“La vida, en cambio / no pide permiso / Mancha, quiebra, erosiona / No busca armonía / pero a veces la encuentra / sin saberlo”


 

 



ANTES DE QUE LA VIDA APRENDA A MIRARSE

 

Ian Báez Palazuelos



Nadie se pone de acuerdo
y quizá por eso el mundo sigue girando.
Si el arte imita a la vida
o si la vida, con un poco de pudor,
aprendió a copiar al arte.

Un trazo sobre el lienzo
precede a la mirada
o es la mirada la que, 
cansada de ver,

decide inventar un trazo.

Un pintor mezcla colores
como quien recuerda una tarde:
no reproduce el cielo,
lo corrige.
No calca la luz,
la persuade.

La vida, en cambio,
no pide permiso.
Mancha, quiebra, erosiona.
No busca armonía
pero a veces la encuentra
sin saberlo.

Entonces alguien toma una fotografía
y encuadra el accidente:
una sombra perfecta en la banqueta,
un rostro que duda,
una grieta en la pared
que parece pensada.

¿Quién hizo esa composición?
¿El azar o el ojo humano
educado por siglos de imágenes?

La escultura entiende mejor el asunto.
Sabe que todo ya estaba ahí.
El mármol no se convierte en cuerpo,
el cuerpo se libera del exceso de piedra.
Así también la vida:
no se crea,
se revela.

Caminar por una ciudad
es recorrer una galería involuntaria.
Ventanas como cuadros,
ruinas como monumentos,
gestos cotidianos
que algún día serán estética.

Una madre inclinándose sobre su hijo,
un anciano esperando el semáforo,
dos desconocidos compartiendo silencio.
Nadie posa,
y sin embargo todo es forma.

El arte llega después,
como quien toma notas.
No para copiar,
sino para comprender.
No para embellecer,
sino para detener el tiempo un instante
y decir:
esto pasó,
esto importó.

Pero la vida aprende rápido.
Mira los museos,
las películas,
los libros.
Ensaya posturas,
repite escenas,
se enamora de sus propias representaciones.

Hay besos que existen
porque alguien los vio antes en una pintura.
Hay tristezas
que solo saben nombrarse
después de un poema.

Tal vez la pregunta esté mal planteada.
Tal vez no hay imitación,
sino diálogo.
Un ir y venir constante
entre lo vivido y lo creado.

El arte afina la mirada.
La vida provee la materia.
Y en medio,
el ser humano,
intentando entender qué es lo bello
mientras lo pierde,
lo captura
o lo transforma en memoria.

Al final,
cuando nadie observa,
la vida sigue siendo arte
sin saberlo,
y el arte,
una forma desesperada
de no dejarla ir.


-Alejo Miraluna, 18 de enero del 2026

 

Comentarios

Marité Ibarra dijo…
Por supuesto caballero Williams, la vida es arte y es bella, divina, exquisita, y el arte nos acompaña siempre y nos la encontramos en cualquier momento, en cualquier lugar.
Interesante tu reflexión compañero. Saludos!!!!
GILBERTO MORENO dijo…
El arte es vida, de ella hacemos arte, es la traducción o el espejo de como interpretamos o percibimos al mundo. Saludos Sir. Ian.

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