“¿De verdad necesitamos dosificar lo que sabemos que alivia el alma? ¿No sería mejor aplicarlo generosamente, tantas veces como sea necesario?”





EL UNGÜENTO


 Samantha Palazuelos


Hace algunos días decidí establecer una rutina de ejercicio. Tengo cuarenta y tantos años, y mis hábitos de cuidado personal no son precisamente los mejores. Tanto así, que por una mala maniobra me torcí el pie. El dolor era insoportable. En cuestión de segundos, el cuadro pasó de grave a trágico: además del dolor, la zona se inflamó y amorató. “¡Dios!”, pensé, “¿ahora cómo alivio esto?”.

Pude incorporarme y caminar con algo de dificultad. Me dolía, sí, pero podía moverlo hacia la derecha, izquierda, arriba, abajo e incluso hacer círculos. También podía apoyarlo. Al llegar a casa, empecé a enviar mensajes, especialmente a personas que sé que han lidiado con torceduras, golpes y contracturas por hacer ejercicio, preguntando cuál era el mejor remedio: algo que redujera la inflamación y el dolor y que, además, fuera fácil de conseguir.

Las respuestas no tardaron en llegar. Para elegir, me basé por dos criterios simples: la frecuencia de la mención y la jerarquía en cuanto a orden. Claro, la opción ganadora resultó ser también la más cara: un ungüento cuyos ingredientes se describían como naturales y con propiedades casi mágicas. “Bueno”, pensé, “si es tan efectivo como dicen y me quita el dolor, vale la pena la inversión”.

Sin demora fui a buscarlo. Ni siquiera esperé a llegar a casa: me senté en el coche, me quité el tenis y la calceta, leí las indicaciones y ahí estaba, en mayúsculas:
“APLIQUE EL PRODUCTO EN LA ZONA AFECTADA GENEROSAMENTE TRES VECES AL DÍA”.
Generosamente… sin escatimar. Hice exactamente lo que indicaba. Y como por arte de magia, empecé a sentir alivio. El dolor cedía y la hinchazón disminuía.

Los seres humanos llegamos al mundo sin un manual de instrucciones. Lo que elegimos hacer o no hacer es parte del aprendizaje: ensayo y error, experiencias, aciertos y equivocaciones. Quitamos o ponemos, reservamos o compartimos. Pero… ¿y si tuviéramos un manual? ¿Y si viniéramos en una caja, con instrucciones claras? No sé si sería mejor o peor, pero de existir ese manual, me gustaría que la primera indicación fuera igual a la de mi ungüento mágico:
"Aplíquese con generosidad, tres veces al día o tantas veces como sea necesario."

¿Y qué se aplicaría con generosidad? La ternura, pienso. Las palabras amables, la empatía, la esperanza, la bondad. Y luego, el compartir. Estoy convencida de que el mundo sería mucho mejor, más humano, más llevadero.

Porque hoy damos a cuentagotas. Medimos todo: el tiempo, las palabras, la comida, el dinero… ¿Dónde queda la generosidad? ¿Está en peligro de extinción? ¿O guardada bajo llave, por miedo a volvernos más vulnerables, más humanos, más necesitados unos de otros? No debería ser así.

Y los abrazos… esos que llegan de pronto, cálidos, con un “te extrañé” o un “me da tanto gusto verte”. ¿Y qué decir de la presencia y el encuentro que dice nada y cura todo?
¿De verdad necesitamos dosificar lo que sabemos que alivia el alma? ¿No sería mejor aplicarlo generosamente, tantas veces como sea necesario?

No sé si mis palabras fueron suficientemente generosas para transmitir el mensaje. Lo cierto es que ese ungüento me dejó una gran lección de vida. Y ahora quiero ser como él.

                                                                                                Sam.

Comentarios

Damos la bienvenida a Samantha al espacio digital de este Blog que alberga el Pensar y el Sentir de todas las personas que le dan una oportunidad a la Cultura Escrita. Así como Samantha, que llega por sus lecturas de los textos del Blog invitamos a todos los demás que nos leen a dar ese pequeño paso y convertirse en escritores, aunque sea marginales y sin reconocimientos, pero escritores de verdad.
El ungüento es un buen ejemplo de cómo se puede iniciar en los senderos literarios a partir de experiencias, de observaciones y de reflexiones personales.
Samantha, te felicito por ese pequeño grande paso que das al unirte a este Colectivo que espera más relatos tuyos.
Pero también esperamos tus comentarios
Saludos y bienvenida. José Manuel Frías Sarmiento
Marité Ibarra dijo…
Buenos días comunidad lectora y escritora!! En esta mañana nos encontramos con una nueva escritora!!! Bienvenida Samantha a este hermoso espacio que tenemos y que valoramos grandemente.
Y felicidades por tan bonito texto que nos regalas hoy!!!
Como dice el maestro Frías, esperamos más textos tuyos y comentarios también, que es un aliciente para todos los escritores. Realmente son muy valoradas las opiniones de los demás.
Disfruta tu estadía en este Blog.
Saludos!!!
Anónimo dijo…
Me siento muy honrada, que bonita bienvenida, gracias!
sam dijo…
Muchas gracias por tan cálida bienvenida! Todas y todos son un gran ejemplo y motivación para mí, para seguir escribiendo.