06 de Marzo, Aniversario del natalicio de Gabriel García Márquez"

"Tú, Gabriel García Márquez, fuiste ese viento cálido que mueve las cortinas del idioma y deja entrar el polvo luminoso de lo imposible”


 



CIEN AÑOS TE HAN DE RECORDAR

 

—Celso Gilberto Guzmán Félix

 

Hay hombres que escriben libros, y hay hombres que escriben el clima de un continente. Tú, Gabriel García Márquez, no fuiste sólo un narrador: fuiste estación del año. Fuiste verano perpetuo en la memoria, fuiste tormenta que no destruye, sino que revela. Fuiste ese viento cálido que mueve las cortinas del idioma y deja entrar el polvo luminoso de lo imposible.

Cien años no son tiempo cuando se pronuncian contigo.

Cien años son un latido extendido.

Cien años son una respiración larga del mundo diciendo tu nombre sin saber que lo dice.

Fuiste niño antes que mito.

Y en ese niño ya cabían cien universos diminutos: el rumor de una abuela que hablaba con los muertos como si les sirviera café, el crujido de una casa antigua donde el pasado no se iba nunca, el olor del trópico mezclado con pólvora y mango maduro. De esa mezcla nacieron tus palabras, no como tinta, sino como semillas calientes.

Cien veces escuchaste historias antes de escribir una sola línea.

Cien veces miraste la realidad con sospecha, como quien intuye que debajo del suelo hay otro suelo.

Cien veces comprendiste que el mundo no es lo que parece, sino lo que se recuerda.

Tu pluma no era pluma: era brújula.

Apuntaba hacia el sur del asombro.

Marcaba coordenadas donde lo cotidiano se volvía prodigio.

En tus páginas el amor no era un sentimiento, era una fiebre que podía durar cien años.

La soledad no era ausencia, era un cuarto lleno de ecos familiares.

La muerte no era final, era un visitante puntual que sabía sentarse sin interrumpir la conversación.

Construiste pueblos que respiraban como animales vivos.

Les diste calles que sudaban polvo, casas que guardaban secretos, plazas donde el tiempo se detenía a escuchar su propio tic-tac.

Y aunque algunos crean que esos pueblos no existen, la verdad es que existen más que muchas ciudades reales, porque viven en la memoria de millones.

Cien años te han de recordar porque enseñaste que la realidad no es una cárcel, sino un espejo deformado donde todo puede volverse metáfora.

Porque nos hiciste creer que la lluvia puede durar años y que las flores pueden brotar de la tristeza.

Porque nos mostraste que la exageración no es mentira, sino una forma más sincera de decir la verdad.

Fuiste arquitecto del recuerdo.

Albañil del mito.

Carpintero del tiempo.

Cada frase tuya parecía sencilla, pero dentro llevaba cien capas ocultas: una para el niño que escucha, otra para el adulto que duda, otra para el anciano que recuerda. Tus palabras eran cebollas de luz: al pelarlas, hacían llorar y comprender al mismo tiempo.

Cien veces el amor en tus historias fue imposible.

Cien veces la espera fue más fuerte que la esperanza.

Cien veces el destino fue una broma pesada del universo.

Y aun así, nunca escribiste desde el rencor, sino desde la fascinación.

Mirabas la tragedia como quien observa un eclipse: con miedo, pero también con asombro.

Mirabas la pobreza, la violencia, el abandono, no para adornarlos, sino para convertirlos en conciencia.

Fuiste cronista del alma latinoamericana, pero también del corazón humano.

En tus páginas caben dictadores que creen ser eternos, mujeres que aman más allá del tiempo, hombres que persiguen sueños que se disuelven como humo.

Y en cada uno de ellos late una verdad sencilla: todos estamos hechos de memoria y deseo.

Cien años te han de recordar porque entendiste que escribir es resistir al olvido.

Porque supiste que la historia oficial no siempre cuenta lo que importa, y entonces inventaste otra historia donde lo invisible se vuelve protagonista.

Porque hiciste del idioma un río ancho donde podían navegar los fantasmas y los enamorados.

No fuiste solamente un escritor: fuiste una forma de mirar.

Una manera de sospechar que detrás de cada puerta hay un misterio esperando nombre.

Una invitación a desconfiar de la lógica cuando la magia pide paso.

Cien años pasarán, y alguien abrirá uno de tus libros sin saber que está a punto de cruzar un umbral.

Leerá una frase y sentirá que el mundo se inclina apenas.

Leerá otra y entenderá que la realidad es más grande que sus límites.

Y entonces, sin notarlo, te recordará.

 

Te recordará cuando el amor le parezca interminable.

Te recordará cuando la lluvia le impida distinguir el cielo de la tierra.

Te recordará cuando sienta que la soledad pesa como una herencia.

Cien años te han de recordar porque dejaste sembradas cien constelaciones en la oscuridad del idioma.

Porque tus historias no envejecen: maduran.

Porque tu voz no se apagó: se multiplicó en cada lector que aprendió a mirar el mundo con sospecha poética.

El tiempo intentará desgastarlo todo.

Intentará convertir la memoria en polvo.

Intentará hacer de los nombres simples sonidos.

Pero el tuyo seguirá flotando, como una mariposa obstinada que se niega a desaparecer.

Cien años te han de recordar.

Y si el olvido se atreve a cubrirlo todo, bastará que alguien pronuncie una sola de tus frases para que el mundo vuelva a llenarse de ese calor extraño donde lo imposible respira.

Porque no escribiste para el instante.

Escribiste para la eternidad que cabe en cien años.


Comentarios

Y si el olvido llega... Y si lo que hacemos a nadie importa.... Y si nadie lee lo que escribimos... Y si nadie responde a nuestro llamado. Aun así hemos de continuar. En busca de alguien que lea una línea del Pensamiento Escrito en la soledad... que no será la de Cien Años... Pero lo parece.
Estimado Celso, te felicito. Saludos, Mtro. José Manuel Frías Sarmiento

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