“Fue una emoción muy grande la que sentí ese día. Porque al despedirme del grupo tres alumnos me saludaron de mano”




VOLVÍ A SER PROFESOR

 

Alfredo Zañudo Mariscal

 

Recibo mensajes a través de los grupos de whatsapp todos los días. A veces de alumnas y alumnos, de egresadas de las diferentes licenciaturas que por diversas razones no se han titulado. También a veces de compañeras y compañeros de la Upes que desean obtener información relacionada con las actividades que hace un servidor. Asimismo, de vez en cuando de mis jefas que tengo en la Upes. Porque han de saber, mis estimados lectores, que no me mando solo ni en la casa, menos en la Upes que tengo dos jefas y un jefe. En este sentido, también no pueden faltar los mensajes familiares. Están los de mis hijas cuando requieren algún apoyo de traslado a x lugar y también los de la dueña de mis quincenas, los cuales son muy clásicos: no se te olvide que debes llegar a tiempo para ir a tal parte, me traes esto o lo otro. O bien hoy no hice comida, me traes comida china o bien ceviche de camarón cocido, o bien un platillo de la cocina Chuyita.

Pero hace poco tiempo recibí otro tipo de mensaje en el cual mi compañera y apreciable amiga de hace muchos años en la Upes, quien también es Supervisora estatal de primaria, la Dra. Bárbara, me preguntó que si era un experto en culturas indígenas porque una de sus maestras de 5º grado de una escuela a su cargo le pidió apoyo para que fuera un maestro a su grupo a dar una plática con los niños, y el primero que se le vino a la mente fue el nombre de un servidor.

Le contesté el mensaje diciéndole que no era un experto, pero que, si tenía cierto conocimiento sobre algunas culturas indígenas y que, por lo tanto, también era necesario saber si se refería a culturas indígenas de carácter estatal o bien nacional.

Me contestó que le iba a dar mi número de celular a la maestra Dulce, para que me diera los detalles de esa clase de historia, porque las niñas y niños de su grupo iba a participar en un proyecto sobre las culturas indígenas y que, si podía apoyarla mañana o a más tardar pasado, asistiendo a esa escuela me lo iba a agradecer mucho.

Le comenté que era algo apresurado, pero que, sabiendo ya de manera específica lo que iba a tratar en este tema con gusto le ayudaría. Otro día recibí el mensaje de la maestra Dulce donde me explicaba las características de lo que deseaba que los niños aprendieran de esta clase de historia sobre culturas indígenas. Por ejemplo, el tipo alimentación, su cultura, educación entre otros. Además, que si podía acompañarlos ese día jueves porque el día siguiente tenían un evento de Cuenta cuentos y no iban asistir todos los niños del grupo. Y que también ella podía apoyarme si requería de algún material a través de la computadora y el cañón instalado en el aula.

En este sentido le solicité que me podía apoyar con una imagen de la pirámide del sol, como referentes de la cultura Teotihuacana. También otra de los restos del templo mayor de los Mexicas o aztecas que se ubicaron en el centro de la ciudad de México. También otras imágenes de la cultura maya y de una foto de un jugador de hulama. Mientras tanto, un servidor anotó en un archivo de Word un poco de información de la cultura teotihuacana, de los mayas y de los mexicas o aztecas y enseguida me fui a mi casa por un poco de material de historia relacionado con las tribus indígenas de Sinaloa.

Al llegar al salón de clases, después de saludar a la maestra y a los niños, ella me presentó al grupo y les dijo que prestaran mucha atención a lo que les iba a comentar. Le solicité que pusiera la foto de la pirámide de Teotihuacan y enseguida les pregunté fue ¿algunos de ustedes han ido a México? Un niño levanto la mano a dijo: yo sí y fuimos a conocer esa pirámide. ¿También les pregunté saben cómo se llama? ¿Y cuántos metros mide de alto? Algunos niños rápido empezaron a adivinar: 20, 40 60 80 y hasta 100 metros comentaron.

Les dije que la pirámide del sol la construyó una cultura indígena muy antigua llamada teotihuacanos y que también hay otra más pequeña llamada pirámide de la luna. Enseguida les pregunté ¿Saben qué comían los habitantes de Teotihuacán? ¿Qué juegos jugaban? ¿qué dios adoraban? Dos o tres niños empezaron a hablar al mismo tiempo para dar respuesta esos cuestionamientos. Entonces les comenté que así no podíamos escucharnos, que mejor levantaran su mano quienes deseaban participar. Esa situación sirvió para poner un poco de orden en la clase.

 Enseguida le solicité a la maestra proyectara el texto en Word, de un máximo de 10 renglones en el que se contaban características de la cultura teotihuacana. Un niño rápido gritó -yo lo leo yo lo leo. Le comenté que lo hicieran y la maestra también les solicitó que anotaran en su libreta esa información.      

Después se les presentaron pirámides e imágenes de los dioses mayas, así como un calendario   y se les explicó un poco de esta cultura indígena relacionado con el conocimiento que habían desarrollado en el arte, la arquitectura, las matemáticas y la astronomía. Así como los alimentos básicos que consumían.

Después pasamos a la explicación de la cultura mexica o aztecas. Para ello vieron fotos de los restos del templo mayor. Entonces les solicité que si traían alguna moneda vieran las imágenes de ésta. Una niña dijo: traían un águila y un número. Muy bien le comenté. ¿Sabían ustedes que el dios llamado Huitzilopochtli guio a esta cultura indígena al valle de México? Y que donde encontraran un águila parada sobre un nopal devorando una serpiente ahí fundaran su ciudad.

 Enseguida les pregunté ¿Sabían que esta cultura tenía dos escuelas? Una se llamaba el Calmécac y otra el Tepochcalli. La maestra Dulce aprovechó estos comentarios para decirles: tomen nota de la información que les está brindando el Profesor Alfredo     

 Se quedaron asombrados cuando les expliqué que toda la ciudad de México en tiempos de la cultura mexica estaba rodeada por agua, que la transitaban por canoas y que existía un tianguis grandísimo donde intercambiaban alimentos como maíz, chile frijol, calabaza y cacao. Enseguida la maestra Dulce proyectó imágenes de su vestimenta y de las danzas de los indígenas, así como de sus dioses. Al mismo tiempo un servidor los cuestionaba a los alumnos para que comentaran sobre éstas.      

Enseguida se les puso la imagen de un jugador de hulama y les pregunté si sabían por qué estaba vestido así y qué representaba esta persona. Un niño muy emocionado levantó la mano y dijo: yo vi esa estatua cuando fuimos a desayunar al Quelite, parece que está jugando con una pelota. En efecto le contesté, pero no es una pelota cualquiera, es de un material llamado caucho, o bien de cuero de res y es pesada; se juega golpeando la pelota con el antebrazo, o bien con la rodilla en una cancha de tierra también llamado taste que es muy angosta, pues mide 4 metros de ancho y 50 de largo. Pero está dividida la mitad por una línea horizontal llamad analco y es un juego muy antiguo que jugaban varias culturas indígenas.   

Después les pregunté sobre cuáles culturas indígenas de Sinaloa conocían. Algunos niños comentaron de los Guasaves, los Acaxes y los Tahues. Entonces les comenté que existieron tres grandes grupos indígenas en Sinaloa; Los Cahitas en el norte, los Tahues en el centro y los Totorames en el sur de Sinaloa. También aproveché este momento para que me comentaran sobre su alimentación, vestimenta y las actividades que realizaban. Durante sus participaciones observé, con agrado, que tenían cierto conocimiento sobre las culturas indígenas de Sinaloa, porque ya habían investigado en diversas fuentes, debido al proyecto que estaba por culminar y el cual iban a presentar el sábado siguiente.

Para terminar la clase tomé el cartón pequeño con el que entré al grupo. Les dije que iban a tomar y observar el siguiente material y que después debían pasarlo de compañera a compañera o compañeros por filas. Eran un hacha de piedra del tamaño normal, y otro más delgada y larga que le falta pequeña parte de arriba, otra muy pequeñita que parecía fue hecha para un niño o niña indígena y una piedra muy redonda pero que está bien pulida. También observaron unos pedazos de pipas y restos de cerámica de barro que conservan su pintura original, así como una especie de balero porque tiene un hueco por el centro.

Les comenté que esos materiales son vestigios de la cultura indígena de los Tahues y que mucha gente se han encontrado fragmentos de este tipo en las parcelas que se encuentran en las márgenes del Río Culiacán y que hace muchos años un servidor también buscaba este tipo de materiales. Algunos alumnos estaban muy emocionados observando y tentando el material que tardaban en pasarlo a los demás. La maestra Dulce intervino para decirles que lo fueran pasado porque casi era la hora de salida.   

Fue una emoción muy grande la que sentí ese día. Porque al despedirme del grupo tres alumnos me saludaron de mano. También porque después de 25 años de no estar trabajando frente a grupo de primaria, y en una hora de clase, me di cuenta de que si es posible mantener a atención de los alumnos sobre algún tema que se esté socializando con ellos. Por supuesto que depende, en parte, de las habilidades para interactuar con ellos, del material presentado y del conocimiento que se tenga sobre el tema desarrollado.

 

Comentarios

Anónimo dijo…
Estimado maestro Zañudo, es un texto con un valor cultural
incalculable el que genera usted, se debe conocer sobre las culturas que le han dado forma a este gran país, que bueno que accedió a dialogar con los niños. Y me queda claro que el que es buen maestro "en donde quiera canta". Un abrazo con mi afecto incrementado desde Los Mochis.
Marité Ibarra dijo…
Profe Alfredo qué bonito que volvió a ser maestro de nuevo hablando de las culturas antiguas de nuestro país. Se ve que mantuvo al grupo entretenido y con la atención centrada, volvió a surgir de nuevo su maestro interior, y se sintió renovado en un aula.
Que bonita experiencia la de usted
Seguimos en contacto.
Saludos!
.
Muchas gracias por darse un tiempo para leer y comentar este texto, estimado Dr. Adán. Me sentí comprometido con la Dra. Bárbara, para asistir a esa escuela, porque a ella le tengo un gran aprecio. Y pues mentalmente también me tuve que preparar para conversar e interactuar con las niñas y los niños sobre el tema de las culturas indígenas. Y lo bueno fue que se logró el objetivo. Saludos cordiales.
Qué tal mi estimada Marité. En efecto, fue una muy bonita experiencia la que viví ese día. Porque no me quedé esa hora parado frente al pintarrón. Sino que me acercaba a las niñas y a los niños cuando hacían algún comentario o pregunta sobre mis comentarios y de las imágenes que se proyectaron. También me dio mucho gusto ver sus caritas cuando tocaron y revisaron el material que les llevé. En efecto, fue una grata experiencia la cual me hizo recordar mis tiempos de maestro frente a grupo. Saludos afectuosos compañera.

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