02 de Noviembre, Día de Muertos
"Llegó el día, mi primer Día de Muertos. Ahora yo soy el muerto”
MI PRIMER ALTAR EN EL
DÍA DE MUERTOS
Jorge Rayel Victoria
Quirino
Llegó el día, mi primer Día de Muertos. Ahora yo soy el muerto. Camino
contento, ligero, sobre un camino naranja de pétalos de cempasúchil que brillan
en mi camino. El aire huele a incienso de canela, cada paso que doy siento que
me acerco a mi familia y a mi casa. Voy cantando mis canciones favoritas, esas
que siempre retumbaba mi colonia con aquella bocina que compre en Coppel, sé
que mi familia me espera con los brazos abiertos, con velas encendidas iluminando
mi camino.
Y al fin llegué a mi casa. En el altar ahí estoy yo, en una fotografía que
vale cuete, la de mi credencial escolar, sin filtro, con esa cara de mírame,
pero no me hables. Todo se ve bien, pero, ¿Por qué colocaron mandarinas si
nunca me gustaron, en lugar de colocar mis tortillas de harina? veo enchiladas
en lugar de mi machaca, veo cacahuates en lugar de mis chocolates y un vaso de agua de
cebada cuando bien pudo ser una cerveza bien helada.
Casi me dan ganas de tomar la caña del altar que dejaron y usarla para darles
un golpe en la cabeza a cada quien, de la familia, en lugar que estuviera ahí
de adorno mejor hubieran hecho un ponche con ella, con piquete de preferencia.
Entre los objetos, busco mis cosas, ¿Dónde están mis autobuses de colección
en lugar de esa gorra azul? ¿Dónde mi guitarra y por qué hay una jarra?
De la música ya ni hablar, en lugar de unas buenas cumbias sonideras, suena
pura música rancheras. Me río del desastre que había y también me enojé porque
nada de lo que esperaba estaba en mi altar.
La noche estaba culminando las velas se apagan poco a poco, el aroma del
incienso se disuelve y eso significa que la hora de partir ha llegado. Regreso
feliz por haberlos visto, por sentir su amor y en el altar que estaba para
llorarle a ella, en lugar de a mí, también regreso de malas porque no colocaron
nada de mi gusto.
Pero está bien, regresaré a mitades de año y les jalaré los pies, tal vez
así aprenderán a recordarme y colocar mi altar con las cosas que me gusta.

Comentarios
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