igual
que su piloto.
La
verdad es que todos los vuelos se parecen después de cierto tiempo. Despegas
con esperanza, navegas con disciplina y luego… en algún punto del trayecto… el
horizonte deja de responder.
Todo
sigue funcionando, pero el sentido se diluye.
Es
entonces cuando aparece esa sensación.
Esa
lentitud en el aire.
Como si
el cielo se hubiera vuelto más pesado.
…
Mayday.
…
Estoy
perdiendo altura.
No
dramáticamente. No todavía. Pero suficiente para notar que algo se está
inclinando en la estructura del mundo.
Las
alas siguen extendidas, pero ya no parecen confiar en el viento.
A veces
pienso que los aviones y las personas comparten el mismo defecto: fueron
diseñados para avanzar, pero nadie les explicó qué hacer cuando el rumbo
desaparece.
…
Mayday…
¿alguien ahí?
…
La
radio responde con estática.
Un
ruido blanco que suena sospechosamente parecido al pensamiento humano.
Intento
recordar el momento exacto en que comenzó esta sensación de deriva. Tal vez fue
cuando comprendí que muchos vuelos no tienen torre de control. Que la mayoría
de las trayectorias humanas se improvisan mientras el combustible se consume
lentamente.
Eso
cambia todo.
Porque
cuando uno sospecha que nadie está coordinando el tráfico aéreo del universo,
el cielo se vuelve demasiado grande.
Y el
avión demasiado pequeño.
…
Mayday.
Altitud:
descendiendo.
Dirección:
incierta.
…
El
horizonte está perdiendo definición. Ya no sé si lo que veo abajo es océano o
simplemente la sombra de todas las preguntas que nunca respondimos.
Hay una
calma extraña en esta caída.
No es
pánico.
Es algo
más parecido al cansancio de sostener el vuelo demasiado tiempo.
Quizá
por eso sigo transmitiendo. No porque espere realmente un rescate, sino porque
la voz necesita salir de la cabina. Porque el silencio dentro del avión se
vuelve insoportable cuando uno empieza a escuchar el peso del cielo.
…
Mayday…
Mayday…
…
Si
alguien recibe esto, necesito que me diga algo simple.
No
necesito coordenadas.
No
necesito instrucciones complejas.
Sólo
necesito saber si hay otra conciencia escuchando en esta frecuencia infinita.
Porque volar sin destino es tolerable… pero volar sin testigos es otra cosa.
El
avión vibra.
Tal vez
sea el aire.
Tal vez
sea el tiempo.
Las
alas se sacuden como pensamientos que ya no pueden sostenerse.
Y aun
así sigo aquí, manteniendo las manos en los controles como si eso significara
algo.
Tal vez
ése sea el verdadero oficio de los pilotos: fingir que el rumbo existe incluso
cuando el cielo se vuelve incomprensible.
…
Mayday.
…
La
altitud sigue cayendo.
Pero
algo curioso ocurre cuando un avión desciende demasiado: el mundo comienza a
verse con más claridad. Las nubes se apartan, las ilusiones de altura
desaparecen.
Todo se
vuelve brutalmente simple.
El
vuelo nunca fue eterno.
El
combustible nunca fue infinito.
El
cielo nunca prometió salvarnos.
Y sin
embargo despegamos.
Tal vez
esa sea la definición más honesta de existir.
Un
despegue valiente hacia un cielo que nunca explicó sus reglas.
…
Mayday…
última transmisión por ahora.
…
Si
alguien escucha esta señal perdida entre las frecuencias del mundo, responda.
No
importa si no tiene instrucciones.
No
importa si tampoco entiende el mapa.
Sólo
responda.
Porque
incluso un piloto que se está cayendo necesita saber que no es el único avión
perdido en el cielo.
…
Mayday.
Mayday.
…
¿Alguien
ahí?
Por
favor… respon—
…
[Transmisión
interrumpida ]
.
.
.
Profundidad
—Base…
Base, ¿me reciben?
Aquí
submarino Atlas
Transmitiendo
en frecuencia de emergencia.
No es
un Mayday todavía.
Pero
probablemente debería serlo.
…
Estamos
a novecientos doce metros.
Repito:
novecientos doce metros bajo la superficie.
El
océano aquí abajo no se parece al océano de la superficie. No hay olas, no hay
luz, no hay movimiento. Sólo presión. Una presión tan grande que deja de
sentirse como una fuerza externa y empieza a sentirse como una idea.
Como si
todo el mundo estuviera intentando recordarte que no perteneces aquí.
Base…
¿copian?
El
casco está empezando a crujir.
No es
un sonido fuerte. Es más bien un suspiro largo, metálico. Un recordatorio de
que incluso el acero tiene memoria del peso.
Cada
minuto aquí abajo equivale a cientos de toneladas de agua empujando contra
nosotros.
El
océano es paciente.
No
tiene prisa.
Sabe
que tarde o temprano todos los submarinos se cansan.
…
Base,
estamos teniendo problemas con el sistema de ascenso.
Los tanques
de lastre no responden.
Hemos
intentado purgarlos tres veces.
Nada.
El Atlas
sigue descendiendo muy lentamente.
No es
una caída dramática.
Es
peor.
Es esa
clase de descenso que te da tiempo para pensar.
Ahora
estamos a novecientos treinta metros.
El
océano cambia después de los novecientos. La oscuridad deja de ser ausencia de
luz y se vuelve una sustancia. Algo espeso. Algo que presiona incluso contra
los pensamientos.
La
tripulación está en silencio.
No
porque se lo haya ordenado.
Porque
todos entienden.
Hay una
clase de silencio que aparece cuando el cerebro finalmente comprende la
magnitud de algo que no puede evitar.
…
Base…
¿me reciben?
La
radio suena como si estuviera hablando desde dentro de una tumba.
Tal vez
lo estamos haciendo.
El
sonar no detecta nada.
Ni
peces.
Ni
corrientes.
Ni
siquiera el eco de nosotros mismos.
Es
curioso. Uno pensaría que el fondo del océano estaría lleno de vida
desconocida. Pero aquí abajo sólo hay una inmensidad que parece indiferente.
La
naturaleza tiene formas muy elegantes de ignorarnos.
…
Profundidad
actual: novecientos cincuenta y cuatro metros.
El
casco volvió a crujir hace unos segundos.
Uno de
los marineros levantó la mirada cuando lo escuchó.
No dijo
nada.
Nadie
lo hizo.
Porque
todos sabemos lo que significa ese sonido.
El
metal está pensando.
El
metal está considerando la posibilidad de rendirse.
…
Base.
Voy a
decir algo que no está en el protocolo de emergencias.
Cuando
uno estudia para pilotar un submarino le enseñan muchas cosas: presión,
navegación, sistemas de emergencia.
Pero
nadie te enseña qué hacer cuando el océano se vuelve demasiado grande para tu
mente.
Cuando
comprendes que todo el planeta está encima de ti.
Literalmente
encima.
Miles
de millones de toneladas de agua, historia y silencio presionando contra un
cilindro de acero donde doce personas intentan fingir que el control aún
existe.
…
Estamos
en novecientos setenta metros.
El
descenso continúa.
El
sistema de emergencia para expulsar lastre manual no responde.
El
ingeniero está revisándolo por cuarta vez.
No creo
que lo haga porque piense que funcionará.
Creo
que lo hace porque el cuerpo humano necesita seguir moviéndose cuando la mente
empieza a aceptar algo irreversible.
…
Base…
si reciben esta transmisión…
Quiero
que entiendan algo.
No es
el miedo lo que domina la cabina ahora.
El
miedo fue antes.
Cuando
todavía pensábamos que podíamos arreglarlo.
Esto es
diferente.
Esto es
claridad.
El tipo
de claridad que aparece cuando la realidad deja de negociar.
…
Profundidad:
novecientos noventa y dos metros.
El
casco acaba de emitir un sonido más fuerte.
No un
crujido.
Algo
más seco.
Como un
hueso que se agrieta.
Uno de
los focos se apagó.
El
submarino ahora está medio iluminado, medio oscuro. Las sombras se mueven con
cada vibración del metal.
Es
curioso cómo el cerebro empieza a notar detalles inútiles cuando la situación
se vuelve irreversible.
…
Base.
Si
están escuchando esto…
Quiero
que sepan que el océano no es hostil.
No nos
odia.
Eso
sería más fácil de aceptar.
La
verdad es peor.
El
océano simplemente no nos considera.
Somos
una interrupción diminuta en una masa de agua que existía millones de años
antes de nosotros y seguirá aquí millones después.
El
planeta tiene formas muy elegantes de demostrar lo pequeños que somos.
…
Mil
metros.
Acabamos
de cruzarlos.
El
ingeniero acaba de dejar de trabajar.
No dijo
nada.
Sólo
miró el indicador.
Todos
lo hicimos.
Hay
números que no deberían alcanzarse.
Éste
era uno de ellos.
…
El
casco vuelve a crujir.
Ahora
más seguido.
El
metal suena como si estuviera respirando.
Un tipo
de respiración cansada.
…
Base…
creo que ésta será la última transmisión clara.
La
presión aquí abajo es algo que no se puede explicar bien con palabras. No es sólo
física.
Se
siente como si el mundo entero estuviera intentando entrar.
Como si
el océano quisiera ocupar cada espacio vacío.
Cada
grieta.
Cada
pensamiento.
…
Hay
algo que quiero admitir ahora que ya no importa.
Cuando
decidí convertirme en piloto de submarinos pensaba que descender al océano
significaba explorar lo desconocido.
Ahora
entiendo que no.
Descender
significa descubrir cuánta profundidad puede soportar el ser humano antes de
quebrarse.
…
El
casco—
…
Acaba
de sonar otra vez.
Más
fuerte.
Creo
que—
…
Base.
Si
alguien escucha esta grabación después…
Díganles
a los nuevos pilotos algo que nosotros aprendimos demasiado tarde.
El
océano no se conquista.
Sólo se
visita.
Y a
veces…
A veces
decide no devolverte.
…
La
presión está aumentando.
El
metal—
…
—
[Transmisión
perdida]
.
.
.
Deriva
—Control…
Control de misión… ¿me reciben?
Aquí
cápsula Aster-3.
Transmitiendo
en banda de emergencia.
No
estoy seguro de que la señal llegue. La antena principal quedó dañada cuando el
módulo de propulsión dejó de responder. Pero sigo enviando la transmisión por
si… por si alguien está escuchando en alguna parte.
Control…
estoy a la deriva.
No
girando violentamente. No explotando. No cayendo en algo espectacular.
Sólo…
alejándome.
Eso es
lo que el espacio hace mejor.
Alejar…
La
estación ya no aparece en el visor frontal.
Hace
dos horas todavía era un punto plateado. Un pequeño fragmento de humanidad
flotando contra el negro absoluto.
Ahora
el visor sólo muestra estrellas.
Millones
de ellas.
Demasiadas.
El
universo es curioso: cuando uno está seguro de su rumbo, las estrellas parecen
hermosas. Pero cuando estás perdido entre ellas, empiezan a parecer indiferentes.
Control…
si están escuchando…
La nave
sigue funcionando en lo básico. Oxígeno estable. Energía mínima. Temperatura
controlada.
El único
problema real es el movimiento.
O mejor
dicho…
La
ausencia de control sobre él.
Estoy
desplazándome lentamente en una dirección que ningún sistema puede calcular con
precisión. En el espacio no hay viento, no hay resistencia, no hay nada que te
devuelva a donde estabas.
Si algo
te empuja una vez…
Sigues
moviéndote para siempre.
…
Es
extraño.
Uno
pasa años entrenando para viajar al espacio pensando que lo difícil será
sobrevivir aquí arriba. Pero la verdad es otra.
El
espacio no te mata inmediatamente.
Primero
te deja pensar.
…
Control,
¿copian?
Intenté
activar los micropropulsores de corrección.
Nada.
El
panel responde como un objeto muerto: luces encendidas, funciones vacías.
Es como
hablar con una puerta cerrada.
…
La
Tierra todavía aparece en la escotilla lateral.
Pequeña.
Ridículamente
pequeña.
Desde
aquí no parece un planeta lleno de ciudades, guerras, historias y millones de
vidas. Parece apenas una esfera azul pálida… como un pensamiento
que alguien olvidó terminar.
No sé
cuánto tiempo podré seguir viéndola.
La
distancia aumenta cada minuto.
El
espacio no hace ruido cuando te separa de algo.
Sólo…
lo vuelve más pequeño.
…
Control…
Hay
algo que quiero decir antes de que la señal empeore.
Durante
el entrenamiento siempre nos hablaron del orgullo de ver la Tierra desde el
espacio. Decían que cambiaría nuestra perspectiva, que entenderíamos lo frágil
que es el mundo.
Tenían
razón.
Pero
olvidaron mencionar otra cosa.
También
entiendes lo insignificante que es tu propia trayectoria dentro
del universo.
Aquí
afuera no hay carreteras.
No hay
direcciones.
Sólo
una inmensidad donde cada objeto sigue su propio impulso hasta que algo lo
detiene.
Y si
nada lo detiene…
Entonces
simplemente continúa.
…
La
cápsula está girando lentamente ahora.
No es
una rotación rápida. Es más bien una deriva suave, como un pensamiento que no
encuentra dónde detenerse.
Cada
vez que el visor completa una vuelta veo la Tierra, luego el negro, luego las
estrellas, luego otra vez la Tierra… cada vez más pequeña.
El
movimiento tiene algo hipnótico.
Empiezas
a entender que el espacio no necesita destruirte.
Solo
necesita olvidarte.
…
Control…
¿siguen
ahí?
La
radio tarda más en responder cada minuto. Tal vez es la distancia. Tal vez es
la antena.
O tal
vez la señal ya no llega.
El silencio
en el espacio es distinto al silencio en la Tierra.
En la
Tierra siempre hay algo detrás del silencio: viento, electricidad, alguien
respirando en otra habitación.
Aquí
no.
Aquí el
silencio es… total.
Es como
si el universo estuviera escuchando algo que nosotros no podemos oír.
…
El
sistema calcula oxígeno para varias horas más.
Eso
significa que voy a tener tiempo suficiente para pensar.
Curioso
castigo.
…
Acabo
de apagar algunas luces para ahorrar energía.
La
cabina está casi oscura ahora.
Sólo los
indicadores verdes iluminan el panel, como si la nave todavía fingiera que está
cumpliendo su misión.
Las
máquinas tienen esa cualidad admirable: continúan funcionando incluso cuando la
situación ya no tiene sentido.
Quizá
por eso las construimos.
…
Control…
Si esta
transmisión se guarda en algún registro, quiero que sepan algo.
No
siento pánico.
Eso fue
antes.
Cuando
el módulo falló.
Cuando
intenté reiniciarlo por tercera vez.
Cuando
entendí que el vector de movimiento ya no respondía.
El
pánico pertenece al momento donde todavía crees que puedes cambiar algo.
Esto
que siento ahora es distinto.
Es una
especie de… aceptación lenta.
Como si
el cerebro finalmente comprendiera que el universo no está obligado a
devolverte a casa.
…
La
Tierra ahora cabe dentro de la punta de mi pulgar.
Si
extiendo la mano frente al visor, puedo cubrirla completamente.
Toda la
historia humana.
Toda la
civilización.
Oculta
detrás de un dedo.
Nunca
nos dijeron eso en el entrenamiento.
…
La
cápsula sigue alejándose.
No hay
fricción.
No hay
resistencia.
Sólo
continuidad.
El
espacio es muy bueno para eso.
Para
dejar que las cosas continúen.
…
Control…
Si
todavía están escuchando…
Quiero
hacer una última observación.
Cuando
uno mira el cielo desde la Tierra, piensa que las estrellas son destinos.
Pero
cuando estás aquí arriba entiendes algo diferente.
Las
estrellas no son destinos.
Son
simplemente luces muy lejanas que no saben que existes.
…
La
señal empieza a fallar.
Creo
que la distancia ya es demasiada.
La
Tierra ahora parece apenas un punto azul.
Pronto
será indistinguible de las otras estrellas.
Y
cuando eso pase…
No
habrá manera de saber en qué dirección estaba el hogar.
…
Control…
Si
alguien escucha esto…
No
intenten calcular mi trayectoria.
No
habrá manera de alcanzarla.
En el
espacio, perder el rumbo no significa caer.
Significa
continuar para siempre.
…
Aquí
cápsula Aster-3.
Piloto
aún consciente.
Derivando.
Transmitiendo.
Esperando—
…
¿Control?
¿Hay
alguien en—
…
[señal
perdida]

Comentarios
Excelente manera de decirlo, de una manera elegante quizá y menos agresiva,
Saludos...