“Los pequeños detalles, como caminar por la playa, beber agua, dormir con mamá, jugar con los hermanos, ver a los amigos, cocinar, incluso correr, son momentos que debemos apreciar”






 

LOS PEQUEÑOS DETALLES DE LA VIDA

 

Carolina Isabel Velázquez Miranda

 

Todo se remonta al 22 de junio del año 2023, cuando un borracho se impactó con nuestro razer, a una velocidad de 160 km/h, suena increíble cuando lo escuchamos, pero sí, ese día, a las 7:00 pm, tuvimos el accidente que privó de la vida a quien iba al volante, los otros dos pasajeros, que iban en la parte de atrás, sobrevivieron sin lesiones graves, los más afectados fuimos el piloto y yo, que como copiloto recibí el impacto igual de fuerte.

Tal vez muchas de las cosas que cuente en este breve relato; serán cosas que he ido hilando con el paso del tiempo, ya que perdí la conciencia y no recuerdo cómo es que salí del vehículo, quién me ayudó, a dónde fuimos ¿Qué Pasó? En realidad, nunca lo sabré o, tal vez, sí. éstas eran preguntas que me hacía después de ese 22, el día que cambió mi vida por completo, el día que mis tías tuvieron que avisarles a mis papás que vinieran del rancho porque algo malo había pasado. Esa primera noche, todos llegaron, conmovidos por la situación, preguntaban cuál era mi estado de salud, algo que casi nadie sabía, ya que el primer diagnóstico que le dieron a mi tía (con quien en ese entonces me quedaba), fue que sólo coserían la abertura en mi frente y que en la madrugada podría estar en casa, pero ese diagnóstico no se quedó ahí.

Al revisar los doctores encontraron más anomalías que a simple vista no podían ser observadas, esto se vio reflejado en las 2 intervenciones que tuvieron que hacerme. Les explicaré un poco: abrieron mi panza dos veces, la primera para hacer la extracción del bazo, ya que éste había quedado complemente destrozado por la forma en la que el cinturón de seguridad apretó mi panza e impidió que me saliera de la unidad.

La segunda intervención se debió a que, en esa primera cirugía, los doctores no se percataron de que mi hígado presentaba una pequeña perforación, lo cual hacía que una de las 4 mangueras, que llevaba conectadas a la panza derramara un líquido de color amarillo verdoso que es producido por el hígado y almacenado en la vesícula biliar (bilis). En otras palabras, tuvieron que volver a intervenir para revisar qué estaba pasando allí dentro.

Todos en suspenso, en oración y sobre todo con fe. Llegó el día en que el médico ordenó mi alta, después de 8 días. Yo creí que ya había pasado lo peor, pero nadie nos cuenta que lo peor de estar hospitalizado por un accidente de esa magnitud es la recuperación, es ir a casa con esas 27 grapas en la panza, esas 4 mangueras que debía llevar cargando, el sin fin de medicamentos que debía tomar, la dieta que debía llevar y lo difícil que era dormir.

12 días después de salir de la clínica, acudí a mi operación número 4, donde iban a ponerme una placa en mi clavícula, ya que el mismo cinturón de seguridad, había partido el hueso en 2 pedazos. Esa cirugía fue breve, desperté, en un par de horas fui a casa y en mi mente el proceso estaba “cerrado”. Traté de que los días fueran “normales” de seguir viendo a mis amigos, regresar a la escuela, pero había algo aún que no permitía que mi salud física fuera 100% buena. Al caminar no podía hacerlo recto, mi cintura estaba de lado, dolía ponerme derecha, dolía al caminar, dolía al dormir, dolía al bañarme, dolía al manejar, dolía al ir a la escuela, dolía a cada momento.

El 04 de agosto de ese mismo año, 2023, un familiar sugirió que fuera al doctor, porque, aunque ya había tenido 10 sesiones de terapia para resolver el problema, nada funcionaba. Y adivinen qué, un nuevo diagnóstico, sí, necesitaba una operación más, esa operación era para poner una placa en mi columna vertebral, tratar de corregir mi postura y pudiera por fin hacer mi vida normal. De eso no puedo darles tanto contexto porque ni yo sé, estaba desesperada por salir de eso, porque no doliera nada al caminar, por poder pasar una noche tranquila, en paz.

Pero fue entonces cuando llegaron los verdaderos problemas, porque cabe mencionar que ya era septiembre, habían pasado 3 meses desde el junio 22. Las angustias y la incertidumbre de saber qué iba a pasar, donde sería la operación, cómo sería y si en realidad iba a ser posible, ya que mis papás después de tanto gastar no contaban con recursos suficientes para cubrir los gastos que esta última operación conllevaba. Al final de cuentas, cuando algunas puertas se cerraban, otras se abrían y así fue posible mi cirugía número 5.

El doctor, antes de entrar a quirófano me aseguró que al día siguiente todos los dolores iban a desaparecer y así fue, increíble pero cierto porque, debo confesarles que no tenía miedo, había sido dormida varias veces anteriores, lo que me hacía pensar que esta vez no tendría por qué salir algo mal y que ese sueño que tuve en mi segunda operación, donde veía una luz blanca al final de la pradera, sólo había sido una luz de esperanza.

Al despertar, el doctor me puso una faja, que ayudaría a mantener estable mi columna, así como cubrir las 12 grapas que llevaba en mi espalda, creo que es la cirugía de la cual tengo más recuerdos, ya que en las demás mi conciencia estaba perdida, mi cerebro entró en un estado llamado amnesia disociativa, es una respuesta del cerebro ante un trauma, es un mecanismo de defensa para proteger a la persona del dolor, estará bien o mal, pero yo simplemente no recuerdo mucho.

Aunque he querido ser breve, los detalles salen y salen, creo que podría escribir toda la noche, si incluyese cada detalle, cada persona y cada lugar que hizo posible que llegara hasta donde estoy, obviamente los doctores llevan mucho crédito en este proceso. Lo que es importante contarles es cómo fui resiliente, cómo mi cuerpo, mi cerebro y mi ser, superaron este proceso, porque, aunque haya costado noches llenas de súplicas, de preguntas, de llanto y muchas, muchas ganas de querer renunciar, siempre había un destello de luz, una persona que me motivaba, que creía en mí y que al igual que yo, sólo querían ver regresar a la Carito de siempre.

Aprendí que el amor de la familia es tan grande y extenso, que una galaxia entera se queda corta y también que los procesos se respetan, los duelos se viven , los cambios se abrazan y que los pequeños detalles, como caminar por la playa, beber agua, dormir con mamá, jugar con los hermanos, ver a los amigos, cocinar, incluso correr, son momentos que debemos apreciar, que debemos dejar de quejarnos si un día no todo sale cómo teníamos planeado, la vida cambia en segundos”, agradezcamos por el hoy, agradezcamos por simplemente existir. Seamos resilientes y aceptemos la vida tal y como es.

Con gran afecto y mucho sentimiento, me despido de ustedes, tal vez serán un par de personas quienes leerán esto, pero, déjenme decirles, fue un placer haberles contado mi relato.


Comentarios

Hannia Vázquez dijo…
Caro siempre voy a admirar lo resiliente que eres pues nunca te diste por vencida a pesar de las adversidades, de verdad que eres un ejemplo a seguir, tqm amiga y sigue escribiendo porque lo haces muy bien :)
Marité Ibarra dijo…
Carolina este relato tuyo es muy conmovedor, describes bien las situaciones que se dieron y aportas solo los detalles necesarios.
Es una situación difícil,, no es cualquier cosa vivir eso y contarlo. Pero el tienpo hace su genrosa parte, ver las cosas más objetivamente y poder compartirlo con los demás.
Te mando un gran saludo!!

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