“¿Cuánto vas a gastar en esa salida? ¿Qué no te sale más barato comprar el pescado aquí?”
EL BEIBI
Alfredo Zañudo Mariscal
Nunca
me bahía tocado que una esposa llamara a su marido por su apodo. Sucedió en una
de esas salidas que tenemos como válvula de escape para olvidarnos de las
tensiones del trabajo y en la cual nos acompañaron nuestras respectivas
mujeres. Aunque la mía, he de confesar que más lo hizo por acompañar a la otra
doña. Sí, porque mi mujer se irrita cuando algún fin de semana le llego a
decir: mañana me voy a pescar. Luego, luego empieza con una retahíla de
palabras como: ¿qué no tienes que hacer algo en la casa? A mí no me traigas
nada. ¿Cuánto vas a gastar en esa salida? ¿Qué no te sale más barato comprar el
pescado aquí? De seguro van a ir en tu camioneta. ¿Qué no tienen carro también
tus compañeros? A ti te encanta andarte exponiendo. ¿Qué no vez como está la
violencia por aquellos rumbos? Pero yo soy de los que aplico el dicho: más vale
pedir perdón que pedir permiso. Entonces no le hago caso y por la noche junto
los materiales como la caña, anzuelos, plomada, hielera, silla de campo, botas
de hule, termo, parrilla, sartén, cerillos y tenazas. Los otros compañeros
llevan tomates, cebolla, chiles, sal, aceite y refrescos. Y al llegar a
Navolato cooperamos para comprar la carnada. Porque eso sí, a la hora de la
comida, con las especies que hemos capturado primero aseguramos la fritanga,
allá en el monte. Vieran que sabroso sabe el pescado frito recién salido del mar.
Perdón
por desviarme del tema del título de este escrito amables lectoras y lectores,
pero es que me emocioné al comentarles de este hobby que me permite, de vez en
cuando olvidarme de la rutina del trabajo.
El Beibi
creció al amparo de sus abuelitos. De manera que, de niño y adolescente
aprendió a forjarse como hombre en las labores propias del campo. Para ello trabajó
con su abuelo como regador y como chanatero. Y ya que aprendió a manejar fue
chofer y distribuía fertilizantes en los campos agrícolas de las comunidades de
Angostura. Después, cansado de este oficio lo dejó y entró a trabajar en una
congeladora de camarón en Costa Azul, Y fue en este lugar donde, animado por
otros compañeros de trabajo, le nació la motivación para salir a pescar y
obtener ese preciado producto para consumo humano.
El
estar en estos ambientes de trabajo permite conocer gente dedicada al comercio
o a los negocios. Y así al Beibi le llegó la oportunidad de trabajo como
encargado de una acuacultura. Ahí sí que le dieron en la pata de palo, porque,
además de aumentar sus ingresos económicos tuvo la oportunidad de practicar más
seguido el oficio de pescador. Para ello contaba con un chichorro que
atravesaban en el canal de llamada. Lo colocaban por la noche y otro día lo
sacaban lleno de lisas, pargos y robalos los cuales repartía entre él y otros
dos trabajadores.
Con el
paso del tiempo y ya estando casado se salió de su pueblo y emigró a Guamúchil
donde trabajó en una maderería y con el paso de los años llegó a ser el
encargado. Una de sus grandes responsabilidades era recibir, cada determinado
tiempo camiones cargados de madera de pino que traían de los aserraderos de la
sierra de Chihuahua. Fue en este trabajo donde una persona, que apenas conocía
por uno de sus familiares le ofreció traerle un camión cargado de madera a buen
precio, de manera que al patrón y también a él le iban a quedar buenas
ganancias. El Beibi desconfió y le dijo que no cuando el tipo le solicitó un
adelanto para financiar el viaje y pagar la madera. Sin embargo, esta persona
volvió a ir dos veces y le aseguraba que no le iba a quedar mal. Que era un
hecho ese negocio porque tenía buena amistad con el jefe de un aserradero de
Chihuahua y que a más tardar en un mes iba a llegar con la madera. El Beibe ya
no desconfío y le entregó la cantidad de $10000.
Pasó el
mes y la persona no apareció. 15 días después el Beibi fue a buscarlo a la casa
donde habitaba y donde vivía solo. le dijo que hubo un contratiempo en el
aserradero y que no le acompletaron el viaje. Que los esperara otros 15 días. El
Beibi le dijo que no le fuera a quedar mal porque el dinero que le entregó lo
tomó sin consentimiento del patrón y que ya se estaba llegando la hora de
rendirle cuentas. Pasaron los 15 días y el Beibi estaba desesperado porque esta
persona no dio señales de vida. Entonces fue a buscarlo tampoco lo encontró.
Entonces el siguiente fin de semana se fue a su rancho y localizó a un conocido
a quien le apodaban El Chitole. Era un tipo mal encarado, feo, como el actor de
la película Machetes. Era un tontón sin oficio ni beneficio que por unos
cuantos pesos hacía lo que le pedían.
El
Beibi se lo llevó a Guamúchil y después al domicilio de quien le estaba
quedando mal. Le dijo las señas particulares de la persona para que lo ubicara,
al mismo tiempo que le entregó una pistola. Era un revolver calibre 22 que era
de abuelo y ya no servía, pero como estaba entera fácilmente se podía engañar a
cualquier persona que no supiera de armas. Le aclaró que nada más vigilara y
que regresaría por la tarde ya que saliera del trabajo.
Después
de cumplir con su jornada laboral el Beibi regresó a este lugar un poco antes
del oscurecer. El Chitlole le dijo que nadie había entrado ni salido de esa
casa. Entonces el Beibi decidió esperar unas dos o tres horas más, a ver si la
persona que buscaba llegaba a dormir. Y tuvo tanta suerte que ya estaba a punto
de retirarse cuando lo vio llegar. En una acción rápida, antes de que el sujeto
cerrara la puerta entró el Beibi y el Chitole atrás de él. El Beibi luego luego
lo encaró y le dijo que venía por el dinero ya que no había cumplido con el trato.
El tipo le dijo que le iba a cumplir y le puso de pretexto que se descompuso el
camión que había rentado. Entonces el Beibi bien sereno le preguntó: ¿vez a éste
que entró conmigo? Él es el que te va a matar si no me traes la madera o bien
no me regresas el dinero. El Chitole, al escuchar esto rápidamente sacó la
pistola y le apuntó como si fueras a dispararle. El tipo peló tremendos ojotes
y le suplicó que le diera un poco de tiempo, que si le iba a cumplir. El Beibi,
confiado del pánico que había causado en el sujeto la acción del Chitole muy
seguro le dijo: Lo traje para que te conociera. De manera que si en 15 días no
me traes la madera, o bien me regresas el dinero ya sabes lo que te va a pasar
porque él te va estar vigilando. De manera que con la acción realizada el Beibi
respiró tranquilo cuando a la semana siguiente este tipo trácala apareció en la
maderería y le regresó el dinero.
Posteriormente
el Beibi se fue a vivir a Mexicali. Ahí trabajó para un pariente, vendiendo y
entregando camarón a comerciantes de esta ciudad. Pero éste no lo apoyó con el
porcentaje de las ventas o comisión y dejó ese trabajo. Entonces el Beibi
decidió ya no depender de nadie y ser su propio jefe. Para ello se regresó a
Sinaloa, se vino a vivir a Culiacán y aquí tomó un curso de carpintería y se
especializó en la elaboración de cocinas integrales. Este oficio sí que le
redituó económicamente. De esa manera fue como pudo sacar adelante los estudios
profesionales de sus tres hijos
Actualmente el Beibi, a pesar de ya tener
cierta edad, estar pensionado, cobra los 65 y más del Bienestar y sigue
trabajando. La ventaja de su trabajo actual es que nada más presiona un botón y
deja pasar los carros a una institución educativa.
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Comentarios
En todas las casas hay una esposa que le hace recomendaciones al esposo para que haga lo que ella quiere y no lo que a él le agrada. Y en todos los lugares hay personas que como el Beibi confían en los demás; y hay quienes abusan de esa confianza.
En mis tiempos de estudiante de secundaria, en la ETI 23, teníamos un compañero mucho más alto que todos, y por eso caminaba como encorvado, al que le decíamos el Beibi.
Saludos, José Manuel Frías Sarmiento
Y déjeme decirle que también entiendo a la dueña de sus quincenas jajajaja.
Saludos compañero parrandero!!!