“Al ver el próximo accidente que tendríamos, la Marina y yo acabamos más abrazadas que dos novios muy enamorados”
LA MARINA Y YO
Marité Ibarra
En
este relato les hablaré no de la Marina, la guardia que cuida nuestros mares
territoriales y costas, no, sino de una compañera de trabajo que tuve hace
mucho tiempo, la cual su nombre también era Marina.
Marina
era una maestra de apoyo al igual que yo, y estábamos dentro de una misma USAER
(Unidad de Servicios de Apoyo a la Educación Regular), pero ella trabajaba en
la Bandera, una colonia más adelante de donde yo estaba. En frecuentes
ocasiones me la encontraba en la Y griega (Apizaco, Tlaxcala), el punto de
reunión donde los maestros nos agrupábamos para trasladarnos a nuestro destino
y viajar juntos en tráiler, nuestro medio de transporte.
Pedíamos
raite a estos grandes camiones y nos subíamos como hormiguitas, rapidito y de
forma ordenada, al principio fue muy difícil para mí todo esto de pedir rai y
tenerme que subir y bajar de un tráiler, pues no estaba acostumbrada a esos
trotes ni a ese tipo de aventuras, pero con el paso del tiempo, entendí como moverme
en esas aguas desconocidas.
Éramos
alrededor de 11 a 15 docentes los que nos encontráramos en esa Y griega, entre
maestros de educación especial y maestros regulares frente a grupo, todos
jóvenes, entusiastas y temerarios. Al pedir raite, varios tráilers se paraban y
todos corríamos a subirnos, podías viajar con quien fuera, sólo tenías que
subirte rápido. En cada tráiler viajábamos entre 4 o 5 maestros, por eso
coincidíamos regularmente la Marina y yo, además, nuestra directora nos reunía
en variadas ocasiones para darnos información o coordinar trabajo
colectivamente, y así empezamos a convivir de estas formas ella y yo.
Poco
tiempo después me enteré que la Marina hablaba mal de mí, de hecho yo creo que
le caía muy mal, y por eso a veces viajaba en camión para no coincidir conmigo,
pero el transporte en aquellos años era malo, muy tardado y caro, nada seguro
además, peligrosa era la carretera y con un recorrido de más de una hora y
media de ida y otro tanto de venida, dependiendo del tráfico, otra constante
inevitable, por eso optábamos por viajar
de raite, pero la Marina prefería subirse a un tráiler en el que yo no me
subiera, o ya de plano irse en camión y así evitar convivir tanto conmigo.
Yo
era nueva en ese lugar, todo era extraño para mí, incluso los nombres de los
lugares, a veces ni podía pronunciarlos, eso me frustraba mucho, por lo tanto
no ponía atención a esas tonterías o trivialidades que me decían los compañeros
sobre lo mal que le caía a la Marina, yo necesita aprender a sobrevivir sola en
tierras lejanas, aprenderme rutas, caminos, alternativas, mi mente estaba
ocupada en la sobrevivencia y venciendo temores. Tanto las personas como los
lugares era todo novedad y estaba en constante expectativa, por eso ignoré todo
lo de Marina y alejé pensamientos negativos, al final de cuentas a ella le
molestaba mi existencia, pero eso a mí ni me inmutaba, ya que de mi parte no
tenía nada en contra de ella, además yo siempre fui yo, con o sin ella
presente.
Esta
maestra también era una muchacha soltera al igual que yo, pero en mi caso, yo
recibía otro tipo de atenciones, fui privilegiada en mi trabajo, con mis
compañeros, se podría decir que tuve éxito, fui popular en su momento, cosas
que a ella le molestaban, quizá fue así porque venía de otro estado, pero mi sola
presencia le era un fastidio y eso se le notaba en gran manera en su cara
cuando me veía.
Cuando
tenía que convivir con la Marina por cuestiones laborales, siempre renegaba de
todo y se ponía con una actitud pesada, amargada hasta cierto sentido, probablemente
porque estaba ahí, pero yo vivía en otro mundo, así que todas esas conductas y
actitudes en las que ahora reparo, en aquellos años, nunca cobraron importancia
para mí, y aunque no conviví mucho tiempo con ella, sí hubo una ocasión en la
que comparto un recuerdo singular con esa Marina…
Ambas
trabajábamos en el turno vespertino, y hubo un día en el que tuvimos, por
necesidad, por pura necesidad que viajar solas, ¿cómo pasó? No lo sé, sólo
recuerdo que tuvimos que viajar juntas sólo ella y yo.
Esa
tarde hacía más frío de lo normal, y andábamos todas enchamarradas, con gorros
y guantes, estaba oscureciendo rápido, casi no hablábamos, pues con su cara de
pocos amigos y sabiendo ya que le caía mal, pues no me atraía la idea de hablar
con ella. En esa ocasión duramos rato pidiendo rai, cosa rara, porque hasta
había camioneros muy apuntados, los cuales se paraban solos, pero a esos ofrecidos nunca les hicimos caso,
hasta que mejor decidían irse.
Como
no conseguíamos raite pronto, ya comenzábamos a desesperarnos, pero en una de
esas levantadas de mano, se paró un camión, no un tráiler, un camión con caja
grande, con un solo asiento, sin camarote. El chofer era un hombre joven con la
mirada perdida, al parecer estaba bien drogado, (los traileros y los camioneros
consumían una droga para aguantar más tiempo despiertos llamada perico, y
también estaba el peyote, ellos mismos nos lo decían abiertamente).
Algo
que recuerdo muy bien es que ese chofer traía una música estridente, con alto
volumen y al abrir la puerta del camión, Marina y yo vimos el estado del amigo
camionero, pero al ver que se estaba haciendo tarde, ya casi era de noche,
estábamos en una parada peligrosa para las mujeres, nos encontrábamos solas y
con mucho frío, pues no nos quedó de otra más que subirnos con desconfianza,
aun así le agradecimos al chofer que nos levantara de ese lugar.
Inmediatamente
después, tratamos de hacerle plática, pero él no nos siguió el rollo, continuó
manejando sin parar, sólo nos dijo que tenía como tres días sin dormir y que
iba atrasado con su encargo, así que iba muy rápido, después de eso ya no dijo
nada, aunque le preguntáramos, a la desagradable música rara que llevaba nunca
le bajó y fue imposible seguir conversando.
Cuando
el amigo agarró bien la carretera comenzó a acelerar y agarrar las curvas como
nada era una carretera de sólo dos carriles, uno de ida y otro de venida,
aparte con muchas curvas, con demasiado tráfico pesado. Era una carretera
oscura y con bastantes cruces (señales de frecuentes muertes), y éste camionero
iba con todo, con tal de llegar a su destino lo más pronto posible. La Marina y
yo comenzamos a ponernos más nerviosas de lo que ya íbamos, nos veíamos a los
ojos serias y pensativas. En ese momento el coraje infundado de ella hacia mí que
traía arrastrando, pronto se esfumó, porque con la mirada nos decíamos que
teníamos miedo de morir en esa carretera, en ese camión de mala muerte y con
ese amigo loco.
En
un tramo, nuestro chofer comenzó a acelerar como demente y a rebasar, aun
cuando no se podía hacerlo de manera segura, así que rápido se encontró con un
tráiler que venía en el carril en el que íbamos, pero la realidad era que
nosotros estábamos invadiendo el de él. Al ver que no regresaba a su debido
carril este chofer nuestro, empezamos a inquietarnos demasiado, a agarrarnos de
donde pudiéramos, a decirle al amigo que tomara el carril correcto, pero con
esa música, nuestras voces ni se escuchaban. Al ver lo que estaba sucediendo,
éste hombre aceleró aún más, el tráiler y el camión estaban en el mismo carril
directo a impactarse el uno con el otro. La música que no paraba de sonar, la oscuridad de la noche que ya nos había
alcanzado, y al ver el inminente destino que tendríamos, comenzamos a lamentar
la decisión de habernos subido a ese camión.
Cada
vez se acercaban más y más ambas máquinas poderosas, ya era un duelo de
titanes, de dos grandes camiones destinados a enfrentarse. Al ver el próximo
accidente que tendríamos, la Marina y yo acabamos más abrazadas que dos novios
muy enamorados, terminamos cachete con cachete, los ojos cerrados, listas para
accidentarnos y esperando lo peor, sólo escuchamos un zangoloteo y un rechinido
de llantas ¿qué había pasado? Cuando calculamos la velocidad y tiempo que nos
quedaba y al no sentir nada más, pronto abrimos los ojos y el chofer sin
mostrar ninguna emoción, ahora tomó su carril, nos dimos cuenta de que había
sacado al otro de la carretera, el tráiler mejor maniobró y se salió del camino
al ver que este loco con el que viajábamos estaba decidido a no quitarse, logró
salirse de la carretera con éxito, es decir sin sufrir daños él y el tráiler,
bueno eso siempre he creído yo.
Cuando
la Marina y yo reaccionamos y nos dimos cuenta que estábamos bien abrazaditas,
de inmediato nos separamos y pusimos cara de ¡quita tu asqueroso cuerpo del
mío! Entonces decidimos bajarnos del camión en cuanto pudimos, aunque no
llegáramos a nuestro destino, realmente ya no recuerdo cómo llegué a la casa de
mis tíos en esa noche.
A
la Marina ya no la recuerdo más después de ese incidente, se quedó varada en las lagunas de mis débiles
memorias, pero a pesar de eso, aun puedo vivir ese momento tan excitante y
lleno de adrenalina, estar cerca del peligro y ser consciente de ello, no es para
menos.
Hace
poco regresé a ese pueblito que me recibió con mi plaza de maestra. Después de
18 años, volví a donde recién trabajé, a ese pintoresco lugar, me faltó tiempo
para recorrerlo más. Sigue siendo igual de frío, pero me di cuenta que la
carretera ya es otra, está mucho mejor, está más segura, también hay más
trasporte urbano, aun así lo que uno vive no se olvida fácilmente.
De
repente se pasean por mi mente personas con las que conviví en el pasado,
aunque haya sido por poco tiempo, y una de esas es la Marina, como nos
referíamos a ella los compañeros de
trabajo. Me pregunto si ya olvidó lo
fuerte que me abrazó ese día, cuando yo le caía bastante mal, de seguro pasó
por un desagradable momento como yo en esa ocasión, pero esa fue aventura que
juntas compartimos…

Comentarios
Saludos a la bella comunidad lectora!!!
Usted como maestro me entiende y comprende este tipo de experiencias vividas cuando uno es maestro y le dan su plaza lejos.
Son cosas que uno atesora y las guarda en el corazón, de las cuales uno aprende mucho también.
Le mando un gran saludo en este mes que casi caduca!!!
Muchas gracias por leer y comentar amigo Gilberto.
Saludosssss