15 de Mayo, Día del Maestro
“La vida es tan bonita fuera de la universidad… siempre fuera de la universidad”
EN VÍSPERAS DEL “DÍA DEL MAESTRO”
Samantha Palazuelos
Jueves 7 de mayo.
Hace un hermoso día.
No hay sol. Hay un viento húmedo
que acaricia la piel y los árboles danzan como pocas veces. Un día extraño para
esta ciudad… o quizá, más bien, extraño para mí.
Hace mucho que no me permitía respirar así. Disfrutar así.
Resuenan en mí las palabras de
aquel viejo amigo:
“La vida es tan bonita fuera de
la universidad… siempre fuera de la universidad.”
Y qué cierto suena ahora.
Soy maestra en una universidad
pública y, en estos días, me siento prisionera. Me acostumbré a que la vida
transcurriera dentro, no afuera.
Entre aulas, muros y el bullicio
constante de cientos de jóvenes buscando —quién sabe qué— tal vez el sentido de
la vida, tal vez el suyo propio.
Pero últimamente, todo eso pesa. Asfixia.
Y entonces me pregunto: ¿cuándo sucedió esto? No tengo la respuesta. Lo que
sí sé es que no siempre fue así.
En paralelo, ha comenzado a resonar un eco. Cada vez más fuerte.
Es una promesa que alguna vez me hice. Una de esas que nacen desde un lugar
profundo, leal… casi inquebrantable. Ese mismo eco al que le he declarado la
guerra para que calle. El que guardé hace tiempo en un cajón, en el rincón más
olvidado de mí, con llave… porque escucharlo duele.
Nunca imaginé ser maestra. Como psicóloga en formación, ese no era mi
camino.
Pero el destino —o algo que en su momento quise llamar así— dibujaba otra
ruta.
Estaba por terminar mi especialidad cuando alguien me buscó. Me habló de mi
trayectoria, de mi trabajo con grupos, de mi potencial… y me dijo que
necesitaban a alguien como yo.
Alguien que ayudara a transformar el mundo, con la educación como
estandarte.
Me convenció. Y yo también me convencí.
Creí profundamente que ese era mi lugar.
Así empezó todo. Y durante mucho tiempo, lo fue.
Quizá la energía desbordada de mis veinte años. Las ganas inmensas de
compartir los misterios de la psicología. La promesa —tan viva entonces— de
dejar huella en cada una de esas almas sedientas de comprender, de saber, de
encontrarse.
Hoy se cumplen veinte años de ese inicio.
Y aunque no todo fue siempre así… hoy me descubro habituada a algo
distinto: al vacío. A la indiferencia.
A un sistema educativo estructural, rígido, descuidado… que predica la
libertad de cátedra mientras condiciona el pensamiento y limita la palabra.
Un sistema que privilegia la cantidad sobre la calidad.
Que abandona a sus maestros.
A esos que, aún así, sostienen, transforman, acompañan… y tocan la vida de
otros.
Hoy, también, sueño con otra cara de la vida.
Una que intuyo allá afuera.
Más ligera.
Más bella.
Una vida que existe más allá de los muros de la universidad…y que, me gusta
pensar —quizá con un optimismo que aún resiste—, yo ayudé, en algún momento, a
construir.
Sam
Comentarios
Justo ayer invité a escribir textos sobre esta soledad en la que vivimos Maestros, callando lo que nos provoca pensar en el Sistema Educativo que ayudamos a construir con ese silencio aniquilador de esperanzas, de creatividad y de ganas de hacer las cosas diferentes, sin temor a que se nos cuestione.
Por eso, gracias por impulsar a ver y a decir algo más allá de la Esquinita.
Saludos y Felicitaciones. Mtro. José Manuel Frías Sarmiento