Charla sobre Gabriel García Márquez
“Cuando saludé al Gabo y lo tuve entre mi huesudas y temblorosas manos, las emociones corrieron despavoridas en mi interior”
Parlotear
sobre el Gabo[i]
Dr Luis Enrique Alcántar Valenzuela
06.03.2026
Expongo
lo siguiente. En 1982, cuando Gabriel García Márquez se anunció al mundo no
globalizado, como el nuevo Premio Nobel de Literatura, yo apenas tenía 16 o 17
años edad. Era inocente, e incluso menor de edad. Quería, pero no me dejaban
entrar al Cine Diana para ver películas de adultos. Aunque con mi clica, con
mis iguales nos pintáramos el bigote ralo con carbón del lápiz 2H, usado con la
maestra Velina en las clases de artes plásticas.
Lo que
son las cosas de la vida no. En este ahora, justo es la edad de mi hija menor
María Fernanda, joven con celular en bolsa, o en mano; la cual cursa
actualmente la Preparatoria, en el Tecmi, como dicen los jóvenes de ese
claustro escolar.
En esa
década perdida, como le llaman los historiadores e intelectuales de México, en
el año del nobel otorgado al Gabo, cursaba el segundo año en la Escuela Normal
de Sinaloa. Era un chico que ya medía 1.82 metros de altura. Era un muerto de
hambre, flaco y huesudo como los esqueletos que veíamos en las clases de
Ciencias Naturales, allá en las aulas escolares de la ETA 22 de San Pedro de
Rosales.
En ese
entonces, pensaba y creía, que aguantarse el hambre era una virtud cardinal, de
esas expuestas en la clasificación socrática. Esa virtud vinculada al hambre,
en mis interiores, sabía tenía que cultivarla; en la idea del autonocimiento de
uno mismo, así como de los controles necesarios, ante los placeres mundanos
vinculados con los pecados capitales. Esos pecados que siempre han existido,
desde que el mundo es mundo. Esa pecaminosidad cárnica/trémula, en donde el
Gabo se dio vuelo en su imaginación, en traducción directa con su pluma
excelsa, al explorar los meandros de nuestra condición humana. Pero bueno, es
justo reconocer que en esos tiempos de desarrollo y maduración de mi
cerebro/mente post adolescente. ¡Pues no pensaba todo eso! La verdad, me
aguantaba el hambre, porque no tenía dinero en mis bolsillos. El dinero, era
exclusivamente para el camión Culiacán-Navolato. Ya que a veces, el urbano Díaz
Ordaz me lo pichaban mis compas del grupo H de la Normal. O bien, si no golleteaba
el boleto, para hacer ejercicios obligados por el hambre, esa distancia me la
chutaba a pincel: desde el cerro normalista hasta la rotonda del Caballito
ubicada en el boulevard Zapata cruce con la calle Pascual Orozco. La “Pascual
Ollozco”, decíamos con ironía los de mi generación, ante tanto hoyo/bache
formado por las lluvias veraniegas.
Reconozco,
no me da vergüenza. Venía con el pueblo en mis hombros, así como canta el
Komander en “Soy de rancho”. Era muy evidente en mis ropas, en el habla y hasta
en el mismo caminar. Traspiraba ignorancia al por mayor y a la vez unas pinches
ganas por aprender. Esa hambre por saber nadie podía contenérmela, desmotivarla
o bloquearla. En mis luchas, ni mi santa Madre pudo conmigo, ante sus súplicas
de que la bajara a los niveles de estudio: “…pues que tanta hambre la tuya Luis
Enrique, te vas a volver loco cabrón…”, seguí adelante civilizando a mis
ignorancias.
En ese
tiempo económico, cultural de San Pedro, Culiacán y el mundo:
¿Ustedes
creen que íbamos a saber, ubicar o conocer a Gabriel García Márquez?
No
sabíamos ni qué demonios era un Premio Nobel, menos saber de ese colombiano quien
lucía un mostacho intensamente negro, grueso, con lunar coqueto en la parte
superior del lado derecho de su bigote, casi en la marca que divide cachete y
nariz. Una estética de lo varonil muy al estilo de Viruta, el patiño que
acompañaba al cómico Capulina en sus shows en el cine y en la tv. Bueno…
¿Y que
dijeron ustedes?, o ¿qué pensaron ustedes?, “…esos normalistas pobrecitos,
además de muertos de hambre, poco informados e incultos…”
Miren,
si pensaron eso. Lo siento mucho, ¡¡¡están totalmente equivocados!!!
Ahí
precisamente, en el cerro de la Pedagogía, No me lo van a creer. Ahí conocí al
creador del realismo mágico en la literatura internacional. Ahí justo, fue
cuando me presentaron al Gabo…
…Después
de casi 17 años transcurridos. Coincidencias de las vidas, recupero y conecto,
con aquel texto donde doy cuenta, cómo bajo la guía desinteresada de una bella
joven normalista: me presentó al Gabo. Ahí mismo le conocí. Ustedes seguramente
se preguntarán ¿Y qué iba andar haciendo Gabriel García Márquez en ese cerro
pedregoso y árido, que en ese entonces era la Escuela Normal de Sinaloa?, ¿quién
lo llevó y a qué venía a de la Normal de Sinaloa?, ¿por qué justo ahí me lo
presentaron, en los tiempos precisos en que recibía el premio nobel?, ¿Era
posible ese suceso?
Tan era
posible que sucediera, por eso lo narré así.
“Esto
que les voy a contar, no es lo que viví sino más bien los recuerdos y
reacomodes acomodos mentales, que se hacen de acuerdo con los fines que se
desea comunicar a lo posible electores a través de una escritura.
Se los
digo en forma sintética, en verdad: me presentaron al Gabo. En serio, yo conocí
el Gabo muy morro o plebito, allá en la pedregosa Escuela Normal de Sinaloa, en
aquella naciente década de los 80s del siglo XX.
Me
presentaron a Gabriel García Márquez, entre los años 1982 ó 1983 en el contexto
espacial de mis años como estudiante normalista. Cuando saludé al Gabo y lo
tuve entre mi huesudas y temblorosas manos, las emociones corrieron
despavoridas en mi interior. Las emociones de inmediato tomaron forma de
sonrisa y palabras: ¿De verdad me…” (JM[ii]
Frías Sarmiento: 2009, 97)
Ya si
no me creen, pues muy su bronca. Ahí les dejo la referencia bibliográfica,
búsquenla. Si la encuentran me avisan. Otra pista más. Hay un maestro,
originario del Aguaje, Mocorito, Sinaloa (no de Macondo, no se me cofundan). Es
un maestro, ya entrado en años, que está medio piratón, locochón. Sigue terco
en impulsar esos sucesos de las escrituras creativas y del ejercicio del
pensamiento, dizque lateral. Le dicen el Tal Frías, él sabe más de este asunto,
de cuando yo mero conocí al Gabo, ahí en la Normal de Sinaloa.
[i] Este texto fue elaborado en forma exclusiva para un parloteo, desde luego público, diseñado para hablar, reflexionar, imaginar y soñar con/sobre Gabriel García Márquez. A propósito de su fecha de nacimiento un 6 de marzo de 1927. Ese día estaría cumpliendo justo 99 años. Este discurrir sobre el Gabo, lo albergó la Universidad Pedagógica del Estado de Sinaloa (UPES). Al evento de cultura literaria se le bautizó con el nombre de “Charla sobre García Márquez”. Entre autoridades universitarias, distinguidos académicos y muchos estudiantes, el pequeño auditorio fue abarrotado. De este medio día literario se enteraron, lo vivieron, sintieron y escucharon más de 130 personas. Aprendimos, sentimos, imaginamos y sonreímos de nueva cuenta; en este Culichi Town, que no se harta/cansa de las pólvoras del narco y de los hilos de sangre… que deseamos sólo alimenten a nuestros corazones.
[ii] Alcántar, Valenzuela, Luis Enrique. (2009) “La boga del Gabo”, publicado en Sarmiento, Frías, José Manuel. Coordinador (2009). El Gabo en Sinaloa. Ed. UAS, Culiacán, Sinaloa, México. Páginas: 97-102.
Sarmiento, Frías, José Manuel. Coordinador (2009). El Gabo en Sinaloa. Ed. UAS, Culiacán, Sinaloa, México.

Comentarios
Yo agradezco, siempre lo hago, que Usted se acople al verbo inexperto de la raza de a pie que tira el rollo directo y dice lo que siente, quiere y piensa, cuando quiere que los demás entiendan lo que su saber le dice que está bien, en ese momento y es esas circunstancias. Por eso es que fue interesante el grupito que se formó y parloteó sobre lo que El Gabo nos trajo y nos sigue trayendo con sus ideas mágicas de un realismo que algunos quisimos compartir en esa Charla Garcimarquiana que sostuvimos el viernes ‘6 de marzo en la Unidad Culiacán de la UPES; y a la que Usted le agrego un poco de la sal que la hizo más apetecible para la plebada que nos escuchó, pensando, tal vez, qué fregados estábamos diciendo; pero hubo algunos, yo les vi la mirada y la sonrisa de complicidad, que les gustó lo que vieron y oyeron y que pronto estarán ellos armando sus propias charlas literarias y culturales.
Por eso es que le agradezco nos haga el paro de siempre estar al tiro en los proyectos que se nos ocurren; como igual hacen y lo agradezco un resto, al Dr. Adán Apodaca que se vino desde Los Mochis, nomás a contarnos sus encuentros con el Gabo. Y agradezco agradezco también a Edgar Depraect y a la Incomparable Voz de Andrea Berrelleza que realzaron y enriquecieron con su arte Musical, esta Charla en la que dos jóvenes y talentosos escritores emergieron con una fuerza y talento escritural que ya los quisiéramos Usted y yo, y, a lo mejor, el mismísimo Adán, el de la Tierra de por allá del Norte de Sinaloa.
Un abrazo, su amigo, JM, El Tal Frías S