“Como la criatura, a veces he buscado un espejo. Una mirada que me diga: “Sí, estás aquí. Existes, Importas”
HECHA DE RETAZOS
Clara Alicia
Aguiar Bátiz
Hoy vi la nueva película de Guillermo del Toro sobre Frankenstein, y algo me tocó tan profundamente que todavía siento un eco que vibra en mi pecho. No fue el horror, ni la violencia, ni siquiera la historia de terror que todos conocemos. Fue él. La criatura.
Me vi en él. No en su rostro, no en su fuerza, no en lo
que el mundo llama “monstruoso”. Me vi en lo que estaba hecho de retazos. Cada
fragmento de él parecía hablar de un origen distinto, de un pedazo de historia
que no eligió, de memorias que lo perseguían y pedían encajar, pedían sentido,
pedían ser comprendidas. Y yo… yo también me he sentido así.
Hecha de retazos de experiencias dolorosas, de momentos que me quebraron, de recuerdos que me lastimaron, de otros que me enseñaron, de algunos que me ayudaron a seguir, pero todos fragmentos sueltos que a veces no parecían encajar, que a veces parecía que nunca podrían formar un todo.
Como la criatura, a veces he buscado un espejo. Una mirada que me diga: “Sí, estás aquí. Existes, Importas.” Una mirada que me confirme quién soy, que me permita integrarme en este mundo que a veces se siente demasiado grande, demasiado ajeno. Y muchas veces sentí que esa mirada no llegaba, que nadie veía la totalidad, que solo miraban la superficie y juzgaban lo que no entendían. Y en ese vacío comprendí que nuestra humanidad muchas veces es invisible hasta para quienes más creemos que nos conocen.
Lo que me dejó la película es más que una historia: es una lección. No es sobre ser perfecta, ni sobre ser aceptada por todos. Es sobre encontrarme a mi misma. Sobre mirarse a los ojos y decir: “Sí, estoy hecha de retazos, pero soy yo. Y soy suficiente.” Cada cicatriz, cada memoria, cada fragmento que creí perdido, forma parte de la textura de mi vida. Cada trozo que parecía inútil, roto, imperfecto… es lo que me hace única.
Y también me hizo pensar en Victor. Víctor busca dar sentido, controlar, crear, llenar un vacío que no logra entender. Me recordó que, como él, todos intentamos dar sentido a nuestra existencia, a nuestro caos interno, a nuestros miedos. La diferencia está en que la verdadera creación no es lo que otros ven: es cómo nos recomponemos, cómo nos integramos, cómo nos sostenemos a nosotros mismos. Es aprender a darnos amor, reconocimiento, permiso para existir y para mostrarnos, incluso cuando sentimos que somos pedazos que nunca encajarán del todo.
Guillermo del Toro transforma la literatura de Mary Shelley en imágenes que atraviesan, que respiran, que laten. Es arte que no solo se ve, sino que se siente en el cuerpo, que se escucha en el corazón. Nos recuerda que la narrativa no necesita solo palabras; necesita emoción, respiración, contacto. Y me hizo darme cuenta de que mis fragmentos, mis retazos, mis cicatrices… también pueden ser arte. Pueden ser historia viva, enseñanzas silenciosas, memorias que, unidas, forman un relato que tiene sentido y belleza.
Al final, todos somos un poco como él. Buscamos un lugar en el mundo. Buscamos un amor que nos integre, un espejo que nos confirme que existimos. Buscamos reconstruirnos, recomponernos, reconciliarnos con cada parte de nosotros que alguna vez dolió, con cada fragmento que creímos perder. Y eso, pensé mientras la película terminaba, es lo más humano que hay: aprender a mirar nuestros propios retazos y decirnos, con ternura y firmeza, que somos completos así, aunque estemos hechos de pedazos.

Comentarios
Fíjate Clara que todos estamos remendados, todos hemos sido lastimados o cortados, nosotros a su vez también hemos lastimado o cortado a alguien más, quizá sin darnos cuenta. Yo creo que el director de la película eso buscaba precisamente al dirigir esta historia, despertar emociones que tenemos escondidas o a flor de piel.
Haces una bonita reflexión sobre este personaje.
A seguir escribiendo!!!
Saludos grandes!!!
Tienes toda la razón: al final todos somos retazos, partes que han sido cortadas, remendadas y vueltas a unir. Cada uno carga sus propias cicatrices, y aun así seguimos caminando… y también, sin querer, dejamos alguna que otra marca en los demás.
Creo que eso es lo hermoso de estas historias: nos permiten mirarnos por dentro, reconocer lo que aún duele y también lo que ya sanó. Me alegra mucho que mi reflexión haya resonado contigo.
Sigamos escribiendo, compartiendo y tejiendo entre todas estas piezas que somos.
Te mando un abrazo grande y agradecido.
Me encantó cómo resumiste la esencia de lo que quise transmitir: todos somos pedazos, remiendos, recuerdos y esperanzas entretejidos. Es verdad, a veces las costuras se ven, otras veces apenas sentimos el hilo, pero siempre nos mantienen unidos y nos recuerdan que seguimos aquí, vivos, con la posibilidad de reconstruirnos y de soñar de nuevo.
Agradezco mucho que hayas compartido tu mirada sobre el relato. Me inspira seguir escribiendo y explorando estas conexiones humanas que nos hacen tan complejos y, al mismo tiempo, tan frágiles y valiosos.
Un abrazo grande.