“Él no parecía un humano, más bien era como un ángel residiendo entre los mortales"




 

EL CASO DE RONI

 

Marité Ibarra

 

Conocí a Roni cuando mi amigo Carlos me lo presentó en una ocasión muy informal; fue coincidencia de hecho. Pero desde el primer apretón de manos, me di cuenta de que Roni era una persona especial y me sentí atraído de cierta manera hacia él.

Roni era un buen tipo. Su personalidad era realmente atrayente; su forma de ser, de hablar, de tratar a las personas, siempre sonriente, siempre alegre, optimista. Me llamaba la atención su forma de expresarse de los demás. Todo el tiempo buscando las cosas positivas, jamás lo escuché hablar mal de alguien, ¡jamás!

Carlos era mi amigo desde hace tiempo, a su vez, Carlos era amigo de Roni desde la secundaria. Y como ya lo mencioné, en una ocasión por cuestiones de compra-venta de carros, lo conocí en una mañana cálida del mes de Abril.

Nunca había conocido a nadie como a él. Bueno su nombre en realidad era Ronald, pero a él no le gustaba, porque le recordaba al payaso de McDonald´s. Ese payaso feo del cual hay leyendas urbanas de terror, por eso siempre decía que su nombre era Roni a secas.

Pasaron algunos meses y Roni, Carlos y yo, comenzamos a coincidir con más frecuencia. Poco a poco entré a su círculo de amistad, y nos hicimos muy buenos amigos, los tres éramos como soles radiantes. Carlos pronto se iba a casar, Roni ya estaba casado desde hacía tres años, y yo tenía una relación formal con Sonia desde hacía dos años.

Pronto comenzamos a reunirnos las tres parejas. Íbamos a todos lados juntos; fiestas, reuniones familiares, idas al cine, a comer y cenar, o simplemente a pasar un buen rato en la casa de alguno de nosotros.

Carlos y Alma, Roni y Eli, y yo con Sonia, juntos nos la pasábamos super bien, pero yo siempre ponía mi atención en Roni. Sin darme cuenta, lo empecé a admirar desde mis adentros.

Él trataba tan bien a Eli, le hablaba con aquella amabilidad, con aquel tacto. Era tierno y cariñoso en público, yo veía a Eli tan enamorada de él, hacían una pareja maravillosa de hecho. Ambos eran muy bien parecidos y se amaban mucho.

Yo mientras tanto, me sorprendía del comportamiento de Roni, nunca pensé que hubiera hombres así. Yo aprendía bastante de él ¡yo quería ser como él! No cabe duda de que era un buen tipo, y ¡yo también quería ser un buen tipo como él! De nobles sentimientos, una buena persona en toda la extensión de la palabra. No ser corajudo, e impaciente como era yo, ni tan egoísta y orgulloso. También quería aprender a amar bien a Sonia como él amaba a Eli.

Él no parecía un humano, más bien era como un ángel residiendo entre los mortales. Su buen comportamiento me sorprendía tanto, quería encontrarle defectos, pero no lograba detectárselos. A veces me molestaba tanta perfección. Así que una vez le pedí dinero prestado a propósito, en realidad ni lo necesitaba, era una cantidad moderada, pero nunca se la pagué. Gastaba en frente de él para que al menos me cobrara o me dijera algo, pero su actitud para conmigo siempre fue la misma, tranquilo y sereno ante situaciones de este tipo. Después me remordió la conciencia de lo que hice, luego solamente me disculpé, aun tenÍa la esperanza de que se enojara, pero eso no sucedió. De todos los soles, él brillaba más que todos.

Como ya era amigo de Roni, comencé a apegarme más a él que a Carlos, así me di cuenta de que era daltónico, él mismo me lo dijo una vez. No podía distinguir ciertos colores, sobre todo el rojo y el verde, veía las cosas con menos intensidad y brillo.

Su daltonismo era un tanto moderado, y Eli siempre estaba con pendiente cuando Roni manejaba tramos largos o desconocidos, ya que anteriormente había tenido incidentes viales por su problema visual.

En una ocasión un hombre se pasó el semáforo y Roni lo siguió, pensando que ya era momento de pasar y así tuvo un accidente. En otro momento no diferenció las señales de tránsito inadvertidas en un retén y le pegó a un carro. Una vez más, no distinguió las luces traseras de un camión y se estampó con él, resultando con un fuerte golpe en la cabeza. Por eso, Eli todo el tiempo andaba inquieta cuando su amado esposo viajaba por cuestiones de trabajo. Además, cuando Eli se iba a casa de sus padres, a cuidar a su mamá, y Roni se quedaba solo por varios días, entonces comenzaba a usar ropa muy descombinada. Cuando lo veíamos así, sabíamos que Eli no estaba, pues ella lo cuidaba en todos los aspectos.

Al poco tiempo, la mamá de Eli enfermó gravemente y Roni frecuentemente se vestía de manera estrafalaria. Todos nos reíamos de sus combinaciones imposibles, sin embargo él era feliz, aún con esa condición. Seguía brillando como un gran sol de verano.

Roni y Eli no eran padres aún, y la ilusión de él era ser papá, eso me lo contaba a mí, ya en un ambiente de más confianza. Como pareja habían empezado la etapa de tratamientos de fertilidad, y él tenía mucha fe de que todo iba a salir bien.

El tiempo seguía su curso, los días transcurrían y yo admiraba más y más a Roni. Él se convirtió para mí en un faro, en una luz que iluminaba mis caminos, me aconsejaba, me enseñaba cosas nuevas, y también me vio llorar cuando Sonia me dejó. Él estuvo ahí para consolarme y también me acompañó cuando mi padre murió, obviamente Carlos también estuvo presente, pero Roni, realmente sabía consolar. Los tres soles seguíamos resplandeciendo a través de las adversidades.

Pero un día, repentinamente Carlos me llamó llorando diciéndome que mi gran faro, mi ejemplo a seguir, el Gran Sol, ¡acababa de fallecer en un accidente de tránsito! Yo quedé estupefacto, inmóvil, no supe lo que pasó después, no recuerdo lo que le dije a Carlos, no supe cómo llegué a la escena, sólo lo vi ahí, inerte y sin vida, su carro destrozado.

Yo estaba enmudecido, trastornado e impactado de ver al que fue mi gran amigo en esa horrible condición. Eli estaba como loca aferrándose al cuerpo de Roni. Cuando pude hablar sólo pregunté qué pasó. Me imaginaba que Roni, por su daltonismo, había causado el accidente y así su propia muerte. Pensé que se había descuidado, que se confundió con las luces en ese crucero, que se fue tras otro carro, pero no fue así. Un sujeto en estado de embriaguez, impactó a Roni de frente cuando no respetó el semáforo. ¡Sentí una gran impotencia al escuchar eso! Y más porque ese tipo resultó con heridas menores. Pero mi gran amigo Roni había muerto, un sol que resplandecía tanto se apagó repentinamente y para siempre.

El funeral fue caótico y sumamente triste. Eli no podía con tanto dolor, y más al enterarse precisamente en esa mañana del incidente, que por fin ¡estaba embarazada! Nunca se lo pudo decir a Roni, eso la entristecía aún más.

Después, yo comencé a acompañar a Eli en todos los trámites que surgieron posteriormente, ya que Carlos se mudó inesperadamente a otra ciudad por motivos de trabajo. Luego comencé a acompañarla a sus citas médicas, estuve al pendiente de su depresión, de que comiera bien, y vi cómo le fue creciendo su barriga. También comencé a ayudarla económicamente.

Ella me habló a mí cuando se sintió mal y era momento del parto. Yo hice todo el papeleo, fui el primero en cargar al bebé, lo alimenté, lo aseé. Cada vez más estaba presente en todas sus necesidades, poco a poco fui obteniendo reconocimiento y un lugar importante en sus vidas. Siempre estaba disponible para ellos. Ahora después de tres años, el pequeño Roni comenzó a decirme papá a mí, y yo amo con locura a ese niño y a su madre.

No sé si me aproveché de los malos momentos de Eli, de su soledad, de su terror por cuidar sola al niño, de no saber qué hacer cuando se le enfermaba, o por el hecho de extrañar tanto a  Roni. A veces lloramos juntos cuando lo recordamos. Sé que ella aún lo ama, que sigue enamorada de él, pero yo me conformo con lo poco que me da. En lo que a mí respecta, me esfuerzo tanto por ser como Roni, un buen esposo para Eli; de hablar como él le hablaba, de tratarla como él lo haría, de conquistarla cada día, pues ella es una mujer fácil de amar, es sencillamente hermosa y encantadora.

Ahora soy el papá del pequeño Roni y eso me reconforta en gran manera. Me encargo de educarlo, de llevarlo a la escuela, de jugar con él, de alimentarlo, de darle mucho amor. Es la viva imagen de su padre, pero cuando él me abraza tiernamente y me dice papá, siento que soy yo el verdadero Roni.                                                                               

 

Comentarios

Marité Ibarra dijo…
Buenas tardes a todos!!! Profe Frías, le agradezco mucho la publicación de mi texto, aunque la mayoría ya está de vacaciones y casi no leen.
Seguimos en marcha, porque es muy gratificante ver mis textos en el Blog!!
Les mando un gran saludo a todos en esta bella tarde!!
Así es, Marité, a muy pocos les importa a Lectura; aunque sean o vayan a ser educadores, apoyar alas actividades lectoras no les parece interesante y dejan de lado los esfuerzos que en pro de ella se hacen a diario, en vacaciones o no.
Saludos y gracias por escribir.
GILBERTO MORENO dijo…
Estimada amiga Marité, ya sabes que me encantan tus relatos, y este tiene ese tinte de telenovela romantica. Al final, de tanto desear ser como su amigo Roni, terminó siendo Roni. tal vez, sin querer queriendo como decía el personaje de el Chavo. Saludos con mucho afecto. Tu a migo, Gilberto Moreno
Marité Ibarra dijo…
Cómo dijo el profe Alfredo en uno de sus texto, qué nunca se apague la antorcha de escribir.
Yo amo hacerlo, lo disfruto mucho, aunque a veces cueste.
Saludos igual!!!
Marité Ibarra dijo…
Querido amigo, a veces queremos ser lo que no podemos ser, así son las cosas en la vida.
Yo conocí a dos personas que eran como Roni; una mujer primero y después un hombre. Realmente me sorprendía su forma de ser, de actuar, de pensar, he aprendido mucho de ellos, pero yo no puedo ser como ellos, al final lo entendí, y como una vez lo escribí: Yo soy Yo, y no puedo ser tú. En estos casos sólo resta admirarlos.
Muchas , muchas gracias por leer y comentar amigo y compañero parrandero.
Seguimos en contacto literario!!!
Qué historia tan emotiva nos brindas en este texto mi estimada Marité. Está impregnada con la práctica de varios valores que se perciben en las acciones de los protagonistas. Al empecé a leer pensé en ese final trágico que podía tener Roni por la situación de enfermedad y también pensé que ese iba a ser el final del texto. Pero me equivoqué y me gustó mucho que este personaje al final pudo personificar a Roni y prácticamente convertirse en él. Saludos cordiales.
Marité Ibarra dijo…
Profe Alfredo, qué gusto saber que le gustó está historia, sí es cierto, es emotiva, pero hay un trasfondo en ella. Tanta admiración a veces no es buena, querer suplantar el lugar de otro, no es sano, ese es el lado oscuro de este texto.
Yo le agradezco mucho su tiempo, compañero Zañudo, sus comentarios son muy valiosos para mí y más en estás vacaciones.
Compañero Alfredo seguimos leyendonos. No se olvide de nosotros!!!
Le mando un fuerte abrazo!!!