Charla sobre Gabriel García Márquez
"Y, por último, comprendí que para hablar de Gabriel García Márquez debes saber de todo y de nada”
¿DE DÓNDE
TE CONOZCO?
– Solangel
Méndez Ruíz
¿Qué era lo que
hacía Gabriel García Márquez con su imaginación? Más o menos lo puedo explicar
así.
¿Qué estuviera
haciendo yo si tuviera 99 años?... ¿Qué libros no habría creado el Márquez con
esta nueva actualidad?
La charla estuvo
presidida por mis compañeros de Universidad Ian y Celso, quienes tuvieron la
“valentía”, dirían algunas personas, de incluso abrir el “café” (como lo
designo Andrea Berrelleza).
Ian habló sobre la
superación y la entrega del autor en sus obras, en su escrito comparte como es
que él cree que “todos somos y tenemos algo del Gabo”, o sea que todos somos
García Márquez, pues nos comenta que todos (y sí he) ponemos y tenemos algún
detalle exagerado que es real, claro, pero Ian propone que es para hacerlo
inolvidable, y sí, cuando nos gusta un morrito lo que lo hace especial o único,
según nuestras feromonales mentes, es lo único que hablamos de él como si fuere
¡woooow!.
Mencionó una frase
que es simbólica de un libro de García Márquez, Ian la menciona como “una tarde
puede salvar una amistad”, esto me tocó el corazón, porque entre mis compas
lingüistas, tenía uno que decía eso, justo quien nos presentó a este compa y a
mí fue otro compa (igual lingüista, artesano y especialista en minerales) se
autocensuró su vida, días antes de nuestro aniversario de conocernos (no era
difícil recordar el 6 de enero en una ciudad tan “devota”) recordé mucho ese
momento, entonces a partir de ahí toda mi predisposición para la recepción de
la comunicación cambió.
Entendí que en lo
exagerado que tiene su redacción del Márquez, al final contaba estas cosas con
una intensidad de que no importaba, porque al final si era verdad, o sea tocaba
esas verdades que no nos gusta decir porque sabemos que está mal, pero lo
pensamos, lo sabemos e incluso sabemos que muy en el fondo nos podemos
preguntar ¿cuánto exageraba realmente?
Por último, Ian
dijo que “la memoria es más fuerte que el olvido”, le doy la razón, no hay nada
más fuerte que un pueblo reconozca su historia, porque quien no la recuerda
está condenado a repetirla, y nada mejor que la memoria, que mantener vivo a
García Márquez, en la memoria, pero… ¿Para qué?
Adán Apodaca nos
comenta que tuvo tres encuentros con el Gabo, y propone que más o menos nos
toca todos así:
1) Escribes
de él
Esto es cuando el
o la docente te pide fichas o reseñas de un autor, de un libro que no conoces,
entonces haces la tarea sin la mayor importancia o presunción de hacer
trascendental “ese encuentro”
Los otros dos
dependerán de la disposición.
Mencionó a autores
que recuerdo, pero no recuerdo, jaja, como estas cosas que te pasan en la
universidad cuando tienes 20 años y te son primordiales, inconscientemente,
otras cosas.
Siguió con 100
años de soledad, la cual ya sabía que era como su Master piece. Yo cuando la
intenté leer fue lo mismo que con el libro de “el código Da Vinci”.
Bueno, entonces me
pregunté ¿cuándo lo conocí yo?
No recuerdo muchas
cosas académicas de la universidad, vaya que otras sí, y bastante bien, como
los proyectos de radio, las ruedas de prensa y las salidas a radio fórmula.
Prosiguió con
Rayuela, es mi libro favorito, tuve un amorcito, ambos estábamos concursando
para entrar a la UAM Xochimilco, allá por el 2013, me decía que yo era la maga,
entonces me interese por saber con quién fregados me comparaban, y ahí comenzó,
de nuevo un librooooooote, entonces lo confronté y lo leí, tenía uno firmado,
una versión del libro que fue blanco con negro que me regaló otro noviecito que
iba en maestría a sus 27 y yo tenía
apenas 19.
Todos esto pasó súper
mega rápido por mi cabeza, y sonreí, mientras recordaba que no todo fue tan
malo en aquel largo viaje. Después, me regresé a la charla, cuando mencionaron
que la obra esconde al autor, y sí, claro que Rayuela es un ejemplo de esto.
Prosiguió a mencionar varias obras como “El coronel no tiene quien le escriba”,
“Crónica de una muerte anunciada”, “el amor en tiempos de colera”, “memoria de
mis putas tristes” y por su puesto “yo sólo vine a hablar por teléfono”, y supe
aquí mencionarlas, porque son títulos que leía al tener que escoger uno para
leer, pero no me dejaban leer esos libros, no sé por qué si mi hermana sólo era
3 años mayor y ella sí los había leído.
En fin, le perdí
el interés al Autor, pues si no me dejaban acercarme a lo mejor era algo que
mis padres, quienes me han visto desarrollarme consideraban que serían para mí
irrelevante.
Hasta que inicié
la universidad, allá por el 2013, era mi segunda licenciatura iniciada pero que
sí concluí. En periodismo tuve una maestra que no recuerdo el nombre porque
realmente la recuerdo, ahora, ya tan mala como la recordaba, su forma estricta
con carácter de escritora en Reforma que nos hacía hacer planillas de palabras
acentuadas con el acento de otro color, con ella, con la que teníamos que
llevar 4 periódicos diferentes al día para trabajar en su clase, con ella fue
con quien tuve a bien saber de primero de Javier Valdez, el nombre no lo
recordaba tan bien, con esta maestra tuve la fortuna, que en ese momento lo
miraba al revés, de hacer muchas actividades, entre ellas leer sobre García
Márquez ya que murió en el interludio de mi licenciatura, pero no fue
significativo pues no lo recuerdo, me gustaría recordarlo.
Y hablaban de que era
como que lo viral, el leer Cien años de soledad, el cual era una obra que se
podría entender mejor si se leían otros ciertos libros para “disfrutarlo”
más. Y me pregunté yo ¿te imaginas que fuera
viral (en mis tiempos se decía poner de moda) leer “¿X” título de libro, y que
cambiara con el tiempo el título viral? Qué loco, y regresé a la charla.
Tocaron una
definición que jamás había escuchado, o quizás sí, en ese momento sentía que me
pasaron muchas cosas de noche en mi licenciatura, pues en ese momento les digo,
estaba interesada en otros temas sin saber que estaba forjando herramientas
para inclusive abordar mejor los temas que me interesaban, en fin, hablaron del
Realismo mágico, que era lo que Márquez hacía, “exagerar” denominan a veces,
que es para “afrontar una dura realidad”, y luego vino una de las respuestas:
Porque es un
clásico de la literatura, y al ser maestras, tenemos que saber sobre cultura en
general, sobre no sólo gramática, o matemáticas, también un poquito de porque
existe lo que existe y también con ello viene la exploración de observar en qué
sociedad estás situada para entender por qué (desde lo colectivo) estos son
clásicos, ya que seremos la proveedoras de herramientas, deje por un instante
de vernos como las simples docentes que hemos tenido, los docentes que estando
aquí queremos superar, y me hierve la sangre y la tristeza de no recordar mucho
de mi licenciatura, yo sé que una desempolvadita nada más, pero ahora que me
intereso, en eso debo trabajar, porque quién sería yo, cuál sería mi ética, si
está primero la de la comunicación, y quiero enseñar mejor de lo que me enseñaron,
más cosas, porque tengo quizás más herramientas…
Después el Maestro
Frías menciono algo que me recordó a un protagonista de Gamboa, Manuel, cuyo
niño terminó formando amistad con su bulling porque descubrió que de esa forma
tendría acceso a libros, de tal manera que le hacía los reportes y tenía como
beneficio leer el libro, con su anécdota del niño que hacía reportes con tal de
leer el libro, y más que martirió era beneficio, yo ahora soy esa estudiante y
entre lágrimas me sentía mal por no haber estado más enfocada, pero ¡hey!, ya
lo hecho está hecho.
Entonces menciono
“lo que reconoces, pero no lo publicas” y me acordé de hace días como quise
leer uno de mis escritos en “La Tinta” de un ex compañero de la San Sebastián y
ya no existe el sitio, ya no existe el escrito, sólo queda en la memoria de
quien lo leyó y a quien se lo leí, algunas personas lo recordarán otras no,
otras menos, pero esto va ligado con mantener vivo en la memoria.
Comentaron sobre
una maestría en su creación literaria, y me acordé del énfasis de la palabra
desde la perspectiva de “Maestría” de Robert Greene, un libro que me marcó en
mis tiempos de joven, y pues sí, maestría es hacer lo que haces y hacerlo bien
y defender la forma y razón de ser del cómo lo haces, porque al final se remite
en un resultado magnífico, un resultado Maestro, sin embargo comentaron que a
la par hay que entender al autor, y obviamente, sino, no tendría sentido nunca
el saber los porqués del autor.
Mantener la
conexión con el autor es indispensable en cualquier lectura, como cuando vas al
museo y no entiendes, pero ni siquiera tomas 5 minutos para leer el Texto
curatorial podrías entender porque diría la chaviza “tienes contexto”, y con
este autor tienes que crear un lazo más profundo porque todos estos universos
se conectan (lo que hablábamos de su maestría), justo mencionaron que “los
libros se hilan, como lo es la vida”.
Y, por último,
comprendí que para hablar de Gabriel García Márquez debes saber de todo y de
nada, como la charla que alguna vez tuve con mi jainito sobre que Los Simpsons
no son caricaturas para niños.
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Saludos!!!