"Y es que mi mujer parece maga, porque en cuanto hay dinero extra pronto me lo desaparece"
EL VUELO
Alfredo Zañudo Mariscal
Nunca pensé que planear una salida tenía que ser con muchos días de anticipación. Y es que, ya teníamos como 6 u 8 años de no salir fuera del estado de Sinaloa. Por eso, la dueña de mis quincenas cuando apenas iba a iniciar el mes de octubre me dijo: oye dice la Kenia que si vamos a ir durante las vacaciones de navidad ya debemos ir viendo lo de los boletos, porque conforme se acerque la fecha van a estar más caros por ser temporada alta.
Ante esta situación, un servidor reflexionó que ya era necesario salir a desestresarme y dejar atrás la rutina de trabajo que tengo en la Upes. Por lo tanto, no lo pensé mucho y le dije a mi señora: dile que ella se haga cargo de comprar los boletos puesto que ya tiene experiencia en estos menesteres y yo no tengo tiempo de hacerlo. Entonces mi mujer, ni tardo ni perezosa le dijo que investigara.
En la primera semana de octubre Kenia me mandó la primera cotización. Casi me caigo para atrás cuando vi la cantidad: dos boletos de ida y vuelta a México, con una duración aproximada de 8 días, y considerando la tarifa básica tenían un costo de $13276. Enseguida me mandó desglosados conceptos y las cantidades los cuales comprendían la tarifa básica, el TUA de Culiacán, el TUA de la Ciudad de México y el costo de una maleta documentada que no excediera de los 25 kilos.
Entonces le comenté que si no podía encontrar boletos más baratos y me dijo que la siguiente semana, en cuanto saliera de su trabajo iba estar monitoreando la página. Pero, que la línea de Volaris era la más barata y conforme se acercara la fecha de vacaciones iban a estar más caros.
Pues, para no hacerles muy largo el cuento, estimadas lectoras y lectores, en la siguiente semana me envió otra cotización consistente en $13076. y esa fue la aceptada. Entonces le mandé el número de tarjeta para que comprara los boletos y así asegurar el viaje con las fechas de ida y vuelta,
Pues ya asegurado el viaje ahora era mi mujer quien me estuvo recordando, que en cuanto me pagaran la primera parte del aguinaldo era necesario hacer unas compras: por ejemplo, una maleta grande, otra chica y ropa de invierno para no pasar frío allá. Entonces un servidor queriendo economizar un poco y así llevar más dinero para lo que se ofreciera le dije que ya teníamos ese tipo de ropa. Pero ella dijo que no teníamos ropa térmica ni chamarras más gruesas y que también ocupaba unas botas para soportar las inclemencias del tiempo.
Y es que mi mujer parece maga, porque en cuanto hay dinero extra pronto me lo desaparece comprando cosas para la casa, para ella, para los cumpleaños de nietas, nietos hijas e hijos y para mí. Por eso le digo que siempre me quiere hacer su cómplice y que yo no necesito nada.
El caso es que, en cuanto me depositaron la primera parte del aguinaldo de la pensión nos dedicamos a hacer las compras necesarias para irnos preparando para el viaje. Posteriormente, ya para salir de vacaciones, ahora la preocupación de mi señora fue que se estaba acercando la fecha y mi hija no nos había enviado los boletos. Le mandé un mensaje y dijo que tres días antes de la fecha es cuando se hace el check-in y que me enviaría por whatsapp el código QR y los demás datos de la salida. Entonces, mi mujer muy contenta se puso a llenar la maleta grande que se iba a documentar. Nada más le dejó espacio para unas cosas que le iba a llevar y que no podían incluirse en la maleta personal.
El caso es que se llegó la fecha y muy contentos por la tarde nos trasladamos rumbo al aeropuerto de la ciudad de Culiacán, para ello Kenia me estuvo recordando el proceso que debía seguir. Por ejemplo, estar 3 horas antes de la salida para realizar la documentación de la maleta grande. Sin embargo, ésta fue mi preocupación principal. El que la maleta excediera el peso de los 25 kilos. Porque, aparte de la ropa de invierno de ambos, mi señora le metió 2 botellas de salsa guacamaya de un litro cada una, medio kilo de machaca, medio kilo de chilorio, 3 paquetes de tortillas de harina, 2 integrales y uno para hacer buñuelos, además una bolsa de un kilo de mango deshidratado y enchilado, además de 4 tazas de cerámica con unos búhos grabados. Y de pilón llegó mi hijo Tomás con sushi que Kenia le había encargado, porque ella le encargó, argumentando que no había sushi en México que se comparara con el de Culiacán, Nombre, se me estaba olvidando contarles, que también acomodó una bolsa con birria congelada que había quedado de la cena de navidad.
Afortunadamente, como los boxeadores profesionales que suben a la báscula antes de pelear, la maleta dio el peso correcto. Enseguida nos trasladamos a pasar a revisión de la maleta personal y colocarla en una bandeja en la banda y en otra nuestros objetos personales que tuvieran metal. Ya cumplido este compromiso nos dirigimos a la sala de espera y nos sentamos cerca de la puerta uno, por la cual nos trasladaríamos al avión llegado el momento de abordar.
Para entonces ya eran las 6 de la tarde y todavía teníamos que esperar una hora diez minutos antes de hacer cola para pasar al interior de la pista. Entonces mi mujer me dijo que, como íbamos a cenar muy tarde ella requería consumir algo para poder tomar la ración de pastillas que consume a diario. Para ello me solicitó que le comprara aunque sea unas galletas y agua en un negocio de los tantos que hay dentro del aeropuerto y que estaba ubicado cerca de donde estábamos sentados.
Fui, revisé y no había galletas, solo sabritas, chocolates, pinturitas de cajeta, coricos, agua, jugos, pequeños pastelitos y otras cosas para regalos. Me regresé a comentarle lo que había y me dijo que le comprara coricos y un jugo. Ese fue mi primer gasto de la salida: una bolsita con 185 gramos de coricos en $85 y un jugo del valle de manzana de 430 mililitros en $49. Debido al gasto realizado, aún me estoy comiendo poco a poco los coricos que quedaron, saboreando hasta el último mendrugo porque se me hicieron un poco caros.
Llegado el momento para el abordaje hicimos fila y presentamos el código QR para pasar a la pista de aterrizaje. Pensé que del túnel iríamos a pasar directo al avión pero no fue así. Caminamos un buen tramo guiados por un trabajador y antes de subir una joven gritaba que los que tuvieran boletos del 1 al 15 iban a subir por delante y los del 16 al 30 por la parte de atrás.
Una vez que subimos, mientras buscábamos el número de asiento le pregunté a una de las azafatas que si cuántos metros de longitud tenía el avión, y me contestó que no sabía. Entonces a ojo de buen cubero calculé que medía como unos 40 metros de largo.
Enseguida que nos sentamos calculé que había más o menos metro y medio por los tres asientos de ambos lados, más medio metro de pasillo me daban un total de 3.5 metros de ancho del avión. Después calculé la cantidad de pasajeros que íbamos a México. Como el avión tiene 3 asientos a cada lado y cada número corresponde a 6 asientos clasificados con las letras a,b,c,d,f, y g y sobre todo que iba lleno entonces estábamos viajando 180 pasajeros.
Después que despegamos, el vuelo tardó una hora media para llegar y aterrizar en el aeropuerto. Pero todavía esperamos como 20 minutos más para poder bajar. Aquí si caminamos por un túnel, que estaba pegado al ala del avión y que nos llevó directo a la sala del aeropuerto Internacional de la ciudad de México. Entonces caminamos un buen tramo dentro del interior para recoger la maleta documentada.
Después de eso, a la salida del aeropuerto ya nos estaban esperando mi hija Kenia y mi yerno Carlos quienes nos llevaron directo a su casa. Y aquí estamos ahora en la ciudad de México. Disfrutando de esta temporada de invierno, del clima templado y recorriendo varios lugares del centro y admirando esos grandes y majestuosos edificios construidos durante los tiempos de la colonia y del México independiente.
Comentarios
Este desdén literario nos anima para insistir en la necesidad de seguir abriendo espacios al Pensamiento Escrito entre los alumnos, entre los educadores y entre todos aquellos que se sienten un poco o mucho intelectuales.
Te felicito y espero que disfrutes con tu familia las 12 uvas de medianoche.
Un abrazo, tu amigo José Manuel Frías Sarmiento
Un gusto leerlo y le mando muchos saludos!!!
Hasta pronto!!!