“El piano miraba a su dueño partir, la tristeza lo iba consumiendo desde los pies, como el frío avanzaba en su ser”






POESÍA AL PIANO

 

Marité Ibarra

 

Suena a lo lejos un viejo piano, siempre tocan la misma melodía, tristes y melancólicas son las notas de una hermosa sinfonía olvidada, una partitura sin final que clama por su dueña, una joven doncella que partió sin decir adiós.

El piano es tocado sin piedad, hundiendo cada tecla como si el mundo se fuera a esfumar, renunciando a los sueños pasados que una vez se construyeron en el hielo, en la fría nieve de un invierno, en un castillo que lleva dentro un solitario piano, y un anillo tirado en el pasillo, desde el verano pasado.

Ahora el viejo piano es una triste compañía, tocando en la intimidad de cada noche sin estrellas, la más bella melodía que viaja a través del viento, resuena en los ecos de la antigua villa, se queda estacionada en las pocas hojas de los árboles que, sin vida, intentan sobrevivir esta cruda temporada con agonía.

Un afligido pianista sentado, toca en un desgastado piano, llora por desamor, sus lamentos también se escuchan entre el sol, sol, la, la, la, do re mi fa, sol, grita con desespero y decepción, por aquella dama que lo abandonó, ahora se encuentra solo encerrado en su castillo, ella se fue rompiendo el juramento de amor y un compromiso roto dejó, sin sabor.

En la noche más larga de este invierno, ya no se escuchó el piano, hubo un silencio aterrador, las teclas se congelaron, ya no hubo quien las tocara, las partituras quedaron tiradas y tiesas en el opaco jardín, entre letras y amargura fueron regadas y abonadas. Las alfombras cubrieron un cuerpo, un cuerpo moribundo con lágrimas calientes aún, el piano miraba a su dueño partir, la tristeza lo iba consumiendo desde los pies, como el frío avanzaba en su ser.

El piano sin saber qué hacer, despertó a las teclas insensibles por el hielo, y les ordenó tocar una nueva canción, ya no más la triste canción, sino ahora una llena de alegría y esperanza, con un prometedor futuro, una luz brillante en medio de la oscuridad, ¿por qué dejarse morir por una mujer que no lo iba a ser feliz?

¡Despierta! ¡Despierta! Tocaba el piano en esa noche crítica que no parecía tener final, la música hacía crujir el gran castillo, las luces de los candelabros se encendieron de repente, pues era una hermosa canción, un himno a la alegría, aunque fuera fría la estación.

Con la música resonar, el cuerpo inerte del pianista casi muerto, revivió, al ver su castillo iluminado, con el piano tocando fuertemente una nueva canción, el frío se disipó, sólo así el pianista volvió a sus sentidos, y comprendió que su viejo piano se quedaría solo por siempre y no eso no podría suceder, ¿qué culpa tenía él?

Por eso con una fuerte determinación que brilló desde su corazón, acompañó a su piano a tocar la novedosa melodía, cobró ánimo, pues ahora tenía la esperanza de volver a comenzar, porque siempre hay otra puerta que brinda una salida, un camino diferente que transitar, y en compañía de su piano, la vida ya no era solitaria en realidad, algo que no había notado antes. De ahí en adelante el piano y su pianista se volvieron uno solo, le compuso canciones y hermosos poemas, fueron inseparables, hasta el momento en que otra bella dama, conquistó el corazón del pianista…


Comentarios

Ian dijo…
Que bello es el piano, lady Marité, y que bellas las melodías que se tocan a lo largo de tu historia, casi casi se pueden escuchar con saber solamente quien y en qué momento las tocan. Ser pianista te da un aire de elegancia, hay quienes disfrutan tocar largas sinfonías, y otros que se acompañan de este bello instrumento para darle sonido a sus penas, verdaderamente un excelente poema al piano. ¡Saludosn
GILBERTO MORENO dijo…
Amiga Marité, ese piano es la conciencia del hombre. Muchas veces tienes que tocar fondo para poder resurgir. La melodía es la motivación del alma y el pianista es quien decide que tipo de música quiere tocar. Así es la vida, de ti depende el sentido que le quieras dar a tu vida, en inviernos, veranos o primaveras. Con tu poema se me vino a la mente las cuatro estaciones de vivaldi. Recibe un fuerte abrazo amiga. Te leo con afecto sincero. Tu amigo, Gilberto Moreno.
Marité Ibarra dijo…
Joven Ian, la música es tan importante. En lo particular a mi me gustan mucho las orquestas y la música instrumental, el acompañamiento con el piano, como bien dices da distinción y elegancia.
Muchas gracias por leer y comentar este texto en esta linda mañana.
Saludos grandes para ti también!!
Marité Ibarra dijo…
Todos en algún momento de nuestras vidas tocamos fondo, cuando se ve todo perdido probablemente no vemos que hay ciertas salidas y nos sentimos derrotados, pero siempre habrá alguien que nos ofrezca su hombro y nos dé su mano.
Las cuatro estaciones de Vivaldi es una buena canción.
Gracias por leer y comentar amigo Gilberto, un gran amigo parrandero

Entradas más populares de este blog