06 de Marzo, Aniversario del Natalicio de Gabriel García Márquez
“Gracias Gabo, por mostrarnos que a esta dura realidad se le puede aderezar con la magia para hacerla más vivible y más placentera”
MIS TRES ENCUENTROS CON GABRIEL GARCÍA
MÁRQUEZ
Por: Adán Lorenzo Apodaca Félix
Cuando
te solicitan que elabores un texto sobre Gabriel García Márquez parece como una
solicitud sin sentido por lo mucho que se ha escrito sobre él, ante esa solicitud,
tu aparato crítico empieza a generar preguntas ¿Cuántas cuartillas se habrán
escrito sobre su obra? ¿Cuántas publicaciones habrá sobre lo escrito por el premio
nobel colombiano? ¿Sobre qué escribir de Gabo? ¿Irá a tener algún impacto lo
escrito sobre Gabriel García Márquez? ¿Les interesará a las generaciones nuevas
la obra de Gabriel García Márquez? Ésas y otras interrogantes surgen en la
representación ante tal solicitud, y como una vez lo expresó García Márquez, aquí
estamos ante el terror que genera la página en blanco en la que a veces no se
sabe nada sobre lo que se debe escribir. Pero aquí estamos, tratando de generar
un texto con alguna aportación que pueda resultar interesante.
La
tarea se torna más dificultosa, porque en principio, no soy un profesor de literatura,
y se debe reconocer que estos profesionales del lenguaje escrito y hablado, por
supuesto que tienen más referentes explicativos sobre la obra de Gabriel García
Márquez, muchos más que los que tiene quien pretende ser un profesor de
ciencias, tal como es el caso. Pero
estamos asumiendo el reto que implica aumentarle más a la obra “garciamarquiana”,
como sostiene el maestro José Manuel Frías Sarmiento. La tarea es compleja
porque en la revisión sobre la obra de Gabo, son notables los escritores que
han vertido sus ideas sobre él, entre ellos Mario Vargas Llosa, Plinio Apuleyo
Mendoza, Carlos Fuentes y Juan García Ponce.
Pero
siento que me estoy desviando del propósito principal de este escrito, como
dice mi admirado y leído Armando Fuentes Aguirre “Catón”, empiezo pues explicando
uno de los tres encuentros con Gabriel García Márquez, narro como lo conocí sin
conocerlo.
En las tres
últimas décadas del siglo pasado, todo mundo hablaba de “Cien años de soledad”,
en las plazas, en los camiones, en los aeropuertos, en los pasillos
universitarios, en los cafés, en las tertulias, por supuesto en las clases de
literatura y en las reuniones entre
amigos, la referenciaban como una de las
obras cumbres de la literatura
universal, ésa fue la primera vez que lo conocí, en esos tiempos, la obra
desplazaba al autor, este fenómeno se presenta mucho en la literatura, “La
metamorfosis” oculta el nombre de Franz Kafka; “Rayuela” casi borra a Cortázar;
Neruda es más conocido por “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”; “Crimen
y castigo” esconde el nombre de Fiodor Dostoyevski; “La montaña Mágica” que difumina a Thomas Mann; “En busca del
tiempo perdido” oculta a Proust; “El retrato de Dorian Gray” que oculta a Oscar Wilde; en suma,
en la literatura universal se presenta este fenómeno que los estudiosos si saben
cómo se llama, fenómeno al que yo como pretenso profesor de ciencias sólo digo
que las obras esconden a los autores. Así fue mi primer encuentro con Gabriel
García Márquez, a través de las
referencias que en muchos espacios se hacían respecto a “Cien años de soledad”.
Mi segundo
encuentro con Gabriel García Márquez fue cuando leí “El coronel no tiene quien
le escriba”, “Crónica de una muerte anunciada”, “Los funerales de la mamá grande”,
“El amor en los tiempos del cólera”, “El general en su laberinto”, “Los doce cuentos
peregrinos”, “El otoño del patriarca”, “Memorias de mis putas tristes”, “La hojarasca”,
“En agosto nos vemos”; hasta el cuento “, “Yo sólo vine a hablar por teléfono”,
esas fueron las referencias a la obra del gran nobel colombiano. Debo decir que
este encuentro fue también amplio al igual que el primero y, a la distancia temporal,
lo puedo catalogar como periférico este encuentro, faltaba algo, faltaba algo,
con lo leído no podía afirmar que conocía a Gabriel García Márquez.
Y mi
tercer encuentro y definitivo con Gabriel García Márquez fue cuando por fin leí
completamente “Cien años de soledad”, tenía sólo referencias parciales de los
gitanos que llegaban a Macondo, de las compañías bananeras, de los confusos Aurelianos
que aparecen dispersos en su obra. A través de la lectura, línea por línea de
“Cien años de soledad”, pude comprender el universo literario que todo autor
posee, las tardes somnolientas y calurosas, el ferrocarril con vagones llenos
de muertos, las compañías bananeras, las flores y los extravagantes personajes
van dando indicios de que se está ante una gran obra, la mayor de todas, dicen algunos
críticos, pasando por sobre La Biblia y el Quijote de Cervantes, que al expresarse
eso, son cosas muy impactantes y desafiantes.
Comprendí
el realismo mágico -según mi particular esquema de comprensión- cuando leí que
en la realidad de Macondo una tarde empezaron a llover flores en vez de agua;
comprendí el realismo mágico cuando el gitano vende imanes a José Arcadio
Buendía, metales que sacan los secretos de la tierra; comprendí el realismo
mágico cuando en Macondo llovieron cuatro años, once meses y dos días seguidos.
Comprendí el realismo mágico cuando veía a una mariposa amarilla y, en la magia
que produce la lectura, la miraba volando tras Mauricio Babilonia a quien
también alcancé a distinguir.
Gracias
Gabo, por mostrarnos que a esta dura realidad se le puede aderezar con la magia
para hacerla más vivible y más placentera. Gracias Gabo, porque magia es lo que
se ocupa en estos momentos en los cuales el mundo está a la deriva como bien diría
Gilles Lipovetsky. Gracias Gabo, porque en tus obras el hombre de las alas
grandes se va del pueblo volando, vuela al igual que Remedios La bella en una
sábana blanca. Ambos personajes vuelan por otro cielo, un cielo mágico,
distinto a este cielo en el que ahora vuelan artefactos destructivos en vez de
la magia de tus obras. Gracias Gabo.

Comentarios
¿Qué habrá cambiado, estimado amigo, Dr. Adán, para que aquellos jóvenes que salíamos de los ranchos para estudiar en la capital de Sinaloa, nos atrajera leer a esos autores y libros que Usted en su relato menciona y que ahora, los jóvenes estudiantes universitarios, ni siquiera hayan oído mencionar? ¿Qué pasó con el mundo intelectual, académico y escolar para que tamaña tragedia haya acontecido y siga sucediendo?
Por eso, aunque a ellos no les interese; por eso, aunque a ellos les enfade y aborrezcan lo que hacemos al leer a los grandes escritores como el Gabo, es que tenemos que seguir aportando un rayito de luz en la oscuridad que nos ciega; aunque, a fin de cuentas, como lo dijera Gastón Bachelard, ‘toda luz proyecta una oscuridad’
Saludos y gracias por aportar en esta cruzada por la lectura.
Su amigo, José Manuel Frías Sarmiento